Mucho madrugar, poco descansar, levantarse rápido, ducharse a toda pastilla, desayunar poco y mal, vestirse deprisa y corriendo y salir de casa pitando. Éste era el día a día de Juan, un joven inteligente y cauto, que vivía a toda prisa, llegando tarde a todos los sitios, con una excusa para cualquier circunstancia contraria a él.
El justo contrario era Ana, una joven que dominaba todos los aspectos que acaecían en su vida. Llegaba siempre puntual a todos los sitios, de cualquier circunstancia adversa veía su lado positivo y trataba siempre de estar perfecta tanto en el vestir como en el maquillarse.
Juan y Ana eran dos amigos que se conocían desde la infancia. Se compenetraban a la perfección. Con una simple mirada, uno podía saber qué le pasaba al otro, en qué estaba pensando o qué quería en ese justo momento.
A ambos les agradaban, prácticamente, las mismas cosas: Ver una película con una bolsa de chucherías, tener una buena conversación con la persona que se prestara para la ocasión o, simplemente, dar largos paseos por el parque más conocido de la ciudad.
En otro de los múltiples paseos que daban, llegaron a una cafetería. Juan miró a Ana.
-¿Entramos? Tengo algo de sed y me gustaría sentarme un rato, que mis pies están cansados-, dijo Ana con esa cara de buena chica que ponía siempre que quería conseguir algo de Juan.
Al entrar en la cafetería, se sentaron en la última y más alejada mesa del local, destinada únicamente a 2 personas.
El camarero tardó un rato en venir para tomarles nota. Mientras tanto, Juan y Ana estuvieron charlando sobre las carreras que podían escoger al hacer la Selectividad.
En el momento que Ana dijo que le encantaría hacer Biología, el camarero se acercó y les dijo:
-Hola chicos, ¿qué queréis tomar?-.
Rápidamente, Juan se desmarcó y habló por los dos:
-Dos “fantas” de naranja, por favor-, dijo educadamente al camarero.
Ana continuó hablando de las ventajas que tenía estudiar biología, mientras Juan la escuchaba atentamente.
El camarero llegó entonces para servir a los jóvenes. 2 “fantas” de naranja y un pequeño platito de patatas fritas.
Fue entonces cuando Juan empezó a meterse, de forma cariñosa, con Ana, diciéndola que no se había peinado bien el pelo, que no conocía la ciudad o que no sabía escribir tan bien como lo hacía él.
De repente, Juan miró a Ana. Vio en esos ojos azules, propios de unos dibujos animados, algo que nunca antes había visto. Ana entonces, vio lo mismo en los verdes ojos de Juan.
Sus respectivos corazones empezaron a palpitar apresuradamente, porque habían captado algo que jamás habían captado: Algo más que una amistad.
Gente, nada más por hoy. Paz y amor.
sábado, 18 de diciembre de 2010
domingo, 5 de diciembre de 2010
Inventos "genuinos".
El Estado del Bienestar se creó con el afán de mejorar la calidad de vida de las personas, aumentando su tiempo libre.
El teléfono móvil e Internet son dos servicios que se crearon para desarrollar una mayor comunicación entre las personas. El teléfono móvil se inventó para que una persona estuviera siempre localizada. Internet fue creado con el objetivo de poder establecer una comunicación con alguna persona geográficamente inaccesible.
No hace muchos años si querías quedar con tus amigos, debías llamarlos a su casa uno por uno, esperando que cogiera el teléfono tu amigo, pero quien terminaba cogiéndolo era su padre, su madre, su abuela o su hermana pequeña. Para ello debías decir quien eras, preguntar qué tal estaba y después, que te hiciera el favor de pasar el teléfono a tu amigo.
Si necesitabas hacer un trabajo grupal para el colegio debías, además de llamarlos uno a uno, con lo que anteriormente he dicho que suponía, quedar una tarde, todos en una casa y hacer el trabajo. Ojo, y no contamos con que alguna persona tuviera fútbol/karate/natación/añadir actividad extraescolar.
Si por ejemplo, te gustaba una chica, rezabas cada día por volver a verla, y, en un heroico acto, conseguir su teléfono para, algún día, si tu ritmo cardíaco descendía algún momento, llamarla por teléfono para intentar quedar con ella.
El inconveniente viene ahora: ¿Qué pasa si eres un tipo híper/mega/súper/añadir superlativo-tímido? No podías decirle nada a cara. No sabrías. No podrías.
No importa. El mundo no se ha acabado por ser tímido. Antes de crearse Internet y el teléfono móvil, muchas personas tímidas, han logrado hablar con la chica que les gustaba, quedar con ella y, fíjate tú, ahora son sus mujeres.
El teléfono móvil nos ha hecho totalmente dependientes. Muchos ejecutivos afirman que sin su teléfono móvil no son nada. Me dan ganas de reírme y de enseñarles vídeos de empresarios de 1950, cuando todos los informes se hacían a mano y las llamadas telefónicas eran una misión imposible.
Los SMS, otro tanto de lo mismo. Por los SMS somos capaces de decir lo que sea a quien sea. Muchas relaciones sentimentales se han fraguado entorno a éste servicio de mensajería. Resulta muy útil en personas extremadamente tímidas, pero, incluso yo, que soy súper tímido lo valoro negativamente, ya que quita una pieza angular de las emociones de las personas.
Por eso, lejos de alcanzar el máximo estatus en el Estado del Bienestar, se ha dado un salto cualitativo, sí, pero hacia atrás. Ahora es todo mucho más fácil (según se mire).
Si vemos a una persona, ya no le pedimos su teléfono. Pedimos su Tuenti, y ahí se entabla conversación. Se habla a un monitor. ¿Dónde quedaron los nervios de hablar en persona? Ahora todos somos muy valientes, eso sí, detrás de una pantalla. Y lo critico incluyéndome porque yo soy el tipo más tímido que te puedas encontrar. Internet ayuda, eso es indiscutible, pero ¿a qué precio? A la pérdida de la esencia mágica del sentimiento más fuerte del mundo: El amor.
Nada más por hoy. Paz y amor.
El teléfono móvil e Internet son dos servicios que se crearon para desarrollar una mayor comunicación entre las personas. El teléfono móvil se inventó para que una persona estuviera siempre localizada. Internet fue creado con el objetivo de poder establecer una comunicación con alguna persona geográficamente inaccesible.
No hace muchos años si querías quedar con tus amigos, debías llamarlos a su casa uno por uno, esperando que cogiera el teléfono tu amigo, pero quien terminaba cogiéndolo era su padre, su madre, su abuela o su hermana pequeña. Para ello debías decir quien eras, preguntar qué tal estaba y después, que te hiciera el favor de pasar el teléfono a tu amigo.
Si necesitabas hacer un trabajo grupal para el colegio debías, además de llamarlos uno a uno, con lo que anteriormente he dicho que suponía, quedar una tarde, todos en una casa y hacer el trabajo. Ojo, y no contamos con que alguna persona tuviera fútbol/karate/natación/añadir actividad extraescolar.
Si por ejemplo, te gustaba una chica, rezabas cada día por volver a verla, y, en un heroico acto, conseguir su teléfono para, algún día, si tu ritmo cardíaco descendía algún momento, llamarla por teléfono para intentar quedar con ella.
El inconveniente viene ahora: ¿Qué pasa si eres un tipo híper/mega/súper/añadir superlativo-tímido? No podías decirle nada a cara. No sabrías. No podrías.
No importa. El mundo no se ha acabado por ser tímido. Antes de crearse Internet y el teléfono móvil, muchas personas tímidas, han logrado hablar con la chica que les gustaba, quedar con ella y, fíjate tú, ahora son sus mujeres.
El teléfono móvil nos ha hecho totalmente dependientes. Muchos ejecutivos afirman que sin su teléfono móvil no son nada. Me dan ganas de reírme y de enseñarles vídeos de empresarios de 1950, cuando todos los informes se hacían a mano y las llamadas telefónicas eran una misión imposible.
Los SMS, otro tanto de lo mismo. Por los SMS somos capaces de decir lo que sea a quien sea. Muchas relaciones sentimentales se han fraguado entorno a éste servicio de mensajería. Resulta muy útil en personas extremadamente tímidas, pero, incluso yo, que soy súper tímido lo valoro negativamente, ya que quita una pieza angular de las emociones de las personas.
Por eso, lejos de alcanzar el máximo estatus en el Estado del Bienestar, se ha dado un salto cualitativo, sí, pero hacia atrás. Ahora es todo mucho más fácil (según se mire).
Si vemos a una persona, ya no le pedimos su teléfono. Pedimos su Tuenti, y ahí se entabla conversación. Se habla a un monitor. ¿Dónde quedaron los nervios de hablar en persona? Ahora todos somos muy valientes, eso sí, detrás de una pantalla. Y lo critico incluyéndome porque yo soy el tipo más tímido que te puedas encontrar. Internet ayuda, eso es indiscutible, pero ¿a qué precio? A la pérdida de la esencia mágica del sentimiento más fuerte del mundo: El amor.
Nada más por hoy. Paz y amor.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Compañeros.
-Cómo me gusta ir a clase-.
Ésas fueron las palabras de Dani, que me contaba con gran detalle cómo, poco a poco, se empezó a enamorar de su compañera de clase. No lo podía evitar, siempre echaba una mirada a aquella joven rubia de ojos claros. Paloma se llamaba.
Dani tenía al fin, una razón por la que levantarse todos los días a las 7 de la mañana. La verdad es que ella, aparentemente, no mostraba ningún detalle hacia él. Pero sólo aparentemente.
Dani aún no había dicho nada de éste tema a nadie, salvo a mí, por lo que debía sentirme afortunado.
Es un chico muy observador, demasiado diría yo, ya que muchas veces, por observar demasiado, se ha equivocado. Y no es porque yo no le haya dicho nada, simplemente, es un cabezota.
El otro día, vino a mi clase, ya que Dani y yo estamos en clases separadas, y me dijo súper alegre: -Tío, reconócelo, es guapísima-. Yo no le presté mucha atención, porque muchas veces me comentaba cosas sobre Paloma, hasta llegar al punto en el que yo no le hago ni caso, pero hoy era diferente.
En el siguiente cambio de clase, supe que Paloma se delató a sí misma: Había dicho a su amiga -que resulta que también es mi amiga-, que Dani era bastante majo y guapo. Yo no quise decir nada a Dani, no fuera a ser que le diera un soponcio con tan genial noticia, por lo que decidí no comentarle nada y dejar que él lo averiguara por sí mismo. Tras saber los sentimientos de ambos, ya entendía todo.
Entendí porque Dani se bajaba una parada después de la que debería.
Comprendí porque Paloma me preguntaba a menudo si Dani tenía novia.
A los pocos días, Dani se enteró de los sentimientos de Paloma hacia él, por lo que ambos decidieron quedar. Al saber que iban a quedar ese mismo viernes, hablé con Dani y le pregunté si no se estaba precipitando, ya que no era la primera vez que pasaba algo similar y al final, se equivocaba.
-No, no me estoy precipitando. Y si, puede que no la conozca mucho, pero no sé tío, siento algo muy fuerte, muchísimo más que con las otras con que he estado-. Me contestó Dani rebosante de sinceridad.
Se le veía muy nervioso, pero a la vez tranquilo, porque esperaba que esa fuera una gran tarde.
Al día siguiente, me llamó por teléfono y me comentó que lo pasó genial con ella, rieron, pasaron frío, corrieron juntos para coger el bus, merendaron juntos y una infinidad de cosas más.
Me dijo que ese fue el mejor día de su vida. El día en el que empezó, otra vez, a creer en el amor.
Ésas fueron las palabras de Dani, que me contaba con gran detalle cómo, poco a poco, se empezó a enamorar de su compañera de clase. No lo podía evitar, siempre echaba una mirada a aquella joven rubia de ojos claros. Paloma se llamaba.
Dani tenía al fin, una razón por la que levantarse todos los días a las 7 de la mañana. La verdad es que ella, aparentemente, no mostraba ningún detalle hacia él. Pero sólo aparentemente.
Dani aún no había dicho nada de éste tema a nadie, salvo a mí, por lo que debía sentirme afortunado.
Es un chico muy observador, demasiado diría yo, ya que muchas veces, por observar demasiado, se ha equivocado. Y no es porque yo no le haya dicho nada, simplemente, es un cabezota.
El otro día, vino a mi clase, ya que Dani y yo estamos en clases separadas, y me dijo súper alegre: -Tío, reconócelo, es guapísima-. Yo no le presté mucha atención, porque muchas veces me comentaba cosas sobre Paloma, hasta llegar al punto en el que yo no le hago ni caso, pero hoy era diferente.
En el siguiente cambio de clase, supe que Paloma se delató a sí misma: Había dicho a su amiga -que resulta que también es mi amiga-, que Dani era bastante majo y guapo. Yo no quise decir nada a Dani, no fuera a ser que le diera un soponcio con tan genial noticia, por lo que decidí no comentarle nada y dejar que él lo averiguara por sí mismo. Tras saber los sentimientos de ambos, ya entendía todo.
Entendí porque Dani se bajaba una parada después de la que debería.
Comprendí porque Paloma me preguntaba a menudo si Dani tenía novia.
A los pocos días, Dani se enteró de los sentimientos de Paloma hacia él, por lo que ambos decidieron quedar. Al saber que iban a quedar ese mismo viernes, hablé con Dani y le pregunté si no se estaba precipitando, ya que no era la primera vez que pasaba algo similar y al final, se equivocaba.
-No, no me estoy precipitando. Y si, puede que no la conozca mucho, pero no sé tío, siento algo muy fuerte, muchísimo más que con las otras con que he estado-. Me contestó Dani rebosante de sinceridad.
Se le veía muy nervioso, pero a la vez tranquilo, porque esperaba que esa fuera una gran tarde.
Al día siguiente, me llamó por teléfono y me comentó que lo pasó genial con ella, rieron, pasaron frío, corrieron juntos para coger el bus, merendaron juntos y una infinidad de cosas más.
Me dijo que ese fue el mejor día de su vida. El día en el que empezó, otra vez, a creer en el amor.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Inseguridad, siempre.
