Me siento ante el portátil para escribir un poco. Tengo
muchas ideas en la cabeza, pero ninguna está perfilada del todo. No obstante,
tengo ganas de escribir, muchísimas, así que lo mejor que puedo hacer es una
radiografía de mi vida actual, de lo que me está sucediendo en éste último
período de tiempo. Y la verdad es que los días que llevo viviendo desde hace un
par de meses los calificaría de “incalificables”. Sí, suena a topicazo, pero es
que lo que llevo viviendo últimamente es insípido a más no poder.
Veréis, ya os conté hace dos entradas que había dejado la
carrera y estaba estudiando de nuevo la Selectividad (siempre la he puesto con
mayúscula, será por el respeto que me supone ésta prueba) porque quiero
intentar entrar en la carrera o carreras que realmente quiero, que son
Periodismo y Magisterio.
El Periodismo me viene desde siempre porque, cuando juego a
algún videojuego de fútbol, siempre lo narro, además de hacer algunos pinitos
en algunas páginas web de corte deportivo. El Magisterio es más reciente y viene de las clases
particulares que doy a diversos niños. Allí he encontrado una manera preciosa
de interactuar con una persona más pequeña, dejando en ella tu huella, y qué
mejor huella que la del conocimiento, porque las cosas que vas aprendiendo a lo
largo de la vida quedan ligadas a quien te las ha enseñado, así que me gustaría
que los niños me recordasen por lo que saben, por la huella que he dejado en
ellos.
Pero para ser sinceros, no está siendo un buen camino, un
camino fácil. Se suponía que al ser solo dos asignaturas de las que me tengo
que examinar, estudiarlas sería más fácil que estudiar seis, parece lógico,
pero la lógica, a veces, no encuentra cabida en las personas.
Y es que el otro día coincidí con mi profesora de
Matemáticas en la ESO, aquella profesora que me enseñó que todo se debe hacer
con orden y limpieza, me comentaba lo que yo hace poco vi por mí mismo. “Javi, eras un vago, pero cuando te ponías en serio, no
había nada ni nadie que te parase”. La primera frase la he escuchado de todos
los profesores que he tenido a lo largo de mi vida, pero la segunda y la
tercera frase son nuevas para mí, o al menos no me he dado cuenta de ellas
hasta hace poco.
El caso es que me chocó lo que dijo mi antigua profesora
porque yo, sea por la razón que sea, soy un chico bastante pesimista, no me
suelo animar con nada y si no es por otras personas, no me lanzo a hacer ni
decir nada. Pues bien, cuando me dijo eso, me paré a pensar. ¿Lo ha dicho por
cumplir o porque realmente lo piensa? ¿Qué pretende decirme con eso? Después de
eso, volví a la biblioteca y seguí estudiando, que los exámenes de Selectividad
son el 5 y 6 de junio y no tengo mucho tiempo.
Y es que antes he dicho que se supone que es más fácil
estudiar dos asignaturas que seis. Exacto, se supone. Yo, aparte de pesimista,
soy bastante confiado, confío en mis posibilidades. Hasta ahí todo perfecto,
está bien confiar en las posibilidades de cada uno, pero lo malo que tengo es
que las posibilidades no están aseguradas al 100%, tampoco al 80% sino que
están incluso, por debajo del 50%. Y es ahí donde he metido la pata siempre que
me he confiado y me he sentido superior y con fuerzas.
Además de eso, existe otra circunstancia por la que no estoy
centrado totalmente en el estudio, pero no me parece apropiado contar mi vida
privada, tampoco es plan. Solo diré que hace casi dos meses, me dejó mi novia.
Llevaba un año y poco junto a ella, muchísimos momentos preciosos y
maravillosos y ahora… no tengo nada. Me pongo a pensar en ella, en cómo estará,
en si se acuerda de mí, y eso me quita mucho tiempo, mi cerebro se larga de
vacaciones y no vuelve en un buen rato, así que supongo que hasta que no pase
un tiempo y poco a poco, todas las heridas vayan cerrándose, todo seguirá ahí.
Así que nada, espero tener las fuerzas necesarias para
aprobar los exámenes que tengo en dos semanas, pues con aprobarlos sería más
que suficiente para entrar en sendas carreras. Supongo que habrá algo que me
ayude a ello, quizá mi abuelo, que se marchó de ésta vida el pasado día 12, se
remangue desde el cielo y me mande toda la energía que necesito para volver a
la senda buena de nuevo y empezar a hacer las cosas medianamente bien.