jueves, 2 de diciembre de 2010

Compañeros.

-Cómo me gusta ir a clase-.

Ésas fueron las palabras de Dani, que me contaba con gran detalle cómo, poco a poco, se empezó a enamorar de su compañera de clase. No lo podía evitar, siempre echaba una mirada a aquella joven rubia de ojos claros. Paloma se llamaba.
Dani tenía al fin, una razón por la que levantarse todos los días a las 7 de la mañana. La verdad es que ella, aparentemente, no mostraba ningún detalle hacia él. Pero sólo aparentemente.

Dani aún no había dicho nada de éste tema a nadie, salvo a mí, por lo que debía sentirme afortunado.
Es un chico muy observador, demasiado diría yo, ya que muchas veces, por observar demasiado, se ha equivocado. Y no es porque yo no le haya dicho nada, simplemente, es un cabezota.

El otro día, vino a mi clase, ya que Dani y yo estamos en clases separadas, y me dijo súper alegre: -Tío, reconócelo, es guapísima-. Yo no le presté mucha atención, porque muchas veces me comentaba cosas sobre Paloma, hasta llegar al punto en el que yo no le hago ni caso, pero hoy era diferente.

En el siguiente cambio de clase, supe que Paloma se delató a sí misma: Había dicho a su amiga -que resulta que también es mi amiga-, que Dani era bastante majo y guapo. Yo no quise decir nada a Dani, no fuera a ser que le diera un soponcio con tan genial noticia, por lo que decidí no comentarle nada y dejar que él lo averiguara por sí mismo. Tras saber los sentimientos de ambos, ya entendía todo.
Entendí porque Dani se bajaba una parada después de la que debería.
Comprendí porque Paloma me preguntaba a menudo si Dani tenía novia.

A los pocos días, Dani se enteró de los sentimientos de Paloma hacia él, por lo que ambos decidieron quedar. Al saber que iban a quedar ese mismo viernes, hablé con Dani y le pregunté si no se estaba precipitando, ya que no era la primera vez que pasaba algo similar y al final, se equivocaba.
-No, no me estoy precipitando. Y si, puede que no la conozca mucho, pero no sé tío, siento algo muy fuerte, muchísimo más que con las otras con que he estado-. Me contestó Dani rebosante de sinceridad.
Se le veía muy nervioso, pero a la vez tranquilo, porque esperaba que esa fuera una gran tarde.

Al día siguiente, me llamó por teléfono y me comentó que lo pasó genial con ella, rieron, pasaron frío, corrieron juntos para coger el bus, merendaron juntos y una infinidad de cosas más.

Me dijo que ese fue el mejor día de su vida. El día en el que empezó, otra vez, a creer en el amor.

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