¿Habéis estado alguna vez seguros de algo?
-¡Menuda tontería! ¡Pues claro que hemos estado seguros de algo alguna vez!- Más o menos sería esa vuestra respuesta, que ya la voy vaticinando.
Debo llevaros la contraria una vez más y deciros que no, que nunca habéis estado seguros de nada. Siempre hay dudas. Nunca se está al 100% seguro de algo, puede que al 99% si, pero nunca al 100%.
Aunque ese 1% no sea determinante, siempre queda esa cosilla dentro que te hace pensar. Imaginemos por un momento que vamos a comprar una camiseta y hay 2 modelos que nos gustan, pero sólo disponemos de dinero para comprar una camiseta.
Tras una larga decisión, nos decantamos, por ejemplo, por la camiseta azul con 2 florecitas naranjas. -¡Menuda camiseta más chula me he comprado! Me encanta-. Sales súper contento de la tienda con tu bolsa, y esperas ansiosamente el momento de estrenar la camiseta.
Por fin llega el día en el que estrenas la camiseta, te queda genial. Mucha gente dice lo mismo, y tú lleno de júbilo te dices a ti mismo que qué bien elegiste la camiseta.
Pasado un tiempo, esa camiseta que tanto te gustaba, te empieza a aburrir, y la dejas guardada en el armario, señal de que ya no la usas asiduamente.
Justo en el momento que guardas la camiseta, llega a ti la duda y la incertidumbre. -Si me hubiera comprado la otra camiseta, la roja con el texto en blanco, ¿también la habría guardado en el armario?-.
Y es justo ahí cuando la inseguridad te asalta. Ya no puedes alardear de que has estado seguro de comprarte la camiseta azul con las florecitas naranjas, dejando a un lado la camiseta roja con texto blanco. Ya no eres libre de dudas. No has estado seguro al 100%. La duda, una vez más, te ha asaltado.
Éste es un simple, pero a la vez claro ejemplo de una de las miles de veces en las que hemos sentido inseguridad.
Lo que pretendo decir con ésta entrada es que nadie puede decir abiertamente que está seguro/a de todo, pues está mintiendo. Ninguna persona puede estar 100% segura de todo lo que piensa, hace o siente.
A mí esas personas que van mirando por encima del hombro del resto de la gente, sinceramente, me provocan carcajadas, porque son las personas más falsas del mundo. Aparenta ser la que está más segura en sí misma, pero en realidad es la persona con más inseguridades del mundo.
Nunca hemos estado seguros. No estamos seguros. Nunca estaremos seguros. De nada.
Nada más por hoy. Paz y amor.
-¡Menuda tontería! ¡Pues claro que hemos estado seguros de algo alguna vez!- Más o menos sería esa vuestra respuesta, que ya la voy vaticinando.
Debo llevaros la contraria una vez más y deciros que no, que nunca habéis estado seguros de nada. Siempre hay dudas. Nunca se está al 100% seguro de algo, puede que al 99% si, pero nunca al 100%.
Aunque ese 1% no sea determinante, siempre queda esa cosilla dentro que te hace pensar. Imaginemos por un momento que vamos a comprar una camiseta y hay 2 modelos que nos gustan, pero sólo disponemos de dinero para comprar una camiseta.
Tras una larga decisión, nos decantamos, por ejemplo, por la camiseta azul con 2 florecitas naranjas. -¡Menuda camiseta más chula me he comprado! Me encanta-. Sales súper contento de la tienda con tu bolsa, y esperas ansiosamente el momento de estrenar la camiseta.
Por fin llega el día en el que estrenas la camiseta, te queda genial. Mucha gente dice lo mismo, y tú lleno de júbilo te dices a ti mismo que qué bien elegiste la camiseta.
Pasado un tiempo, esa camiseta que tanto te gustaba, te empieza a aburrir, y la dejas guardada en el armario, señal de que ya no la usas asiduamente.
Justo en el momento que guardas la camiseta, llega a ti la duda y la incertidumbre. -Si me hubiera comprado la otra camiseta, la roja con el texto en blanco, ¿también la habría guardado en el armario?-.
Y es justo ahí cuando la inseguridad te asalta. Ya no puedes alardear de que has estado seguro de comprarte la camiseta azul con las florecitas naranjas, dejando a un lado la camiseta roja con texto blanco. Ya no eres libre de dudas. No has estado seguro al 100%. La duda, una vez más, te ha asaltado.
Éste es un simple, pero a la vez claro ejemplo de una de las miles de veces en las que hemos sentido inseguridad.
Lo que pretendo decir con ésta entrada es que nadie puede decir abiertamente que está seguro/a de todo, pues está mintiendo. Ninguna persona puede estar 100% segura de todo lo que piensa, hace o siente.
A mí esas personas que van mirando por encima del hombro del resto de la gente, sinceramente, me provocan carcajadas, porque son las personas más falsas del mundo. Aparenta ser la que está más segura en sí misma, pero en realidad es la persona con más inseguridades del mundo.
Nunca hemos estado seguros. No estamos seguros. Nunca estaremos seguros. De nada.
Nada más por hoy. Paz y amor.
jueves, 18 de noviembre de 2010
Sueños demasiado imposibles.
Aquel joven rebosaba felicidad a cualquier hora del día, no se podía entristecer por nada del mundo. De los acontecimientos más macabros, sacaba siempre una nota positiva, algo que le hiciera sonreír y seguir adelante.
Pasados unos años, llegó a casa abatido, no podía articular palabra. Por primera vez ni sonreía ni se sentía alegre. Su habitación se había convertido en su santuario, el lugar perfecto para dejar atrás el mundo real y alejarse de la gente que le perjudicaba.
Sin embargo, eso no le reportaba una verdadera felicidad. Ahora, únicamente lloraba, intentado buscar las razones de su soledad. Parecía que todo el mundo estaba en su contra. Fue entonces, cuando dejó de dormir con regularidad.
Una de esas noches en vela en las que bien leía, bien jugaba con el ordenador o bien escuchaba música, se asomó por la ventana y se fijó en la Luna. Estaba muy bonita aquella noche. Había luna llena.
El joven empezó a hablar a la Luna, como si de una confidente se tratara:
-Ay, luna, lunera, si tú supieras todo lo que tengo yo dentro de mí y quisiera soltar…-
-Cuéntame pues, que yo te escucho-, dijo la luna mostrando un grandísimo interés.
El joven se sorprendió. ¡La Luna hablaba!
Empezó entonces a contarle todo lo que le sucedía, ante la gran atención que mostraba la Luna. Tras contarle todo lo que le sucedía, se estaba haciendo de día, a lo que la Luna, mostrando una cierta prisa dijo:
-Ya me tengo que ir. Mañana si quieres, nos volvemos a ver-, dijo la Luna con un tono amistoso.
El joven, al amanecer y no haber dormido ni un ápice, obviamente se mostraría cansado y con ganas de dormir. Nada más lejos de la realidad.
Estaba rebosante de energía. Aquella conversación con la Luna, le reportó una energía vital para vivir, y lo más importante, una sonrisa en los labios.
Aquel día resultó ser uno de los mejores de su vida, pero una vez más, había algo que no podía satisfacer: Su sentimiento de soledad. Por ello entonces, se quedó otra noche en vela, esperando a que la Luna apareciera. Y apareció.
Tras unas horas de conversación, el joven le explico a la Luna que la necesitaba, porque con ella, él no se sentía solo, y además, sentía que cuando hablaba, esas palabras le importaban a alguien, a la luna.
La Luna también sentía que junto al joven, se sentía mejor y más importante, porque desde siempre, el Sol se había llevado toda la fama, por lo que la luna también se sentía marginada.
Pasada esa noche, el niño sentía que debía tocarla. Tantos kilómetros de distancia, tanta soledad y tanta complicidad con ella, se expresaban en el simple hecho de que deseaba, aunque fuera con las yemas de los dedos, conseguir rozarla.
Tras un día horrible del joven, llegó la noche, y la Luna fue la que entabló conversación con él. Otra inolvidable conversación llevó a la luna a acercarse varios millones de kilómetros al niño.
La Luna iba a abrazarle, estaba muy cerca de él.
-Sabes que te voy a abrazar, ¿no? Dijo la Luna con una sonrisa en los labios.
-Lo sé. Yo también quiero abrazarte-, respondió el niño.
Estaban ya a centímetros el uno el otro, el abrazo era inminente…
-¡Venga hijo, despierta, que vas a llegar tarde al cole!-.
Todo fue un sueño. Demasiado bonito para ser real.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Pasados unos años, llegó a casa abatido, no podía articular palabra. Por primera vez ni sonreía ni se sentía alegre. Su habitación se había convertido en su santuario, el lugar perfecto para dejar atrás el mundo real y alejarse de la gente que le perjudicaba.
Sin embargo, eso no le reportaba una verdadera felicidad. Ahora, únicamente lloraba, intentado buscar las razones de su soledad. Parecía que todo el mundo estaba en su contra. Fue entonces, cuando dejó de dormir con regularidad.
Una de esas noches en vela en las que bien leía, bien jugaba con el ordenador o bien escuchaba música, se asomó por la ventana y se fijó en la Luna. Estaba muy bonita aquella noche. Había luna llena.
El joven empezó a hablar a la Luna, como si de una confidente se tratara:
-Ay, luna, lunera, si tú supieras todo lo que tengo yo dentro de mí y quisiera soltar…-
-Cuéntame pues, que yo te escucho-, dijo la luna mostrando un grandísimo interés.
El joven se sorprendió. ¡La Luna hablaba!
Empezó entonces a contarle todo lo que le sucedía, ante la gran atención que mostraba la Luna. Tras contarle todo lo que le sucedía, se estaba haciendo de día, a lo que la Luna, mostrando una cierta prisa dijo:
-Ya me tengo que ir. Mañana si quieres, nos volvemos a ver-, dijo la Luna con un tono amistoso.
El joven, al amanecer y no haber dormido ni un ápice, obviamente se mostraría cansado y con ganas de dormir. Nada más lejos de la realidad.
Estaba rebosante de energía. Aquella conversación con la Luna, le reportó una energía vital para vivir, y lo más importante, una sonrisa en los labios.
Aquel día resultó ser uno de los mejores de su vida, pero una vez más, había algo que no podía satisfacer: Su sentimiento de soledad. Por ello entonces, se quedó otra noche en vela, esperando a que la Luna apareciera. Y apareció.
Tras unas horas de conversación, el joven le explico a la Luna que la necesitaba, porque con ella, él no se sentía solo, y además, sentía que cuando hablaba, esas palabras le importaban a alguien, a la luna.
La Luna también sentía que junto al joven, se sentía mejor y más importante, porque desde siempre, el Sol se había llevado toda la fama, por lo que la luna también se sentía marginada.
Pasada esa noche, el niño sentía que debía tocarla. Tantos kilómetros de distancia, tanta soledad y tanta complicidad con ella, se expresaban en el simple hecho de que deseaba, aunque fuera con las yemas de los dedos, conseguir rozarla.
Tras un día horrible del joven, llegó la noche, y la Luna fue la que entabló conversación con él. Otra inolvidable conversación llevó a la luna a acercarse varios millones de kilómetros al niño.
La Luna iba a abrazarle, estaba muy cerca de él.
-Sabes que te voy a abrazar, ¿no? Dijo la Luna con una sonrisa en los labios.
-Lo sé. Yo también quiero abrazarte-, respondió el niño.
Estaban ya a centímetros el uno el otro, el abrazo era inminente…
-¡Venga hijo, despierta, que vas a llegar tarde al cole!-.
Todo fue un sueño. Demasiado bonito para ser real.
Nada más por hoy. Paz y amor.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Habilidades.
El ser humano es pura hipocresía, no deja de sorprenderme. No es que no me considere humano, más bien, no me considero hipócrita.
De todos es sabido que cualquier ser humano, sea por la razón que sea, tiene una habilidad, por remota que sea. Que sí uno sabe chuparse la nariz con la punta de la lengua, que sí otra sabe hacerse sonar todos los huesos y articulaciones de su cuerpo, que sí otro sabe ponerse bizco adrede o que si otra sabe partir nueces con el cuello.
No me refiero a esas habilidades exactamente, sino a otras más prácticas, como por ejemplo, manejar ordenadores a la perfección, tener una comprensión sublime de las Matemáticas, ser capaz de levantar la moral de una persona por muy rota que esté o tener una velocidad extrema a la hora de tomar apuntes.
Sí ahondamos en la razón por la cual esa habilidad ha aflorado, podemos ver claramente que, en algún momento del pasado, ha sucedido algo maravilloso: Alguien te ha recompensado enormemente. Tú, ante ese suceso, te has sentido como Don Juan Carlos I: Lleno de orgullo y satisfacción. Vamos, que no cabes en ti. Obviamente, mucha gente te observa y ve en ti el perfecto ejemplo a seguir.
A los pocos días, observas en ciertas personas un comportamiento anómalo e inusual: ¡Están haciendo lo mismo que tú! No lo puedes creer, pero sin embargo, dentro de ti, se crea una antítesis: Te sientes feliz porque ves que tus habilidades son imitadas o al menos, intentado imitar por otras personas, pero a la vez, se crea un sentimiento de animadversión hacia esa persona, porque no te gusta que la gente te copie.
Tú, puedes sacar dos conclusiones: La primera es aceptar lo que estás viendo y seguir adelante sabiendo que, si alguien te copia, es una razón inequívoca de que tienes algo que despierta interés en el resto de las personas. Sin embargo, la segunda conclusión es debida a la falta de personalidad del resto. Con más motivo aún, sigues adelante convencido de que tu habilidad es muy buena y original.
Por ello y como moraleja se puede llegar a la siguiente afirmación: No te fijes en el resto de personas, tan sólo, continúa desarrollando tu habilidad, que seguro que si es única y personal, alguien se fijará en ella.
Por hoy, se acabó lo que se daba. Paz y amor.
