Mucho madrugar, poco descansar, levantarse rápido, ducharse a toda pastilla, desayunar poco y mal, vestirse deprisa y corriendo y salir de casa pitando. Éste era el día a día de Juan, un joven inteligente y cauto, que vivía a toda prisa, llegando tarde a todos los sitios, con una excusa para cualquier circunstancia contraria a él.
El justo contrario era Ana, una joven que dominaba todos los aspectos que acaecían en su vida. Llegaba siempre puntual a todos los sitios, de cualquier circunstancia adversa veía su lado positivo y trataba siempre de estar perfecta tanto en el vestir como en el maquillarse.
Juan y Ana eran dos amigos que se conocían desde la infancia. Se compenetraban a la perfección. Con una simple mirada, uno podía saber qué le pasaba al otro, en qué estaba pensando o qué quería en ese justo momento.
A ambos les agradaban, prácticamente, las mismas cosas: Ver una película con una bolsa de chucherías, tener una buena conversación con la persona que se prestara para la ocasión o, simplemente, dar largos paseos por el parque más conocido de la ciudad.
En otro de los múltiples paseos que daban, llegaron a una cafetería. Juan miró a Ana.
-¿Entramos? Tengo algo de sed y me gustaría sentarme un rato, que mis pies están cansados-, dijo Ana con esa cara de buena chica que ponía siempre que quería conseguir algo de Juan.
Al entrar en la cafetería, se sentaron en la última y más alejada mesa del local, destinada únicamente a 2 personas.
El camarero tardó un rato en venir para tomarles nota. Mientras tanto, Juan y Ana estuvieron charlando sobre las carreras que podían escoger al hacer la Selectividad.
En el momento que Ana dijo que le encantaría hacer Biología, el camarero se acercó y les dijo:
-Hola chicos, ¿qué queréis tomar?-.
Rápidamente, Juan se desmarcó y habló por los dos:
-Dos “fantas” de naranja, por favor-, dijo educadamente al camarero.
Ana continuó hablando de las ventajas que tenía estudiar biología, mientras Juan la escuchaba atentamente.
El camarero llegó entonces para servir a los jóvenes. 2 “fantas” de naranja y un pequeño platito de patatas fritas.
Fue entonces cuando Juan empezó a meterse, de forma cariñosa, con Ana, diciéndola que no se había peinado bien el pelo, que no conocía la ciudad o que no sabía escribir tan bien como lo hacía él.
De repente, Juan miró a Ana. Vio en esos ojos azules, propios de unos dibujos animados, algo que nunca antes había visto. Ana entonces, vio lo mismo en los verdes ojos de Juan.
Sus respectivos corazones empezaron a palpitar apresuradamente, porque habían captado algo que jamás habían captado: Algo más que una amistad.
Gente, nada más por hoy. Paz y amor.
sábado, 18 de diciembre de 2010
domingo, 5 de diciembre de 2010
Inventos "genuinos".
El Estado del Bienestar se creó con el afán de mejorar la calidad de vida de las personas, aumentando su tiempo libre.
El teléfono móvil e Internet son dos servicios que se crearon para desarrollar una mayor comunicación entre las personas. El teléfono móvil se inventó para que una persona estuviera siempre localizada. Internet fue creado con el objetivo de poder establecer una comunicación con alguna persona geográficamente inaccesible.
No hace muchos años si querías quedar con tus amigos, debías llamarlos a su casa uno por uno, esperando que cogiera el teléfono tu amigo, pero quien terminaba cogiéndolo era su padre, su madre, su abuela o su hermana pequeña. Para ello debías decir quien eras, preguntar qué tal estaba y después, que te hiciera el favor de pasar el teléfono a tu amigo.
Si necesitabas hacer un trabajo grupal para el colegio debías, además de llamarlos uno a uno, con lo que anteriormente he dicho que suponía, quedar una tarde, todos en una casa y hacer el trabajo. Ojo, y no contamos con que alguna persona tuviera fútbol/karate/natación/añadir actividad extraescolar.
Si por ejemplo, te gustaba una chica, rezabas cada día por volver a verla, y, en un heroico acto, conseguir su teléfono para, algún día, si tu ritmo cardíaco descendía algún momento, llamarla por teléfono para intentar quedar con ella.
El inconveniente viene ahora: ¿Qué pasa si eres un tipo híper/mega/súper/añadir superlativo-tímido? No podías decirle nada a cara. No sabrías. No podrías.
No importa. El mundo no se ha acabado por ser tímido. Antes de crearse Internet y el teléfono móvil, muchas personas tímidas, han logrado hablar con la chica que les gustaba, quedar con ella y, fíjate tú, ahora son sus mujeres.