De todos es sabido que cualquier ser humano, sea por la razón que sea, tiene una habilidad, por remota que sea. Que sí uno sabe chuparse la nariz con la punta de la lengua, que sí otra sabe hacerse sonar todos los huesos y articulaciones de su cuerpo, que sí otro sabe ponerse bizco adrede o que si otra sabe partir nueces con el cuello.
No me refiero a esas habilidades exactamente, sino a otras más prácticas, como por ejemplo, manejar ordenadores a la perfección, tener una comprensión sublime de las Matemáticas, ser capaz de levantar la moral de una persona por muy rota que esté o tener una velocidad extrema a la hora de tomar apuntes.
Sí ahondamos en la razón por la cual esa habilidad ha aflorado, podemos ver claramente que, en algún momento del pasado, ha sucedido algo maravilloso: Alguien te ha recompensado enormemente. Tú, ante ese suceso, te has sentido como Don Juan Carlos I: Lleno de orgullo y satisfacción. Vamos, que no cabes en ti. Obviamente, mucha gente te observa y ve en ti el perfecto ejemplo a seguir.
A los pocos días, observas en ciertas personas un comportamiento anómalo e inusual: ¡Están haciendo lo mismo que tú! No lo puedes creer, pero sin embargo, dentro de ti, se crea una antítesis: Te sientes feliz porque ves que tus habilidades son imitadas o al menos, intentado imitar por otras personas, pero a la vez, se crea un sentimiento de animadversión hacia esa persona, porque no te gusta que la gente te copie.
Tú, puedes sacar dos conclusiones: La primera es aceptar lo que estás viendo y seguir adelante sabiendo que, si alguien te copia, es una razón inequívoca de que tienes algo que despierta interés en el resto de las personas. Sin embargo, la segunda conclusión es debida a la falta de personalidad del resto. Con más motivo aún, sigues adelante convencido de que tu habilidad es muy buena y original.
Por ello y como moraleja se puede llegar a la siguiente afirmación: No te fijes en el resto de personas, tan sólo, continúa desarrollando tu habilidad, que seguro que si es única y personal, alguien se fijará en ella.
Por hoy, se acabó lo que se daba. Paz y amor.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Hacia atrás.
Queridos papá y mamá:
Necesito que me hagáis un favor. Un duro y gran favor. Volvedme niño otra vez, que no me gusta ser mayor. No me gusta crecer para nada.
Si mamá no lo consigue, papá, por favor, hazlo tú. Cualquiera de los dos, poned todo el empeño en conseguirlo, que no quiero ser mayor.
Quiero jugar en el parque.
Quiero saltar en los charcos sin importarme mancharme.
Quiero bañarme lleno de espuma.
Quiero que me cuenten un cuento cada noche.
Quiero que por las noches me arropen.
Quiero pintar y salirme de la línea.
Quiero jugar con mis coches de juguete.
Quiero jugar al Rescate.
Quiero levantarme los 6 de Enero lleno de ilusión.
Quiero tener ganas de ir al colegio.
Quiero volver a escribir mi primera carta de amor.
Quiero volver a sacar mi primer sobresaliente.
Quiero volver a tener mi primer beso.
Quiero volver a ser pequeño.
Quiero tantas cosas…
Sé que es un duro esfuerzo, pero yo apenas pido nunca nada. Tomadlo como el deseo de mi vida. No pediré nada más, os lo prometo. Vosotros me habéis dicho siempre que ojala me hiciera ya mayor para darme cuenta de la realidad de las cosas. Sí, ya las comprendo, pero no me gusta.
No me gusta tener responsabilidades.
No me gusta vivir en un mundo donde lo que reina es la falsedad.
No me gusta ver las noticias en las que siempre pasan cosas malas.
No me gusta ver que una mujer muere porque su marido ya no la quería.
No me gusta ver que la gente se pelee por cualquier tontería.
No me gusta saber qué es el terrorismo.
No me gusta ser mayor.
Pero sobre todo, lo que más ansío de ser pequeño, es no saber tantas cosas que ya sé.
No quiero saber qué es la pobreza.
No quiero saber que te pueden asesinar por unos míseros euros.
No quiero saber qué es la mentira.
No quiero saber qué es la política.
No quiero saber qué es un porro, ni un coma etílico, ni una raya.
No quiero saber qué se siente cuando se muere un amigo.
No quiero ver que la gente muere porque no tiene nada para comer.
No quiero ver a gente sola en la vida.
No quiero ser adulto.
Papá y mamá, ¿ya entendéis por qué quiero ser otra vez pequeño? Lo que quiero es ser otra vez ese pequeño e inocente niño, lleno de ilusiones, esperanzas y sueños por cumplir.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Necesito que me hagáis un favor. Un duro y gran favor. Volvedme niño otra vez, que no me gusta ser mayor. No me gusta crecer para nada.
Si mamá no lo consigue, papá, por favor, hazlo tú. Cualquiera de los dos, poned todo el empeño en conseguirlo, que no quiero ser mayor.
Quiero jugar en el parque.
Quiero saltar en los charcos sin importarme mancharme.
Quiero bañarme lleno de espuma.
Quiero que me cuenten un cuento cada noche.
Quiero que por las noches me arropen.
Quiero pintar y salirme de la línea.
Quiero jugar con mis coches de juguete.
Quiero jugar al Rescate.
Quiero levantarme los 6 de Enero lleno de ilusión.
Quiero tener ganas de ir al colegio.
Quiero volver a escribir mi primera carta de amor.
Quiero volver a sacar mi primer sobresaliente.
Quiero volver a tener mi primer beso.
Quiero volver a ser pequeño.
Quiero tantas cosas…
Sé que es un duro esfuerzo, pero yo apenas pido nunca nada. Tomadlo como el deseo de mi vida. No pediré nada más, os lo prometo. Vosotros me habéis dicho siempre que ojala me hiciera ya mayor para darme cuenta de la realidad de las cosas. Sí, ya las comprendo, pero no me gusta.
No me gusta tener responsabilidades.
No me gusta vivir en un mundo donde lo que reina es la falsedad.
No me gusta ver las noticias en las que siempre pasan cosas malas.
No me gusta ver que una mujer muere porque su marido ya no la quería.
No me gusta ver que la gente se pelee por cualquier tontería.
No me gusta saber qué es el terrorismo.
No me gusta ser mayor.
Pero sobre todo, lo que más ansío de ser pequeño, es no saber tantas cosas que ya sé.
No quiero saber qué es la pobreza.
No quiero saber que te pueden asesinar por unos míseros euros.
No quiero saber qué es la mentira.
No quiero saber qué es la política.
No quiero saber qué es un porro, ni un coma etílico, ni una raya.
No quiero saber qué se siente cuando se muere un amigo.
No quiero ver que la gente muere porque no tiene nada para comer.
No quiero ver a gente sola en la vida.
No quiero ser adulto.
Papá y mamá, ¿ya entendéis por qué quiero ser otra vez pequeño? Lo que quiero es ser otra vez ese pequeño e inocente niño, lleno de ilusiones, esperanzas y sueños por cumplir.
Nada más por hoy. Paz y amor.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Aburrimiento/hambre.
¿Existe alguna relación entre el aburrimiento y el hambre? Yo creo que sí, pero para que podáis ver la diferencia, vamos a definir con precisión qué es aburrimiento y qué es hambre.
Voy a tirar de Wikipedia para definir. (Oye, si todo el mundo lo hace, ¿por qué iba a ser menos que el resto?)
Aburrimiento: Es el cansancio causado generalmente por disgustos o molestias, o por no tener nada que divierta y distraiga. Se le suele llamar también hastío. El término aburrimiento se acuña en el siglo XV, definiendo una enfermedad propia de los ricos cuando no tenían nada que hacer.
Con el paso de los siglos, el aburrimiento ha sido paulatinamente neutralizado, o al menos intentado neutralizar. La televisión, el teatro, el cine son algunos de los inventos que ha creado el hombre para eliminar por completo la situación de aburrimiento.
Hambre: Es la sensación que indica la necesidad de alimento. (Aquí la definición es un poco cachonda) Si ahondamos más en la definición, podemos ver que el hambre no es más que un estímulo que ejercen ciertas sustancias sobre nuestro cerebro.
Voy a intentar ensamblar hambre y aburrimiento.
Cuando las necesidades primarias tenemos satisfechas, buscamos la diversión en otros ámbitos, por ejemplo salir con los amigos, intentando que nuestro tiempo libre esté bien cubierto y, a ser posible, bien gastado.
Ahora, comemos, porque estamos demasiado aburridos y no podemos hacer otra cosa. Hay que tener en cuenta que no tener nada crea una ansiedad, y es por esto por lo que comemos. Comer que estamos aburridos nos provoca placer, placer inmediato, y lo más importante, placer sin esfuerzo.
Pero bien, ¿por qué comemos solamente alimentos determinados cuando estamos aburridos? Ingerimos determinados alimentos porque sabemos que nos provocan placer. Y el placer, nos provoca diversión ergo ya no estamos aburridos.
Por tanto, se puede llegar a la siguiente afirmación: El comer nos entretiene, pero únicamente cuando estamos aburridos porque el desayuno o la cena se consideran comidas importantes. Pero no porque nos aburramos. Sencillamente, porque lo necesitamos.
Y ahora, permitidme que vaya a picar algo. No es que me esté aburriendo, sino que es la hora de cenar.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Voy a tirar de Wikipedia para definir. (Oye, si todo el mundo lo hace, ¿por qué iba a ser menos que el resto?)
Aburrimiento: Es el cansancio causado generalmente por disgustos o molestias, o por no tener nada que divierta y distraiga. Se le suele llamar también hastío. El término aburrimiento se acuña en el siglo XV, definiendo una enfermedad propia de los ricos cuando no tenían nada que hacer.
Con el paso de los siglos, el aburrimiento ha sido paulatinamente neutralizado, o al menos intentado neutralizar. La televisión, el teatro, el cine son algunos de los inventos que ha creado el hombre para eliminar por completo la situación de aburrimiento.
Hambre: Es la sensación que indica la necesidad de alimento. (Aquí la definición es un poco cachonda) Si ahondamos más en la definición, podemos ver que el hambre no es más que un estímulo que ejercen ciertas sustancias sobre nuestro cerebro.
Voy a intentar ensamblar hambre y aburrimiento.
Cuando las necesidades primarias tenemos satisfechas, buscamos la diversión en otros ámbitos, por ejemplo salir con los amigos, intentando que nuestro tiempo libre esté bien cubierto y, a ser posible, bien gastado.
Ahora, comemos, porque estamos demasiado aburridos y no podemos hacer otra cosa. Hay que tener en cuenta que no tener nada crea una ansiedad, y es por esto por lo que comemos. Comer que estamos aburridos nos provoca placer, placer inmediato, y lo más importante, placer sin esfuerzo.
Pero bien, ¿por qué comemos solamente alimentos determinados cuando estamos aburridos? Ingerimos determinados alimentos porque sabemos que nos provocan placer. Y el placer, nos provoca diversión ergo ya no estamos aburridos.
Por tanto, se puede llegar a la siguiente afirmación: El comer nos entretiene, pero únicamente cuando estamos aburridos porque el desayuno o la cena se consideran comidas importantes. Pero no porque nos aburramos. Sencillamente, porque lo necesitamos.
Y ahora, permitidme que vaya a picar algo. No es que me esté aburriendo, sino que es la hora de cenar.
Nada más por hoy. Paz y amor.
lunes, 1 de noviembre de 2010
No a quién fuiste. Sí a quién eres. (Parte 4 y final)
Tras la valiente y sincera demostración de amor de Martín, la parada de tren de Alba, había llegado.
Alba, al llegar a casa, se sintió fenomenal y fatal al mismo tiempo. Martín si, le gustaba mucho, pero guardaba un secreto que probablemente, le disgustaría mucho.
Al día siguiente, Martín estaba rebosante de felicidad, Alba justo al contrario. Estaba triste, apagada, seria.
Martín, al ver a Alba triste, un mar de dudas le asaltó la cabeza.
-Alba, me estás preocupando mucho. ¿Qué te pasa?- Preguntó Martín con demasiado ahínco.
- No pasa nada Martín, tan sólo es que tengo un día “chof”. Esa clase de días en los que prefieres estar en la cama todo el día- contestó Alba demostrando sinceridad.
Martín, parecía estar tranquilo con la respuesta de Alba, pero su corazón le decía que había algo más.
-Lo siento Alba, debo insistir en la pregunta. ¿Qué te pasa? Necesito saber la verdad - dijo Martín esta vez, en un tono muy serio.
-¿Quieres saber la verdad? Primero he de decirte que, te digo la verdad porque me importas mucho y a ti, no te quiero mentir en ningún aspecto.-
-Jo, Alba, ahora sí que me estás asustando, y mucho-, dijo Martín mientras sus gestos faciales torcían.
Alba sacó un papel del bolsillo y, llorando, se lo dio a Martín y se fue corriendo. Martín apenas tuvo tiempo para reaccionar.
Martín, empezó a leer el papel.
“Si estás leyendo esto, estas a punto de saber toda la verdad sobre mí. Mi adolescencia, fue horrible, pero te voy a dar los motivos por lo que lo fue.
He tenido dos novios y, no me compensaron para nada. El primer novio sí, me reportó felicidad, pero una felicidad a medias. Así que, decidimos dejarlo.
El segundo, fue el peor. Cuando llevábamos alrededor de seis meses, no sé qué fue diciendo por ahí que un día, apareció un grupo de chicas en mi casa soltando gravísimos insultos.
Put*, guarr*, zorr*. Esta es una pequeña parte de lo que decían.
Te puedo jurar que no había ninguna razón para que me llamaran eso. Y ya te digo que no sé qué pudo decir ese chico para que fuera humillada de esa forma.
No me atreví ni a mirarle a la cara. Tiempo después supe que se ganó una fama que no tenía a través de mi persona. La fama de ya no ser virgen.
En fin, espero que esto que acabas de leer no repercuta lo más mínimo en nuestra relación.
Te quiero mucho. Alba.”
Martín fue apresuradamente a casa de Alba, que sabía dónde vivía. Empezó a llamar al timbre como si la vida le fuera en ello y abrió la puerta Alba, con un pañuelo en la mano y los ojos rojos de tanto llorar.
Alba, intentó articular palabra, pero Martín no quería más explicaciones.
Momentos antes de besarla, Martín la susurró en el oído:
-No me importa quién fuiste. Me importa quién eres.-
Se acabó lo que se daba. Paz y amor.
Alba, al llegar a casa, se sintió fenomenal y fatal al mismo tiempo. Martín si, le gustaba mucho, pero guardaba un secreto que probablemente, le disgustaría mucho.
Al día siguiente, Martín estaba rebosante de felicidad, Alba justo al contrario. Estaba triste, apagada, seria.
Martín, al ver a Alba triste, un mar de dudas le asaltó la cabeza.
-Alba, me estás preocupando mucho. ¿Qué te pasa?- Preguntó Martín con demasiado ahínco.
- No pasa nada Martín, tan sólo es que tengo un día “chof”. Esa clase de días en los que prefieres estar en la cama todo el día- contestó Alba demostrando sinceridad.
Martín, parecía estar tranquilo con la respuesta de Alba, pero su corazón le decía que había algo más.
-Lo siento Alba, debo insistir en la pregunta. ¿Qué te pasa? Necesito saber la verdad - dijo Martín esta vez, en un tono muy serio.
-¿Quieres saber la verdad? Primero he de decirte que, te digo la verdad porque me importas mucho y a ti, no te quiero mentir en ningún aspecto.-
-Jo, Alba, ahora sí que me estás asustando, y mucho-, dijo Martín mientras sus gestos faciales torcían.
Alba sacó un papel del bolsillo y, llorando, se lo dio a Martín y se fue corriendo. Martín apenas tuvo tiempo para reaccionar.
Martín, empezó a leer el papel.
“Si estás leyendo esto, estas a punto de saber toda la verdad sobre mí. Mi adolescencia, fue horrible, pero te voy a dar los motivos por lo que lo fue.
He tenido dos novios y, no me compensaron para nada. El primer novio sí, me reportó felicidad, pero una felicidad a medias. Así que, decidimos dejarlo.
El segundo, fue el peor. Cuando llevábamos alrededor de seis meses, no sé qué fue diciendo por ahí que un día, apareció un grupo de chicas en mi casa soltando gravísimos insultos.
Put*, guarr*, zorr*. Esta es una pequeña parte de lo que decían.
Te puedo jurar que no había ninguna razón para que me llamaran eso. Y ya te digo que no sé qué pudo decir ese chico para que fuera humillada de esa forma.
No me atreví ni a mirarle a la cara. Tiempo después supe que se ganó una fama que no tenía a través de mi persona. La fama de ya no ser virgen.
En fin, espero que esto que acabas de leer no repercuta lo más mínimo en nuestra relación.
Te quiero mucho. Alba.”
Martín fue apresuradamente a casa de Alba, que sabía dónde vivía. Empezó a llamar al timbre como si la vida le fuera en ello y abrió la puerta Alba, con un pañuelo en la mano y los ojos rojos de tanto llorar.
Alba, intentó articular palabra, pero Martín no quería más explicaciones.
Momentos antes de besarla, Martín la susurró en el oído:
-No me importa quién fuiste. Me importa quién eres.-
Se acabó lo que se daba. Paz y amor.
domingo, 31 de octubre de 2010
No a quién fuiste. Sí a quién eres. (Parte 3)
Al día siguiente, Martín se vistió con sus mejores ropas, se afeito y se perfumó con la mejor colonia que tenía. Llego al tren 20 minutos antes de lo habitual. Estaba nervioso, pero no había razón, pues era un día más de clase. Martin, sin embargo, tenía un presentimiento.
A medida que el tren se aproximaba a la parada donde se subía Alba, Martín se iba poniendo más nervioso y su corazón latía cada vez más deprisa. Apaciguaba los impulsos desmesurados de su corazón con su música, con su música. Estaba escuchando su canción favorita, pero de repente, apareció Alba.
Estaba preciosa, vestía falda larga y un jersey de punto verde. Cuando Martín se percató de su presencia, no podía articular palabra, se quedó anonadado.
-Ho… ho… hola-, dijo titubeando Martín. Fue lo único que pudo decir. No le salían las palabras.
-Hola, buenos días-, dijo Alba rebosante de felicidad y vitalidad.
El trayecto para ambos se hizo muy corto, pues empezaron a hablar y, cuando se quisieron dar cuenta, ya habían llegado a la universidad.
Aunque la parada de Alba no era la misma que la de Martín, no tenía ningún inconveniente en acompañarle hasta su facultad. Después tenía un largo camino, si, pero no le importaba ya que Martín también rondaba por su cabeza.
Mientras iban caminando, Martín se encontró con un antiguo amigo.
-¡Martín, cuánto tiempo amigo! ¿Cómo te va todo?-, dijo Luis lleno de alegría al volver a ver a Martín.
-¡Pero Luis, que mal envejeces!- dijo Martín con esa cara que delataba que estaba hablando en broma.
Al despedirse Luis y Martín, Alba se separó de ellos. Luis comentó a Martín en voz baja: -Es muy guapa Martín, tienes mucha suerte.-
Martín contestó: -¿Por qué dices eso? No es mi novia. Aunque, entre tú y yo, desearía que lo fuera-.
Al acabar las clases, Alba y Martín quedaban para coger juntos el tren de vuelta a casa. Las miradas cómplices y las leves sonrisas eran la tónica predominante en el viaje de vuelta. Martín y Alba se gustaban mucho, pero tenían miedo de estropear la amistad que tenían.
Alba, parecía que contenía mejor los sentimientos que tenía hacia Martín. Pero ironías de la vida, fue ella la que dio el primer paso.
-Martín, ya no puedo contener más mis sentimientos. Me gustas mucho, pero tengo mucho miedo a perderte como amigo.- Dijo Alba timoratamente esperando una rápida respuesta de Martín. Y así fue. Aunque Martín era un chico muy tímido, ya estaba harto de que su timidez fuera un lastre.
Martín, armado de valor, miró a Alba a los ojos, sonrió levemente y, lentamente, la besó.
-¡Martín! ¿Sabes qué significa lo que acabas de hacer?- preguntó Alba.
-Si. Significa que te quiero-.
Nada más por hoy. Paz y amor.
A medida que el tren se aproximaba a la parada donde se subía Alba, Martín se iba poniendo más nervioso y su corazón latía cada vez más deprisa. Apaciguaba los impulsos desmesurados de su corazón con su música, con su música. Estaba escuchando su canción favorita, pero de repente, apareció Alba.
Estaba preciosa, vestía falda larga y un jersey de punto verde. Cuando Martín se percató de su presencia, no podía articular palabra, se quedó anonadado.
-Ho… ho… hola-, dijo titubeando Martín. Fue lo único que pudo decir. No le salían las palabras.
-Hola, buenos días-, dijo Alba rebosante de felicidad y vitalidad.
El trayecto para ambos se hizo muy corto, pues empezaron a hablar y, cuando se quisieron dar cuenta, ya habían llegado a la universidad.
Aunque la parada de Alba no era la misma que la de Martín, no tenía ningún inconveniente en acompañarle hasta su facultad. Después tenía un largo camino, si, pero no le importaba ya que Martín también rondaba por su cabeza.
Mientras iban caminando, Martín se encontró con un antiguo amigo.
-¡Martín, cuánto tiempo amigo! ¿Cómo te va todo?-, dijo Luis lleno de alegría al volver a ver a Martín.
-¡Pero Luis, que mal envejeces!- dijo Martín con esa cara que delataba que estaba hablando en broma.
Al despedirse Luis y Martín, Alba se separó de ellos. Luis comentó a Martín en voz baja: -Es muy guapa Martín, tienes mucha suerte.-
Martín contestó: -¿Por qué dices eso? No es mi novia. Aunque, entre tú y yo, desearía que lo fuera-.
Al acabar las clases, Alba y Martín quedaban para coger juntos el tren de vuelta a casa. Las miradas cómplices y las leves sonrisas eran la tónica predominante en el viaje de vuelta. Martín y Alba se gustaban mucho, pero tenían miedo de estropear la amistad que tenían.
Alba, parecía que contenía mejor los sentimientos que tenía hacia Martín. Pero ironías de la vida, fue ella la que dio el primer paso.
-Martín, ya no puedo contener más mis sentimientos. Me gustas mucho, pero tengo mucho miedo a perderte como amigo.- Dijo Alba timoratamente esperando una rápida respuesta de Martín. Y así fue. Aunque Martín era un chico muy tímido, ya estaba harto de que su timidez fuera un lastre.
Martín, armado de valor, miró a Alba a los ojos, sonrió levemente y, lentamente, la besó.
-¡Martín! ¿Sabes qué significa lo que acabas de hacer?- preguntó Alba.
-Si. Significa que te quiero-.
Nada más por hoy. Paz y amor.
viernes, 29 de octubre de 2010
No a quién fuiste. Sí a quién eres. (Parte 2)
Alba se sentó un par de filas más atrás de donde lo había hecho Martín. Esto supuso que Martín, en algún momento u otro, si quería verla otra vez, debía desobedecer una de sus máximas. Pero el hecho en sí, a Martín le podía. No aguantaba más sin mirarla.
Martín se giró y la vio otra vez. Era guapísima, nadie lo podía negar. Justamente, Alba estaba mirando por el cristal, observando cómo el sol hacía acto de presencia en cada vez, más lugares. Alba estaba dejando de mirar por el cristal, Martín debía volver a su posición inicial. Y lo hizo, pero no a la velocidad indicada. Tal fue así, que Alba se dio cuenta y se la escapó una leve sonrisa.
Si seguimos la máxima de Martín, había quedado mal, pero si seguimos la ley natural, había hecho reír a Alba. Indirectamente, si, pero lo había hecho.
Martín siguió escuchando música y Alba se puso a leer, como si ambos se hubieran olvidado mutuamente. Pero no es así. Alba también cayó en la tentación. Cada vez que pasaba una página, levantaba la mirada hacia Martín.
Llegó la parada. Martín se bajó y emprendió un pequeño camino hasta su facultad. Al llegar, encontró a antiguos compañeros de instituto con los que entabló conversación, ya que no conocía a absolutamente nadie más en su clase. Pero Martín percibió un olor. Un olor conocido, pero que no recordaba de qué persona era. Como Martín era muy testarudo, se puso a pensar concienzudamente hasta averiguarlo. Sin resultado.
El primer día en la universidad había terminado y en el viaje de vuelta, Martín no escuchó música. Se puso a pensar. Intentaba recordar de quién era ese olor. Le resultaba muy familiar, pero no conseguía averiguarlo.
Al día siguiente, en el viaje de vuelta a casa, Martín tampoco escuchó música y siguió intentando recordar a quién pertenecía ese olor.
Martín era muy testarudo y no permitía dejar de recordar nada. Su amor propio por tanto, estaba actuando por orgullo. Orgullo personal.
Su memoria estaba fallando, y Martín se enfado consigo mismo hasta que volvió a percibir ese olor.
-¡Ese olor, otra vez! ¡Tengo que saber de quién es!-. Pensó Martín siguiendo el reguero olfativo.
A medida que avanzaba, el olor se hacía más intenso. De repente, apareció Alba.
-Hola. Me llamo Alba. Te he visto estos días en el tren. ¿Cómo te llamas?- entablando con Martín una conversación.
-Pues me llamo Martín y yo a ti también te he visto estos días-. Contestó Martín ruborizado.
Se sentaron juntos en el tren y se pusieron a hablar como si se conocieran de toda la vida. Descubrieron que tenían muchas aficiones en común.
La parada de Alba había llegado.
-Me tengo que ir. Mañana nos vemos-. Dijo Alba saliendo a la carrera.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Martín se giró y la vio otra vez. Era guapísima, nadie lo podía negar. Justamente, Alba estaba mirando por el cristal, observando cómo el sol hacía acto de presencia en cada vez, más lugares. Alba estaba dejando de mirar por el cristal, Martín debía volver a su posición inicial. Y lo hizo, pero no a la velocidad indicada. Tal fue así, que Alba se dio cuenta y se la escapó una leve sonrisa.
Si seguimos la máxima de Martín, había quedado mal, pero si seguimos la ley natural, había hecho reír a Alba. Indirectamente, si, pero lo había hecho.
Martín siguió escuchando música y Alba se puso a leer, como si ambos se hubieran olvidado mutuamente. Pero no es así. Alba también cayó en la tentación. Cada vez que pasaba una página, levantaba la mirada hacia Martín.
Llegó la parada. Martín se bajó y emprendió un pequeño camino hasta su facultad. Al llegar, encontró a antiguos compañeros de instituto con los que entabló conversación, ya que no conocía a absolutamente nadie más en su clase. Pero Martín percibió un olor. Un olor conocido, pero que no recordaba de qué persona era. Como Martín era muy testarudo, se puso a pensar concienzudamente hasta averiguarlo. Sin resultado.
El primer día en la universidad había terminado y en el viaje de vuelta, Martín no escuchó música. Se puso a pensar. Intentaba recordar de quién era ese olor. Le resultaba muy familiar, pero no conseguía averiguarlo.
Al día siguiente, en el viaje de vuelta a casa, Martín tampoco escuchó música y siguió intentando recordar a quién pertenecía ese olor.
Martín era muy testarudo y no permitía dejar de recordar nada. Su amor propio por tanto, estaba actuando por orgullo. Orgullo personal.
Su memoria estaba fallando, y Martín se enfado consigo mismo hasta que volvió a percibir ese olor.
-¡Ese olor, otra vez! ¡Tengo que saber de quién es!-. Pensó Martín siguiendo el reguero olfativo.
A medida que avanzaba, el olor se hacía más intenso. De repente, apareció Alba.
-Hola. Me llamo Alba. Te he visto estos días en el tren. ¿Cómo te llamas?- entablando con Martín una conversación.
-Pues me llamo Martín y yo a ti también te he visto estos días-. Contestó Martín ruborizado.
Se sentaron juntos en el tren y se pusieron a hablar como si se conocieran de toda la vida. Descubrieron que tenían muchas aficiones en común.