El teléfono móvil nos ha hecho totalmente dependientes. Muchos ejecutivos afirman que sin su teléfono móvil no son nada. Me dan ganas de reírme y de enseñarles vídeos de empresarios de 1950, cuando todos los informes se hacían a mano y las llamadas telefónicas eran una misión imposible.
Los SMS, otro tanto de lo mismo. Por los SMS somos capaces de decir lo que sea a quien sea. Muchas relaciones sentimentales se han fraguado entorno a éste servicio de mensajería. Resulta muy útil en personas extremadamente tímidas, pero, incluso yo, que soy súper tímido lo valoro negativamente, ya que quita una pieza angular de las emociones de las personas.
Por eso, lejos de alcanzar el máximo estatus en el Estado del Bienestar, se ha dado un salto cualitativo, sí, pero hacia atrás. Ahora es todo mucho más fácil (según se mire).
Si vemos a una persona, ya no le pedimos su teléfono. Pedimos su Tuenti, y ahí se entabla conversación. Se habla a un monitor. ¿Dónde quedaron los nervios de hablar en persona? Ahora todos somos muy valientes, eso sí, detrás de una pantalla. Y lo critico incluyéndome porque yo soy el tipo más tímido que te puedas encontrar. Internet ayuda, eso es indiscutible, pero ¿a qué precio? A la pérdida de la esencia mágica del sentimiento más fuerte del mundo: El amor.
Nada más por hoy. Paz y amor.
El teléfono móvil e Internet son dos servicios que se crearon para desarrollar una mayor comunicación entre las personas. El teléfono móvil se inventó para que una persona estuviera siempre localizada. Internet fue creado con el objetivo de poder establecer una comunicación con alguna persona geográficamente inaccesible.
No hace muchos años si querías quedar con tus amigos, debías llamarlos a su casa uno por uno, esperando que cogiera el teléfono tu amigo, pero quien terminaba cogiéndolo era su padre, su madre, su abuela o su hermana pequeña. Para ello debías decir quien eras, preguntar qué tal estaba y después, que te hiciera el favor de pasar el teléfono a tu amigo.
Si necesitabas hacer un trabajo grupal para el colegio debías, además de llamarlos uno a uno, con lo que anteriormente he dicho que suponía, quedar una tarde, todos en una casa y hacer el trabajo. Ojo, y no contamos con que alguna persona tuviera fútbol/karate/natación/añadir actividad extraescolar.
Si por ejemplo, te gustaba una chica, rezabas cada día por volver a verla, y, en un heroico acto, conseguir su teléfono para, algún día, si tu ritmo cardíaco descendía algún momento, llamarla por teléfono para intentar quedar con ella.
El inconveniente viene ahora: ¿Qué pasa si eres un tipo híper/mega/súper/añadir superlativo-tímido? No podías decirle nada a cara. No sabrías. No podrías.
No importa. El mundo no se ha acabado por ser tímido. Antes de crearse Internet y el teléfono móvil, muchas personas tímidas, han logrado hablar con la chica que les gustaba, quedar con ella y, fíjate tú, ahora son sus mujeres.
El teléfono móvil nos ha hecho totalmente dependientes. Muchos ejecutivos afirman que sin su teléfono móvil no son nada. Me dan ganas de reírme y de enseñarles vídeos de empresarios de 1950, cuando todos los informes se hacían a mano y las llamadas telefónicas eran una misión imposible.
Los SMS, otro tanto de lo mismo. Por los SMS somos capaces de decir lo que sea a quien sea. Muchas relaciones sentimentales se han fraguado entorno a éste servicio de mensajería. Resulta muy útil en personas extremadamente tímidas, pero, incluso yo, que soy súper tímido lo valoro negativamente, ya que quita una pieza angular de las emociones de las personas.
Por eso, lejos de alcanzar el máximo estatus en el Estado del Bienestar, se ha dado un salto cualitativo, sí, pero hacia atrás. Ahora es todo mucho más fácil (según se mire).
Si vemos a una persona, ya no le pedimos su teléfono. Pedimos su Tuenti, y ahí se entabla conversación. Se habla a un monitor. ¿Dónde quedaron los nervios de hablar en persona? Ahora todos somos muy valientes, eso sí, detrás de una pantalla. Y lo critico incluyéndome porque yo soy el tipo más tímido que te puedas encontrar. Internet ayuda, eso es indiscutible, pero ¿a qué precio? A la pérdida de la esencia mágica del sentimiento más fuerte del mundo: El amor.
Nada más por hoy. Paz y amor.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Compañeros.
-Cómo me gusta ir a clase-.
Ésas fueron las palabras de Dani, que me contaba con gran detalle cómo, poco a poco, se empezó a enamorar de su compañera de clase. No lo podía evitar, siempre echaba una mirada a aquella joven rubia de ojos claros. Paloma se llamaba.
Dani tenía al fin, una razón por la que levantarse todos los días a las 7 de la mañana. La verdad es que ella, aparentemente, no mostraba ningún detalle hacia él. Pero sólo aparentemente.