La parada de Alba había llegado.
-Me tengo que ir. Mañana nos vemos-. Dijo Alba saliendo a la carrera.
Nada más por hoy. Paz y amor.
miércoles, 27 de octubre de 2010
No a quién fuiste. Sí a quién eres. (Parte 1)
Martín empezaba la universidad. Estaba contento porque por fin iba a estudiar lo que quería.
Pero este hecho, tenía como consecuencia un inconveniente: La universidad quedaba a más de una hora de trayecto en tren.
Para Martín esto no suponía un gran problema. Tenía que levantarse muy pronto, eso sí, pero la satisfacción y realización que sentía eran impagables.
Iba solo en el tren, no le hacía falta nada más. Algún día que otro echaba alguna cabezadita en el trayecto, pero la mayoría de las veces, iba escuchando música para ir entonándose anímicamente.
Personalmente no se podía quejar. Tenía una familia que siempre le apoyaba y un par de buenos amigos en los que siempre podía confiar. Sentimentalmente estaba, como me dijo una vez, –sin rumbo y a la deriva-.
Ninguna de las experiencias amorosas que tuvo salió bien. Todas las relaciones que tuvo, de alguna manera u otra, cojeaban de alguna de las múltiples patas que el amor tiene. Tras su última relación opinó, que ya no creía en el amor, que sólo algunos suertudos lo encuentran y que, tipos como él, viven en la soledad más absoluta.
Un martes cualquiera, iba en el tren, mientras sonaba su canción favorita y articulando con sus manos el solo de guitarra de la canción. De repente, el tren llegó a una de las estaciones y subió a él Alba, una joven de pelo castaño y de más o menos alta estatura, con una carpeta en la mano y el bolso colgado en su hombro.
Por arte de magia, Martín se hipnotizó absolutamente y quedó prendado de ella al segundo.
Martín tenía una máxima con las chicas: Nunca te des la vuelta para mirar a una chica. Y así fue. Alba pasó a su lado y Martín tuvo que contener la mirada, como si hubiera una pared entre él y ella. Cuando pasó por su lado, a Martín se le escapó una sonrisa. El olor embriagador de Alba parecía llevarle al paraíso.
Nada más por hoy. Paz y amor. Y continuará...
Pero este hecho, tenía como consecuencia un inconveniente: La universidad quedaba a más de una hora de trayecto en tren.
Para Martín esto no suponía un gran problema. Tenía que levantarse muy pronto, eso sí, pero la satisfacción y realización que sentía eran impagables.
Iba solo en el tren, no le hacía falta nada más. Algún día que otro echaba alguna cabezadita en el trayecto, pero la mayoría de las veces, iba escuchando música para ir entonándose anímicamente.
Personalmente no se podía quejar. Tenía una familia que siempre le apoyaba y un par de buenos amigos en los que siempre podía confiar. Sentimentalmente estaba, como me dijo una vez, –sin rumbo y a la deriva-.
Ninguna de las experiencias amorosas que tuvo salió bien. Todas las relaciones que tuvo, de alguna manera u otra, cojeaban de alguna de las múltiples patas que el amor tiene. Tras su última relación opinó, que ya no creía en el amor, que sólo algunos suertudos lo encuentran y que, tipos como él, viven en la soledad más absoluta.
Un martes cualquiera, iba en el tren, mientras sonaba su canción favorita y articulando con sus manos el solo de guitarra de la canción. De repente, el tren llegó a una de las estaciones y subió a él Alba, una joven de pelo castaño y de más o menos alta estatura, con una carpeta en la mano y el bolso colgado en su hombro.
Por arte de magia, Martín se hipnotizó absolutamente y quedó prendado de ella al segundo.
Martín tenía una máxima con las chicas: Nunca te des la vuelta para mirar a una chica. Y así fue. Alba pasó a su lado y Martín tuvo que contener la mirada, como si hubiera una pared entre él y ella. Cuando pasó por su lado, a Martín se le escapó una sonrisa. El olor embriagador de Alba parecía llevarle al paraíso.
Nada más por hoy. Paz y amor. Y continuará...
martes, 19 de octubre de 2010
Te odio/quiero mucho.
“A veces te mataría
y otras en cambio te quiero comer.
Me estás quitando la vida.”
(Amaral-Cómo hablar)
¿A que alguna vez te has sentido como Eva Amaral? ¿A que alguna vez te has enfadado a más no poder con la persona que más quieres? ¿A que alguna vez has hecho lo imposible para satisfacer a la misma persona con la que te enfadaste al máximo?
La respuesta múltiple a las tres preguntas recién mencionadas es un claro, rotundo y simple “si”.
A lo largo de la historia se ha observado que el ser humano se ha caracterizado por ser un ser de contrastes. Si una persona decía “sí”, siempre había otra que decía “no”. A lo que en verdad me quiero referir es a esas veces en las que primero dices “si” y luego dices “no”. O, primero te quiero, después te odio o viceversa. Vamos, el contraste personificado.
Sé que todo el mundo tiene una personita especial en mente por la que tiene un cariño especial. Por eso no queremos que nada ni nadie la perturbe. Porque la quieres.
“A veces te mataría”, porque existen veces en las que haces alguna tontería, te pasas de la raya, o dices algo que me ha herido. Yo, me he sentido herido y me ha dolido mucho. No me esperaba que me hicieras esto.
Me pides perdón diciendo que lo siente mucho, y yo, cual relámpago, te acepto el perdón sin ningún titubeo o resquicio de enfado.
“Y otras en cambio te quiero comer”, porque también me haces reír, sino, no me mereces la pena para nada. Me lo paso genial contigo, y siento que tengo un cariño muy especial por ti. Hay momentos en los que no me importaría para nada pasar la vida junto a ti.
“Me estás quitando la vida”, porque muchas veces me acuerdo de ti con alguna canción o algún signo característico tuyo, y pienso si sería posible algo más que una amistad, pero a la vez pienso que si ocurriese algo y por algún casual saliese mal, nuestra amistad se destrozaría cual cristal contra el suelo.
Siempre hago lo que me pides y pierdo el cul* por verte sonreír. En serio, se me queda cara de subnormal.
Sin duda, todos sentimos o hemos sentido algo similar a lo que Eva Amaral un día sintió.
Nada más por hoy. Paz y amor.
y otras en cambio te quiero comer.
Me estás quitando la vida.”
(Amaral-Cómo hablar)
¿A que alguna vez te has sentido como Eva Amaral? ¿A que alguna vez te has enfadado a más no poder con la persona que más quieres? ¿A que alguna vez has hecho lo imposible para satisfacer a la misma persona con la que te enfadaste al máximo?
La respuesta múltiple a las tres preguntas recién mencionadas es un claro, rotundo y simple “si”.
A lo largo de la historia se ha observado que el ser humano se ha caracterizado por ser un ser de contrastes. Si una persona decía “sí”, siempre había otra que decía “no”. A lo que en verdad me quiero referir es a esas veces en las que primero dices “si” y luego dices “no”. O, primero te quiero, después te odio o viceversa. Vamos, el contraste personificado.
Sé que todo el mundo tiene una personita especial en mente por la que tiene un cariño especial. Por eso no queremos que nada ni nadie la perturbe. Porque la quieres.
“A veces te mataría”, porque existen veces en las que haces alguna tontería, te pasas de la raya, o dices algo que me ha herido. Yo, me he sentido herido y me ha dolido mucho. No me esperaba que me hicieras esto.
Me pides perdón diciendo que lo siente mucho, y yo, cual relámpago, te acepto el perdón sin ningún titubeo o resquicio de enfado.
“Y otras en cambio te quiero comer”, porque también me haces reír, sino, no me mereces la pena para nada. Me lo paso genial contigo, y siento que tengo un cariño muy especial por ti. Hay momentos en los que no me importaría para nada pasar la vida junto a ti.
“Me estás quitando la vida”, porque muchas veces me acuerdo de ti con alguna canción o algún signo característico tuyo, y pienso si sería posible algo más que una amistad, pero a la vez pienso que si ocurriese algo y por algún casual saliese mal, nuestra amistad se destrozaría cual cristal contra el suelo.
Siempre hago lo que me pides y pierdo el cul* por verte sonreír. En serio, se me queda cara de subnormal.
Sin duda, todos sentimos o hemos sentido algo similar a lo que Eva Amaral un día sintió.
Nada más por hoy. Paz y amor.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Mineros, bienvenidos a la vida.
El mundo es una paradoja constante. Si bien a veces el mundo puede ser un horror, también puede ser lo más bello. Y hoy, es bellísimo.
El pasado 5 de Agosto se rozó una tragedia. En una mina en el Desierto de Atacama (Chile), el desierto más árido del mundo, 33 mineros quedaron atrapados bajo cientos de toneladas de rocas a 700 metros bajo el suelo. No había resquicios para la esperanza, pues les daban por desaparecidos. Estaban en manos del destino. Lo que nadie sabe es que ese mismo día, se empezó a escribir una heroicidad.
Equipos de rescate llegan al punto de la catástrofe, donde consiguen contactar con los atrapados mediante una chimenea de respiración. Se da un paso atrás cuando esa misma chimenea queda sepultada tras un nuevo derrumbe. Las esperanzas de las personas que intentaban un rescate, quedaron destrozadas.
Se pone en marcha un plan "B" para contactar con los mineros a través de una sonda que, tras algunos contratiempos, alcanza su objetivo y llega a la localización de los mineros. -Estamos bien en el refugio los 33.-, dice un mensaje enviado por los mineros, tras la llegada de la sonda. El presidente de Chile, Sebastián Piñera viaja a la mina y dice que el rescate tardará entre tres y cuatro meses en realizarse.
Las primeras imágenes de los mineros, llega a la luz, donde se ven 33 personas demacradas, con largas barbas y extremadamente delgadas. Se desplazan al lugar 3 máquinas perforadoras que logran excavar entre 15 y 20 metros al día, tratando de preservar la estructura de la mina, donde un nuevo derrumbe sería fatal.
El día 9 de Octubre, las máquinas llegan a la localización de los mineros, donde empiezan a reforzar el orificio de 66 centímetros de diámetro para que, la cápsula de 430 kilos, pueda deslizarse con “facilidad”.
Muchos países han contribuido como Alemania, entregando el cable de acero necesario para tirar de la cápsula hasta la superficie. O Estados Unidos, con la NASA, aportando comidas y técnicas espaciales necesarias para los mineros.
Entre hoy y mañana, el rescate quedará concluido y se verá una vez más, que en estos casos, no existe condición, ni raza, ni nacionalidad. Cuando alguien necesita ayuda, siempre habrá alguien que le proporcionará la ayuda que necesita.
Nada más por hoy. Paz y amor. Mineros, bienvenidos a la vida de nuevo.
El pasado 5 de Agosto se rozó una tragedia. En una mina en el Desierto de Atacama (Chile), el desierto más árido del mundo, 33 mineros quedaron atrapados bajo cientos de toneladas de rocas a 700 metros bajo el suelo. No había resquicios para la esperanza, pues les daban por desaparecidos. Estaban en manos del destino. Lo que nadie sabe es que ese mismo día, se empezó a escribir una heroicidad.
Equipos de rescate llegan al punto de la catástrofe, donde consiguen contactar con los atrapados mediante una chimenea de respiración. Se da un paso atrás cuando esa misma chimenea queda sepultada tras un nuevo derrumbe. Las esperanzas de las personas que intentaban un rescate, quedaron destrozadas.
Se pone en marcha un plan "B" para contactar con los mineros a través de una sonda que, tras algunos contratiempos, alcanza su objetivo y llega a la localización de los mineros. -Estamos bien en el refugio los 33.-, dice un mensaje enviado por los mineros, tras la llegada de la sonda. El presidente de Chile, Sebastián Piñera viaja a la mina y dice que el rescate tardará entre tres y cuatro meses en realizarse.
Las primeras imágenes de los mineros, llega a la luz, donde se ven 33 personas demacradas, con largas barbas y extremadamente delgadas. Se desplazan al lugar 3 máquinas perforadoras que logran excavar entre 15 y 20 metros al día, tratando de preservar la estructura de la mina, donde un nuevo derrumbe sería fatal.
El día 9 de Octubre, las máquinas llegan a la localización de los mineros, donde empiezan a reforzar el orificio de 66 centímetros de diámetro para que, la cápsula de 430 kilos, pueda deslizarse con “facilidad”.
Muchos países han contribuido como Alemania, entregando el cable de acero necesario para tirar de la cápsula hasta la superficie. O Estados Unidos, con la NASA, aportando comidas y técnicas espaciales necesarias para los mineros.
Entre hoy y mañana, el rescate quedará concluido y se verá una vez más, que en estos casos, no existe condición, ni raza, ni nacionalidad. Cuando alguien necesita ayuda, siempre habrá alguien que le proporcionará la ayuda que necesita.
Nada más por hoy. Paz y amor. Mineros, bienvenidos a la vida de nuevo.
lunes, 11 de octubre de 2010
Grupis.
Primero, pido perdón a Rubén y Leiva (Pereza) por plagiarles el título de su canción, pero entendedme, no se me ocurría otra cosa. Muchas gracias.
Resulta, cuanto menos, curioso, cómo resultas en la vida para según qué personas.
Creo que la frase no es muy entendible que digamos. Yo me he entendido, pero como esto no va de que yo lo entienda, sino que todo el mundo lo entienda, lo explico más y mejor.
Cuando una persona nace y con los años va creciendo, experimenta la sensación del cole, un lugar donde se aprenden cosas y se juega con otros niños. Cuando salen tras acabar el día, hablan de esos compañeros como "amigos". Ese término es muy traicionero, porque en verdad a lo largo de la vida no sabemos precisa y exactamente cuál es la definición del concepto "amigo/a".
De acuerdo, aceptemos la premisa de que sí, de que son tus amigos. Excelente. Tienes personas afines a ti, que te comprenden y te hacen feliz durante una etapa de tu vida.
Eres feliz, tienes amigos.
La persona que se ha hecho amigo de ti, en teoría, debe pensar lo mismo, que tiene una persona muy cercana con la que, durante el máximo tiempo que pasa con él, se siente plenamente feliz. Convivís durante la mejor etapa de vuestra vida y ambos sentís que ya habéis encontrado al mejor amigo que jamás podíais tener.
Luego están otro tipo de personas, que no consideras amigos, pero ellos para ti sí que eres su amigo. A ti nunca te apetece quedar con ellos, pero con reticencia, quedas.
Estás aburrido toda la tarde, tratando de ser lo más simpático posible, pero no hay manera. Pasarán siglos hasta que vuelvas a quedar con ellos.
Después hay un grupo muy cachondo. Gente que conoces en el colegio/instituto/añadir centro de estudios que te agregan al Tuenti y, únicamente te hablan mediante esa vía. Pasados un par de días te lo encuentras en la calle y no te dedican ni una mirada. Es gracioso.
Y luego está el mejor grupo de todos con diferencia. Son gente que sí, te conocen y esas cosas, pero sólo te hablan cuando quieren algo. Nunca en la vida te dedican nada, y un día cualquiera, te abren conversación en Messenger y te dicen:
-¡Hola, cuánto tiempo!-
Tú, obviamente, ya te sabes la jugada, así que tienes varias opciones:
1. Le hablas, entablando una conversación esperando al milagro por el cual esta conversación no tenga fines secundarios (que quiera algo).
2. No le hablas y solamente, pasado un rato le dices un –Lo siento, me tengo que ir-, huyendo de una conversación que posiblemente, fuera para conseguir algo.
3. O directamente, te conviertes en un sumiso y le das aquello que quiere y para el cual te ha hablado.
Yo sinceramente, estoy un poco harto de los dos últimos grupos. El 2º grupo aún me provoca compasión, pero sin lugar a dudas, el primero es el único de todos por el que voy a luchar de verdad en mi vida.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Resulta, cuanto menos, curioso, cómo resultas en la vida para según qué personas.
Creo que la frase no es muy entendible que digamos. Yo me he entendido, pero como esto no va de que yo lo entienda, sino que todo el mundo lo entienda, lo explico más y mejor.
Cuando una persona nace y con los años va creciendo, experimenta la sensación del cole, un lugar donde se aprenden cosas y se juega con otros niños. Cuando salen tras acabar el día, hablan de esos compañeros como "amigos". Ese término es muy traicionero, porque en verdad a lo largo de la vida no sabemos precisa y exactamente cuál es la definición del concepto "amigo/a".
De acuerdo, aceptemos la premisa de que sí, de que son tus amigos. Excelente. Tienes personas afines a ti, que te comprenden y te hacen feliz durante una etapa de tu vida.
Eres feliz, tienes amigos.
La persona que se ha hecho amigo de ti, en teoría, debe pensar lo mismo, que tiene una persona muy cercana con la que, durante el máximo tiempo que pasa con él, se siente plenamente feliz. Convivís durante la mejor etapa de vuestra vida y ambos sentís que ya habéis encontrado al mejor amigo que jamás podíais tener.
Luego están otro tipo de personas, que no consideras amigos, pero ellos para ti sí que eres su amigo. A ti nunca te apetece quedar con ellos, pero con reticencia, quedas.
Estás aburrido toda la tarde, tratando de ser lo más simpático posible, pero no hay manera. Pasarán siglos hasta que vuelvas a quedar con ellos.
Después hay un grupo muy cachondo. Gente que conoces en el colegio/instituto/añadir centro de estudios que te agregan al Tuenti y, únicamente te hablan mediante esa vía. Pasados un par de días te lo encuentras en la calle y no te dedican ni una mirada. Es gracioso.
Y luego está el mejor grupo de todos con diferencia. Son gente que sí, te conocen y esas cosas, pero sólo te hablan cuando quieren algo. Nunca en la vida te dedican nada, y un día cualquiera, te abren conversación en Messenger y te dicen:
-¡Hola, cuánto tiempo!-
Tú, obviamente, ya te sabes la jugada, así que tienes varias opciones:
1. Le hablas, entablando una conversación esperando al milagro por el cual esta conversación no tenga fines secundarios (que quiera algo).
2. No le hablas y solamente, pasado un rato le dices un –Lo siento, me tengo que ir-, huyendo de una conversación que posiblemente, fuera para conseguir algo.
3. O directamente, te conviertes en un sumiso y le das aquello que quiere y para el cual te ha hablado.
Yo sinceramente, estoy un poco harto de los dos últimos grupos. El 2º grupo aún me provoca compasión, pero sin lugar a dudas, el primero es el único de todos por el que voy a luchar de verdad en mi vida.
Nada más por hoy. Paz y amor.
viernes, 8 de octubre de 2010
Happy birthday to John.
Hoy no. Hoy no toca entrada ordinaria. Hoy toca una extraordinaria. Ya entenderéis por qué.
Todo en la vida está interconectado, por muy alejadas posturas o distancias que se den.
Empiezo.
En los Reyes de 1996 mi vida y la de John Lennon empezaron a juntarse poco a poco. A mí, los Reyes me trajeron una bicicleta y a mi padre, un CD de John Lennon. Al principio, no le presté mucha importancia al dato en sí del disco, pero al cabo del tiempo, me dio por escucharle.
Cuán sorpresa fue la mía que me maravilló. Puedes escuchar una canción y decir: -Bueno, no está mal, parece chula-, o -Qué chula-. Tarde o temprano te acabas cansando esas canciones.
Las canciones de éste individuo nunca cansan, cada vez te provocan más adicción. Pues así fue.
Desde ese día hasta hoy esa adicción sigue latente.
Hoy hace 70 años que nació John Lennon. Hace 70 años que nació un mito. Hace 70 años que aún se conserva.
John Lennon marcó un "antes" y un "después" en la música, junto con Elvis Presley, Queen y alguno más que me dejo. (Espero que me perdonéis que se me olvide alguno)
El joven Lennon, con tan sólo 20 años se unió a Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison formando un grupo de gracioso nombre en español: Los escarabajos. (The Beatles)
10 años duró el grupo, el tiempo suficiente para que se dieran a conocer por todo el mundo y millones de personas escucharan sus melodías. Al principio, las canciones eran para quinceañeras que, al escucharlas, se volvían locas, pero con el paso del tiempo, su música se centró en otros temas.
Cuando en 1968, conoció a la japonesa Yoko Ono, su vida cambió radicalmente. En 1969 se casó con ella y en 1970 abandonó el grupo The Beatles. No pienso entrar en los motivos por lo que dejó la banda. La dejó y punto.
Al haber conocido a Ono, reflexionó sobre la vida. Ya no importaba la fama, sino decir lo que sentía, por eso sus canciones sufrieron una metamorfosis y empezaron a hablar de temas como la paz, el amor o el fin de las guerras. Después de esta reflexión vienen, a mi juicio, las mejores canciones jamás oídas por un cantante. “Imagine”, “Woman” o “Jealous guy” son las más brillantes canciones de John Lennon, reitero, bajo mi punto de vista.
Lennon realizó muchas campañas en pro de la paz, de la integridad de la persona o del fin de los conflictos. Así en las Navidades de 1971 lanzó el éxito “Happy Xmas (War is over)”, donde el videoclip, si tenéis oportunidad de ver, te pone los pelos de punta.
La vida de Lennon se truncó en el edificio Dakota, en Nueva York, donde un individuo llamado Mark David Chapman disparó a Lennon un 9 de Diciembre de 1980. Las razones que dio, se pueden leer en una entrevista que concedió el propio Chapman:
"Oí una voz que me decía: "Hazlo, hazlo. Y al verlo pasar, saqué el revólver y apreté el gatillo cinco veces seguidas. Yo era un don nadie hasta que asesiné al tipo más grande de la Tierra.
Siento que ahora, a los 53, tengo una mayor comprensión de lo que es una vida humana, he cambiado mucho. Estoy avergonzado. Ese es mi primer pensamiento. Lamento lo que hice.”
Podría estar hablando millones de horas sobre la vida de John Lennon, pero os parecería aburrido. Sólo pretendo dar un pequeño homenaje a uno de los mejores cantantes que la música ha podido dar.
Muchas felicidades John. Donde quiera que estés, nunca te olvidaremos. Tu espíritu vivirá para siempre. Gracias a ti y gracias a mi padre, que me permitió conocerte.
Se acabó lo que se daba. Hoy, más que nunca, paz y amor.
Todo en la vida está interconectado, por muy alejadas posturas o distancias que se den.
Empiezo.
En los Reyes de 1996 mi vida y la de John Lennon empezaron a juntarse poco a poco. A mí, los Reyes me trajeron una bicicleta y a mi padre, un CD de John Lennon. Al principio, no le presté mucha importancia al dato en sí del disco, pero al cabo del tiempo, me dio por escucharle.
Cuán sorpresa fue la mía que me maravilló. Puedes escuchar una canción y decir: -Bueno, no está mal, parece chula-, o -Qué chula-. Tarde o temprano te acabas cansando esas canciones.
Las canciones de éste individuo nunca cansan, cada vez te provocan más adicción. Pues así fue.
Desde ese día hasta hoy esa adicción sigue latente.
Hoy hace 70 años que nació John Lennon. Hace 70 años que nació un mito. Hace 70 años que aún se conserva.
John Lennon marcó un "antes" y un "después" en la música, junto con Elvis Presley, Queen y alguno más que me dejo. (Espero que me perdonéis que se me olvide alguno)
El joven Lennon, con tan sólo 20 años se unió a Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison formando un grupo de gracioso nombre en español: Los escarabajos. (The Beatles)
10 años duró el grupo, el tiempo suficiente para que se dieran a conocer por todo el mundo y millones de personas escucharan sus melodías. Al principio, las canciones eran para quinceañeras que, al escucharlas, se volvían locas, pero con el paso del tiempo, su música se centró en otros temas.
Cuando en 1968, conoció a la japonesa Yoko Ono, su vida cambió radicalmente. En 1969 se casó con ella y en 1970 abandonó el grupo The Beatles. No pienso entrar en los motivos por lo que dejó la banda. La dejó y punto.
Al haber conocido a Ono, reflexionó sobre la vida. Ya no importaba la fama, sino decir lo que sentía, por eso sus canciones sufrieron una metamorfosis y empezaron a hablar de temas como la paz, el amor o el fin de las guerras. Después de esta reflexión vienen, a mi juicio, las mejores canciones jamás oídas por un cantante. “Imagine”, “Woman” o “Jealous guy” son las más brillantes canciones de John Lennon, reitero, bajo mi punto de vista.
Lennon realizó muchas campañas en pro de la paz, de la integridad de la persona o del fin de los conflictos. Así en las Navidades de 1971 lanzó el éxito “Happy Xmas (War is over)”, donde el videoclip, si tenéis oportunidad de ver, te pone los pelos de punta.
La vida de Lennon se truncó en el edificio Dakota, en Nueva York, donde un individuo llamado Mark David Chapman disparó a Lennon un 9 de Diciembre de 1980. Las razones que dio, se pueden leer en una entrevista que concedió el propio Chapman:
"Oí una voz que me decía: "Hazlo, hazlo. Y al verlo pasar, saqué el revólver y apreté el gatillo cinco veces seguidas. Yo era un don nadie hasta que asesiné al tipo más grande de la Tierra.
Siento que ahora, a los 53, tengo una mayor comprensión de lo que es una vida humana, he cambiado mucho. Estoy avergonzado. Ese es mi primer pensamiento. Lamento lo que hice.”
Podría estar hablando millones de horas sobre la vida de John Lennon, pero os parecería aburrido. Sólo pretendo dar un pequeño homenaje a uno de los mejores cantantes que la música ha podido dar.
Muchas felicidades John. Donde quiera que estés, nunca te olvidaremos. Tu espíritu vivirá para siempre. Gracias a ti y gracias a mi padre, que me permitió conocerte.
Se acabó lo que se daba. Hoy, más que nunca, paz y amor.
martes, 5 de octubre de 2010
40 minutos y un papel.
Dani y Laura eran una pareja normal y totalmente asentada. Ambos se querían muchísimo y no había nada que pudiera destruir todo lo que juntos, habían construido.
Como la mayoría de los viernes, Dani y Laura quedaban para pasar juntos la tarde. Solían dar una vuelta por el centro, ver escaparates o pasar por tiendas para que Laura mirara alguna cosilla para comprarse.
Un viernes cualquiera, como era costumbre, habían quedado a las 5 donde siempre. Laura llegó 5 minutos tarde, cosa que hacía siempre que quedaban.
Pero quien no estaba era Dani, aún no había llegado. Y era raro, pues Dani siempre llegaba puntual a las citas.
Transcurridos 10 minutos, Laura decidió dar un toque a Dani, para que supiera que llegaba tarde. Dani seguía sin aparecer. Laura se empezaba a impacientar.
A la media hora, Laura decidió ir a casa de Dani para ver, si por algún casual, seguía en casa.
Laura tocó el timbre y la madre de Dani abrió la puerta:
-Buenas tardes Rosa, ¿está Dani en casa?- preguntó Laura.
-¡Hola Laura! Sí, sí, Dani está en casa. Pasa mujer, no te quedes en la calle- respondió Rosa, la madre de Dani.
Rosa se sorprendió mucho de que Laura estuviera en casa, precisamente, para buscar a Dani. No obstante, dijo a Laura:
-Puedes subir, ya sabes dónde está la habitación de Dani. Ya sabes que estás en tu casa-.
Laura subió las escaleras y llegó al primer piso, donde al fondo a la derecha, se encontraba la habitación de Dani. Laura tocó la puerta y pasó sin demora diciendo:
-Oye majo, hace 40 minutos que habíamos quedado. Te parecerá bonito, ¿no?-.
Dani, al verla, se percató de que era tarde. Muy tarde. Escondió un papel y esbozó una sonrisa de pícaro.
-Hola preciosa. Siento lo que ha pasado. No volverá a pasar más- dijo Dani mientras daba un beso a Laura.
Laura había visto que Dani escondía algo en el bolsillo de su pantalón, a lo que le preguntó:
-¿Qué es ese papel?-.