Dani aún no había dicho nada de éste tema a nadie, salvo a mí, por lo que debía sentirme afortunado.
Es un chico muy observador, demasiado diría yo, ya que muchas veces, por observar demasiado, se ha equivocado. Y no es porque yo no le haya dicho nada, simplemente, es un cabezota.
El otro día, vino a mi clase, ya que Dani y yo estamos en clases separadas, y me dijo súper alegre: -Tío, reconócelo, es guapísima-. Yo no le presté mucha atención, porque muchas veces me comentaba cosas sobre Paloma, hasta llegar al punto en el que yo no le hago ni caso, pero hoy era diferente.
En el siguiente cambio de clase, supe que Paloma se delató a sí misma: Había dicho a su amiga -que resulta que también es mi amiga-, que Dani era bastante majo y guapo. Yo no quise decir nada a Dani, no fuera a ser que le diera un soponcio con tan genial noticia, por lo que decidí no comentarle nada y dejar que él lo averiguara por sí mismo. Tras saber los sentimientos de ambos, ya entendía todo.
Entendí porque Dani se bajaba una parada después de la que debería.
Comprendí porque Paloma me preguntaba a menudo si Dani tenía novia.
A los pocos días, Dani se enteró de los sentimientos de Paloma hacia él, por lo que ambos decidieron quedar. Al saber que iban a quedar ese mismo viernes, hablé con Dani y le pregunté si no se estaba precipitando, ya que no era la primera vez que pasaba algo similar y al final, se equivocaba.
-No, no me estoy precipitando. Y si, puede que no la conozca mucho, pero no sé tío, siento algo muy fuerte, muchísimo más que con las otras con que he estado-. Me contestó Dani rebosante de sinceridad.
Se le veía muy nervioso, pero a la vez tranquilo, porque esperaba que esa fuera una gran tarde.
Al día siguiente, me llamó por teléfono y me comentó que lo pasó genial con ella, rieron, pasaron frío, corrieron juntos para coger el bus, merendaron juntos y una infinidad de cosas más.
Me dijo que ese fue el mejor día de su vida. El día en el que empezó, otra vez, a creer en el amor.
Ésas fueron las palabras de Dani, que me contaba con gran detalle cómo, poco a poco, se empezó a enamorar de su compañera de clase. No lo podía evitar, siempre echaba una mirada a aquella joven rubia de ojos claros. Paloma se llamaba.
Dani tenía al fin, una razón por la que levantarse todos los días a las 7 de la mañana. La verdad es que ella, aparentemente, no mostraba ningún detalle hacia él. Pero sólo aparentemente.
Dani aún no había dicho nada de éste tema a nadie, salvo a mí, por lo que debía sentirme afortunado.
Es un chico muy observador, demasiado diría yo, ya que muchas veces, por observar demasiado, se ha equivocado. Y no es porque yo no le haya dicho nada, simplemente, es un cabezota.
El otro día, vino a mi clase, ya que Dani y yo estamos en clases separadas, y me dijo súper alegre: -Tío, reconócelo, es guapísima-. Yo no le presté mucha atención, porque muchas veces me comentaba cosas sobre Paloma, hasta llegar al punto en el que yo no le hago ni caso, pero hoy era diferente.
En el siguiente cambio de clase, supe que Paloma se delató a sí misma: Había dicho a su amiga -que resulta que también es mi amiga-, que Dani era bastante majo y guapo. Yo no quise decir nada a Dani, no fuera a ser que le diera un soponcio con tan genial noticia, por lo que decidí no comentarle nada y dejar que él lo averiguara por sí mismo. Tras saber los sentimientos de ambos, ya entendía todo.
Entendí porque Dani se bajaba una parada después de la que debería.
Comprendí porque Paloma me preguntaba a menudo si Dani tenía novia.
A los pocos días, Dani se enteró de los sentimientos de Paloma hacia él, por lo que ambos decidieron quedar. Al saber que iban a quedar ese mismo viernes, hablé con Dani y le pregunté si no se estaba precipitando, ya que no era la primera vez que pasaba algo similar y al final, se equivocaba.
-No, no me estoy precipitando. Y si, puede que no la conozca mucho, pero no sé tío, siento algo muy fuerte, muchísimo más que con las otras con que he estado-. Me contestó Dani rebosante de sinceridad.
Se le veía muy nervioso, pero a la vez tranquilo, porque esperaba que esa fuera una gran tarde.
Al día siguiente, me llamó por teléfono y me comentó que lo pasó genial con ella, rieron, pasaron frío, corrieron juntos para coger el bus, merendaron juntos y una infinidad de cosas más.
Me dijo que ese fue el mejor día de su vida. El día en el que empezó, otra vez, a creer en el amor.
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