-Hmmm...No es nada. Venga, vámonos ya.- dijo Dani quitando hierro al tema.
-Dame el papel, yo también lo quiero leer- afirmo Laura tajante, pero a la vez, dubitativa.
Dani, se vio entre la espada y la pared, así que tuvo que darle aquel papel.
Laura, lo leyó para sí misma. El papel estaba escrito por más de una cara.
“Laura:
Hace más de un año tomé una de las decisiones de las que más me alegro haber tomado. Unir mi vida a la tuya. Durante este tiempo me has brindado lo mejor de ti, lo más adentro de ti, y de verdad, es bellísimo. No tengo palabras para agradecerte todo lo que significas para mí.
Al igual, no tengo palabras para expresar todo lo que siento por ti. La mejor palabra del mundo se queda a años luz de lo que yo siento, así que, lo siento, no puedo decirte todo lo que siento porque la palabra que lo define no existe.
Siento también que no exista una cifra que exprese la cantidad de amor que estoy dispuesto a darte. El número infinito no es nada comparado con lo que estoy preparado para darte.
Aún no doy crédito por qué me elegiste a mí. Tú, de pelo rubio y liso, de sonrisa de porcelana, de labios tiernos y dulces.
Tu piel suave es la carretera perfecta por la que mis dedos no se cansan de recorrer kilómetros y kilómetros. Tus manos son tan delicadas que siento que se van a romper con sólo mirarlas.
Tu olor es tan bello que se me ha tatuado en el corazón. Cada vez que huelo ese olor en la calle, deseo que seas tú, pero nunca estás.
Todo eso eres tú, y yo, ¿quién soy yo? El tipo más normal del mundo. Aún no lo entiendo, pero vivo tremendamente feliz dentro de esa ignorancia.
No sabes hasta qué punto dependo de ti. Si tú estás bien, yo estoy bien. Si tú lloras, yo lloro.
Acompáñame en este viaje que, yo solo, me pierdo. Toma mi mano, cógela sin miedo. Vamos juntos de la mano hasta el fin del mundo.
No lo dudes. Te he amado, te amo y siempre te amaré.
Dani.”
Laura, simplemente, no daba crédito a lo que acababa de leer. Simplemente, se lo comía a besos.
Dani la interrumpió diciendo:
-Te debo 40 minutos. Te lo pagaré con una vida-.
Como la mayoría de los viernes, Dani y Laura quedaban para pasar juntos la tarde. Solían dar una vuelta por el centro, ver escaparates o pasar por tiendas para que Laura mirara alguna cosilla para comprarse.
Un viernes cualquiera, como era costumbre, habían quedado a las 5 donde siempre. Laura llegó 5 minutos tarde, cosa que hacía siempre que quedaban.
Pero quien no estaba era Dani, aún no había llegado. Y era raro, pues Dani siempre llegaba puntual a las citas.
Transcurridos 10 minutos, Laura decidió dar un toque a Dani, para que supiera que llegaba tarde. Dani seguía sin aparecer. Laura se empezaba a impacientar.
A la media hora, Laura decidió ir a casa de Dani para ver, si por algún casual, seguía en casa.
Laura tocó el timbre y la madre de Dani abrió la puerta:
-Buenas tardes Rosa, ¿está Dani en casa?- preguntó Laura.
-¡Hola Laura! Sí, sí, Dani está en casa. Pasa mujer, no te quedes en la calle- respondió Rosa, la madre de Dani.
Rosa se sorprendió mucho de que Laura estuviera en casa, precisamente, para buscar a Dani. No obstante, dijo a Laura:
-Puedes subir, ya sabes dónde está la habitación de Dani. Ya sabes que estás en tu casa-.
Laura subió las escaleras y llegó al primer piso, donde al fondo a la derecha, se encontraba la habitación de Dani. Laura tocó la puerta y pasó sin demora diciendo:
-Oye majo, hace 40 minutos que habíamos quedado. Te parecerá bonito, ¿no?-.
Dani, al verla, se percató de que era tarde. Muy tarde. Escondió un papel y esbozó una sonrisa de pícaro.
-Hola preciosa. Siento lo que ha pasado. No volverá a pasar más- dijo Dani mientras daba un beso a Laura.
Laura había visto que Dani escondía algo en el bolsillo de su pantalón, a lo que le preguntó:
-¿Qué es ese papel?-.
-Hmmm...No es nada. Venga, vámonos ya.- dijo Dani quitando hierro al tema.
-Dame el papel, yo también lo quiero leer- afirmo Laura tajante, pero a la vez, dubitativa.
Dani, se vio entre la espada y la pared, así que tuvo que darle aquel papel.
Laura, lo leyó para sí misma. El papel estaba escrito por más de una cara.
“Laura:
Hace más de un año tomé una de las decisiones de las que más me alegro haber tomado. Unir mi vida a la tuya. Durante este tiempo me has brindado lo mejor de ti, lo más adentro de ti, y de verdad, es bellísimo. No tengo palabras para agradecerte todo lo que significas para mí.
Al igual, no tengo palabras para expresar todo lo que siento por ti. La mejor palabra del mundo se queda a años luz de lo que yo siento, así que, lo siento, no puedo decirte todo lo que siento porque la palabra que lo define no existe.
Siento también que no exista una cifra que exprese la cantidad de amor que estoy dispuesto a darte. El número infinito no es nada comparado con lo que estoy preparado para darte.
Aún no doy crédito por qué me elegiste a mí. Tú, de pelo rubio y liso, de sonrisa de porcelana, de labios tiernos y dulces.
Tu piel suave es la carretera perfecta por la que mis dedos no se cansan de recorrer kilómetros y kilómetros. Tus manos son tan delicadas que siento que se van a romper con sólo mirarlas.
Tu olor es tan bello que se me ha tatuado en el corazón. Cada vez que huelo ese olor en la calle, deseo que seas tú, pero nunca estás.
Todo eso eres tú, y yo, ¿quién soy yo? El tipo más normal del mundo. Aún no lo entiendo, pero vivo tremendamente feliz dentro de esa ignorancia.
No sabes hasta qué punto dependo de ti. Si tú estás bien, yo estoy bien. Si tú lloras, yo lloro.
Acompáñame en este viaje que, yo solo, me pierdo. Toma mi mano, cógela sin miedo. Vamos juntos de la mano hasta el fin del mundo.
No lo dudes. Te he amado, te amo y siempre te amaré.
Dani.”
Laura, simplemente, no daba crédito a lo que acababa de leer. Simplemente, se lo comía a besos.
Dani la interrumpió diciendo:
-Te debo 40 minutos. Te lo pagaré con una vida-.
sábado, 2 de octubre de 2010
Perdono, pero no olvido.
Es, cuanto menos curioso, la manera de actuar de las personas. 1800 millones de años de evolución y muchas personas siguen actuando como los primeros homínidos.
Cuando las personas entablan conversaciones, se intercambian ideas, sentimientos, expresiones. Hasta aquí todo normal. Pero en el mismo acto comunicativo, lanzamos frases que de nuestro interior salen como pequeño petardo (para hacer la broma), pero cuando esa frase ha llegado al receptor, ese pequeño petardo se ha convertido en una bomba nuclear. Lejos de intentar causar gracia, ha causado devastación y ante todo, cabreo.
Después del cabreo llega la impotencia, esa fase en la que piensas el por qué de esa bomba, pero claro, no puedes reprochar nada, porque te ponen de borde para arriba, así que te callas y apechugas, buscando un método evasivo para completar el olvido.
(Ahora viene la parte cachonda)
Después de haberte olvidado de la conversación, el emisor de la bomba atómica vuelve a la carga, pero ahora, por lo que se ve, viene en son de paz.
Siempre que vuelve, en toda circunstancia similar a esta, lanza la siguiente frase:
¿Estás enfadado?
¿Que si estoy enfadado? ¿Se te ocurre tirar semejante mierd* encima mía y me preguntas que si me he enfadado? Ante tal despropósito, tienes dos opciones: Reír o llorar. Para sacar el lado positivo a las cosas, hay que reírse, porque si no, arruinaríamos a cualquier empresa productora de pañuelos de papel. Para evitar lanzar la contestación a la bomba nuclear, aún más fuerte, tú, que eres diplomático, sopesas las consecuencias y otra vez más, le perdonas la vida al oponente.
Si piensas las cosas calmadamente y usando el raciocinio, esas personas dan mucha pena, porque lejos de herir al prójimo, se están hiriendo a ellos mismos. Si realmente esa persona no te importa, que te resbale el asunto.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Cuando las personas entablan conversaciones, se intercambian ideas, sentimientos, expresiones. Hasta aquí todo normal. Pero en el mismo acto comunicativo, lanzamos frases que de nuestro interior salen como pequeño petardo (para hacer la broma), pero cuando esa frase ha llegado al receptor, ese pequeño petardo se ha convertido en una bomba nuclear. Lejos de intentar causar gracia, ha causado devastación y ante todo, cabreo.
Después del cabreo llega la impotencia, esa fase en la que piensas el por qué de esa bomba, pero claro, no puedes reprochar nada, porque te ponen de borde para arriba, así que te callas y apechugas, buscando un método evasivo para completar el olvido.
(Ahora viene la parte cachonda)
Después de haberte olvidado de la conversación, el emisor de la bomba atómica vuelve a la carga, pero ahora, por lo que se ve, viene en son de paz.
Siempre que vuelve, en toda circunstancia similar a esta, lanza la siguiente frase:
¿Estás enfadado?
¿Que si estoy enfadado? ¿Se te ocurre tirar semejante mierd* encima mía y me preguntas que si me he enfadado? Ante tal despropósito, tienes dos opciones: Reír o llorar. Para sacar el lado positivo a las cosas, hay que reírse, porque si no, arruinaríamos a cualquier empresa productora de pañuelos de papel. Para evitar lanzar la contestación a la bomba nuclear, aún más fuerte, tú, que eres diplomático, sopesas las consecuencias y otra vez más, le perdonas la vida al oponente.
Si piensas las cosas calmadamente y usando el raciocinio, esas personas dan mucha pena, porque lejos de herir al prójimo, se están hiriendo a ellos mismos. Si realmente esa persona no te importa, que te resbale el asunto.
Nada más por hoy. Paz y amor.
viernes, 1 de octubre de 2010
Haf'un
Introducción: El título viene de la contracción "Have fun" del inglés, lo que en español viene a ser "Pasárselo bien".
Cuando la gente te suele invitar a botellón/fiesta/discoteca, alegan razones "híper-contundentes" como:
-Vente, que vamos a ir toda la clase-.
-Vente, que nos lo vamos a pasar de put* madre-.
-Vente, así sales un poco de casa, que estás siempre "encerrao"-.
-Vente que así nos despejamos de llevar toda la semana estudiando-.
Si has ido y te lo has pasado en grande, poniéndote pedo y diciendo tonterías que ni en mil años de vida dirías estando en tus cabales, llegas a casa, empiezas a vomitad y tu madre llora de impotencia mientras tu padre te está echando la bronca del siglo, mi más sinceras felicitaciones por ser un campeón.
Como no podría ser de otra manera, fardas en tu Tuenti/Facebook/Cualquier red social de lo genial que te lo pasaste ayer y que repetirías la ocasión un millón de veces, por lo menos.
Pero de lo que en verdad te enorgulleces es de que te gastaste un dinero en una sustancia que te quitó, por un par de horas a tu "yo". Ese "yo" genial, único y divertido con el que tus amigos disfrutan cada vez que te ven.
Cuando despiertas la noche de después, con esa resaca de caballo piensas que te has debido de beber hasta el agua de los floreros, y fue así.
A mí, a esas alturas, como comprenderéis, me da exactamente igual lo que penséis de mí. ¿Qué queréis llamarme friki? Pues perfecto. ¿Queréis decirme que digo tonterías? Excelente. Respeto vuestras opiniones, pero sinceramente, me dan exactamente igual.
Yo, particularmente, odio los botellones, no me gustan las discotecas, y me da igual si va Fulanito o Menganito. Paso de ir y punto.
Llamadme soso, aburrido o lo que ya, más me gusta oír, friki, pero yo, para pasármelo realmente bien, necesito poco: Bien sea un partido de fútbol, unas pipas y un amigo o simplemente, viciarme con mi juego favorito de ordenador.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Cuando la gente te suele invitar a botellón/fiesta/discoteca, alegan razones "híper-contundentes" como:
-Vente, que vamos a ir toda la clase-.
-Vente, que nos lo vamos a pasar de put* madre-.
-Vente, así sales un poco de casa, que estás siempre "encerrao"-.
-Vente que así nos despejamos de llevar toda la semana estudiando-.
Si has ido y te lo has pasado en grande, poniéndote pedo y diciendo tonterías que ni en mil años de vida dirías estando en tus cabales, llegas a casa, empiezas a vomitad y tu madre llora de impotencia mientras tu padre te está echando la bronca del siglo, mi más sinceras felicitaciones por ser un campeón.
Como no podría ser de otra manera, fardas en tu Tuenti/Facebook/Cualquier red social de lo genial que te lo pasaste ayer y que repetirías la ocasión un millón de veces, por lo menos.
Pero de lo que en verdad te enorgulleces es de que te gastaste un dinero en una sustancia que te quitó, por un par de horas a tu "yo". Ese "yo" genial, único y divertido con el que tus amigos disfrutan cada vez que te ven.
Cuando despiertas la noche de después, con esa resaca de caballo piensas que te has debido de beber hasta el agua de los floreros, y fue así.
A mí, a esas alturas, como comprenderéis, me da exactamente igual lo que penséis de mí. ¿Qué queréis llamarme friki? Pues perfecto. ¿Queréis decirme que digo tonterías? Excelente. Respeto vuestras opiniones, pero sinceramente, me dan exactamente igual.
Yo, particularmente, odio los botellones, no me gustan las discotecas, y me da igual si va Fulanito o Menganito. Paso de ir y punto.
Llamadme soso, aburrido o lo que ya, más me gusta oír, friki, pero yo, para pasármelo realmente bien, necesito poco: Bien sea un partido de fútbol, unas pipas y un amigo o simplemente, viciarme con mi juego favorito de ordenador.
Nada más por hoy. Paz y amor.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Señales.
“What is right?
and what is wrong?
Give me a sign”
(Haddaway-What is love)
El fragmento de canción que he puesto me viene al pelo para el tema que voy a tratar hoy.
Hace 1800 millones de años apareció el género "Homo", precursor de nuestra raza, la Homo Sapiens-Sapiens. Cuando el hombre surgió, no existían códigos lingüísticos ni lenguas, por lo que la comunicación entre seres de la especie de antojaba difícil, ¿verdad? Pues no.
Para comunicarse, los antiguos utilizaban lo que hoy llamamos "signos". Por ejemplo, cuando una persona sentía dolor, chillaba. De esta forma, alertaba a cualquier ser que le rodeaba que estaba sufriendo.
Si alguien tenía hambre, con el mero gesto de llevarse las manos a la boca, la mayoría de su entorno sabía que éste tenía hambre.
También había signos indirectos, como la caza.
Y vosotros diréis: ¿Qué tiene que ver cazar con un signo? Pues yo os lo explico.
Si un ser aparecía con dos hienas muertas, significaba que las había matado, ergo era un cazador. Por ello, su instinto era asesino y todo el mundo le tenía gran respeto por miedo a represalias.
Una de las señales más famosas y reconocibles es la cruz. ¿Quién no sabe que una cruz significa religión? Nadie. Pues eso.
Uno de los más sublimes inventos que ha creado el hombre ha sido el automóvil, permitiendo alcanzar grandes distancias en reducidos tiempos.
Creado en el siglo XIX por Karl Benz (si, es el de Mercedes-Benz) revolucionó la mayor parte del siglo XX. Pero tras la creación del automóvil, una necesidad unida tomaba parte. ¿Por dónde discurrirían los automóviles?
Las carreteras eran necesarias para la circulación de los vehículos, ya que las ciudades se atestaron de estos endemoniados armatostes, que alcanzaban las monstruosas velocidades de entre 20 y 30 kilómetros por hora.
Para regular todo éste berenjenal, surgió tal vez, una de las ideas más geniales que el hombre ha creado. Las señales de tráfico.
Todo el mundo sabe, tenga o no el carnet de conducir, que un círculo rojo con un palito blanco trasversal significa "Prohibido el paso". Si nos encontramos esa señal plantada en una calle, sabemos que ningún coche (respetando la señalización) entrará en esa calle, porque está prohibido.
Los seres humanos vivimos de las señales. En muchas ocasiones, necesitamos una señal para que nuestro corazón nos indique que por ese camino no se puede pasar o que pasemos con total libertad.
Nada más por hoy. Paz y amor.
and what is wrong?
Give me a sign”
(Haddaway-What is love)
El fragmento de canción que he puesto me viene al pelo para el tema que voy a tratar hoy.
Hace 1800 millones de años apareció el género "Homo", precursor de nuestra raza, la Homo Sapiens-Sapiens. Cuando el hombre surgió, no existían códigos lingüísticos ni lenguas, por lo que la comunicación entre seres de la especie de antojaba difícil, ¿verdad? Pues no.
Para comunicarse, los antiguos utilizaban lo que hoy llamamos "signos". Por ejemplo, cuando una persona sentía dolor, chillaba. De esta forma, alertaba a cualquier ser que le rodeaba que estaba sufriendo.
Si alguien tenía hambre, con el mero gesto de llevarse las manos a la boca, la mayoría de su entorno sabía que éste tenía hambre.
También había signos indirectos, como la caza.
Y vosotros diréis: ¿Qué tiene que ver cazar con un signo? Pues yo os lo explico.
Si un ser aparecía con dos hienas muertas, significaba que las había matado, ergo era un cazador. Por ello, su instinto era asesino y todo el mundo le tenía gran respeto por miedo a represalias.
Una de las señales más famosas y reconocibles es la cruz. ¿Quién no sabe que una cruz significa religión? Nadie. Pues eso.
Uno de los más sublimes inventos que ha creado el hombre ha sido el automóvil, permitiendo alcanzar grandes distancias en reducidos tiempos.
Creado en el siglo XIX por Karl Benz (si, es el de Mercedes-Benz) revolucionó la mayor parte del siglo XX. Pero tras la creación del automóvil, una necesidad unida tomaba parte. ¿Por dónde discurrirían los automóviles?
Las carreteras eran necesarias para la circulación de los vehículos, ya que las ciudades se atestaron de estos endemoniados armatostes, que alcanzaban las monstruosas velocidades de entre 20 y 30 kilómetros por hora.
Para regular todo éste berenjenal, surgió tal vez, una de las ideas más geniales que el hombre ha creado. Las señales de tráfico.
Todo el mundo sabe, tenga o no el carnet de conducir, que un círculo rojo con un palito blanco trasversal significa "Prohibido el paso". Si nos encontramos esa señal plantada en una calle, sabemos que ningún coche (respetando la señalización) entrará en esa calle, porque está prohibido.
Los seres humanos vivimos de las señales. En muchas ocasiones, necesitamos una señal para que nuestro corazón nos indique que por ese camino no se puede pasar o que pasemos con total libertad.
Nada más por hoy. Paz y amor.
lunes, 27 de septiembre de 2010
¿Qué es esto?
¿Sabemos realmente qué son las cosas? La respuesta es no.
Desde pequeños, nuestro aprendizaje se ha basado en la adquisición y retención de términos ligados a un objeto en concreto. Por ejemplo, si os enseñase un tomate, diríais "tomate". A nadie se le pasaría por la imaginación decir "balcón".
Todo el mundo sabe que un tomate es una hortaliza, normalmente redonda, de color roja y con pequeñas semillas en el interior.
La mayoría de las personas de este mundo saben que una casa es esa construcción compuesta de cuatro paredes y un techo donde las personas habitan.
Existen algunas preguntas en las que la respuesta es, para muchos, muy sencilla de responder, pero yo a esas personas les digo que están en un equívoco, que no es lo que dicen.
Por ejemplo, sabríamos responder a la pregunta: ¿Qué es la libertad?
Hombre, el tópico es decir que la libertad de uno mismo empieza donde acaba la libertad del otro. Esa definición no me vale. Decir eso y decir nada, prácticamente es lo mismo. Por eso, desechamos esa definición.
Los seres humanos no sabemos qué es la libertad, y lo digo de verdad, porque durante toda la historia, observamos que siempre ha existido algún pueblo oprimido. (Pueblo israelí bajo los egipcios, millones de ciudadanos judíos obligados al trabajo para su posterior muerte a manos de los nazis, y qué decir del tercer mundo, un pueblo oprimido desde siempre hasta la actualidad, a manos del primer mundo, que compran todas las riquezas de éstos países a cambio de cuatro perras.)
Otra pregunta de aparente fácil respuesta pero enrevesada solución se nos plantea: ¿Qué es el amor? En realidad muy poca gente lo sabe, si es que acaso alguien lo sabe.
El amor es tan inesperado como deseado.
Mucha gente afirma que el amor es mágico y que es maravilloso mientras que dura, pero, ¿eso que sientes es en realidad amor o es nada más que un triste sucedáneo?
A mí sinceramente, no me gustan los sucedáneos. Me gustan las cosas verdaderas, las que saben bien, no las que aparentan que saben bien.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Desde pequeños, nuestro aprendizaje se ha basado en la adquisición y retención de términos ligados a un objeto en concreto. Por ejemplo, si os enseñase un tomate, diríais "tomate". A nadie se le pasaría por la imaginación decir "balcón".
Todo el mundo sabe que un tomate es una hortaliza, normalmente redonda, de color roja y con pequeñas semillas en el interior.
La mayoría de las personas de este mundo saben que una casa es esa construcción compuesta de cuatro paredes y un techo donde las personas habitan.
Existen algunas preguntas en las que la respuesta es, para muchos, muy sencilla de responder, pero yo a esas personas les digo que están en un equívoco, que no es lo que dicen.
Por ejemplo, sabríamos responder a la pregunta: ¿Qué es la libertad?
Hombre, el tópico es decir que la libertad de uno mismo empieza donde acaba la libertad del otro. Esa definición no me vale. Decir eso y decir nada, prácticamente es lo mismo. Por eso, desechamos esa definición.
Los seres humanos no sabemos qué es la libertad, y lo digo de verdad, porque durante toda la historia, observamos que siempre ha existido algún pueblo oprimido. (Pueblo israelí bajo los egipcios, millones de ciudadanos judíos obligados al trabajo para su posterior muerte a manos de los nazis, y qué decir del tercer mundo, un pueblo oprimido desde siempre hasta la actualidad, a manos del primer mundo, que compran todas las riquezas de éstos países a cambio de cuatro perras.)
Otra pregunta de aparente fácil respuesta pero enrevesada solución se nos plantea: ¿Qué es el amor? En realidad muy poca gente lo sabe, si es que acaso alguien lo sabe.
El amor es tan inesperado como deseado.
Mucha gente afirma que el amor es mágico y que es maravilloso mientras que dura, pero, ¿eso que sientes es en realidad amor o es nada más que un triste sucedáneo?
A mí sinceramente, no me gustan los sucedáneos. Me gustan las cosas verdaderas, las que saben bien, no las que aparentan que saben bien.
Nada más por hoy. Paz y amor.
sábado, 25 de septiembre de 2010
Vidas anónimas.
Hola gente, aquí mi primera entrada como veinteañero. Creo que escribiré igual o mejor que con diecinueve.
Hoy, he ido en coche, no conduciendo, obviamente. En uno de los millones de semáforos que hay en Madrid, una persona ha hecho que mi cerebro trabajara a máximas revoluciones. Esa persona, no era un famoso, ni un amigo, ni un familiar. Ni siquiera le conocía. Era una persona que pedía limosnas en el semáforo mientras éste está rojo para vehículos.
Me he dado cuenta viéndole que el mundo en general da asco, mucho asco. Somos unos desagradecidos en todos los aspectos. No merecemos todo lo que tenemos. Viendo a esa persona he pensado en todas las calamidades deben de sufrir a diario ese tipo de personas. Y lo peor de todo es que serán gente corriente y moliente, obligadas a vivir en la calle por un injusto despido en el trabajo o por una separación con la persona con la que vivían.
Me pongo a pensar en cómo será su día a día y busco razones por las cuales pueden seguir adelante.
Imaginemos por un momento cómo sería la vida de una persona que vive en la calle:
Mes de Diciembre, Madrid, 4ºC de temperatura atmosférica, -3ºC de sensación térmica.
6:00 AM: Te despiertas de un banco cualquiera de un parque público de Madrid y te pones a andar en cualquier dirección para evitar la hipotermia. Coges tu mochila en la que llevas todas tus pertenencias y buscas el comedor social para conseguir desayuno caliente.
8:00 AM: Llegas al comedor social, con los pies congelados y las manos entumecidas por el frío. Las monjas que reparten el desayuno son muy simpáticas, te reciben con una sonrisa y un siempre agradecido "buenos días", pero sólo te pueden dar un café con leche y una magdalena. Tú obviamente, te mueres de hambre, pero no puedes protestar, porque lo que han dado no te ha costado ni un céntimo. Visto por el lado bueno, el café ha ayudado mucho a entrar en calor.
9:00 AM: Te ganas la vida como sea para conseguir un par de euros que te permitan comer algo más en lo que queda de día, ya sea vendiendo pañuelos en los semáforos, limpiando cristales, o mostrando al mundo tus dotes musicales o pictóricas.
3:00 PM: Has conseguido no más de 4 euros, te da para comer, sí, pero no te da para el vicio que tengas, aunque habrá gente que no tenga vicios, si es así, más puntos a su favor. Consigues comer caliente y sigues ganándote la vida el resto de la tarde.
9:00 PM: Vuelta al comedor social andando, claro está, viene bien, porque el frío que hace en Madrid es gélido y andar por lo menos, te mantiene en temperatura. Esta vez hay dos platos: Sopa y croquetas. No está nada mal la cena, apenas se nota el frío que hace.
0:00 AM: Vuelves al parque del cual por la mañana saliste, te acurrucas en tí mismo y entre unos cartones, consigues conciliar el sueño, no sin estar en alerta por si algún desalmado te pretende amargar la noche, bien sea despertándote, o cómo está muy de moda ahora, dándote una paliza. Claro está, sin tu merecerlo, pero así es la vida.
Ahora yo pregunto: ¿Coincide esto con alguna de nuestras vidas? No rotundo.
Esta persona, por ejemplo, se queja del frío polar y que sólo ha desayunado una magdalena, o algún día ninguna. Nosotros nos quejamos que tenemos que estudiar, que sólo nos dan 20 euros para salir de fiesta o que hoy tocan lentejas para comer.
Espero que después de estas palabras, hayais entendido todo lo que he dicho al principio. Si seguís sin entenderlo, es que vuestras mentes no conciben lo que en realidad es la vida.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Hoy, he ido en coche, no conduciendo, obviamente. En uno de los millones de semáforos que hay en Madrid, una persona ha hecho que mi cerebro trabajara a máximas revoluciones. Esa persona, no era un famoso, ni un amigo, ni un familiar. Ni siquiera le conocía. Era una persona que pedía limosnas en el semáforo mientras éste está rojo para vehículos.
Me he dado cuenta viéndole que el mundo en general da asco, mucho asco. Somos unos desagradecidos en todos los aspectos. No merecemos todo lo que tenemos. Viendo a esa persona he pensado en todas las calamidades deben de sufrir a diario ese tipo de personas. Y lo peor de todo es que serán gente corriente y moliente, obligadas a vivir en la calle por un injusto despido en el trabajo o por una separación con la persona con la que vivían.
Me pongo a pensar en cómo será su día a día y busco razones por las cuales pueden seguir adelante.
Imaginemos por un momento cómo sería la vida de una persona que vive en la calle:
Mes de Diciembre, Madrid, 4ºC de temperatura atmosférica, -3ºC de sensación térmica.
6:00 AM: Te despiertas de un banco cualquiera de un parque público de Madrid y te pones a andar en cualquier dirección para evitar la hipotermia. Coges tu mochila en la que llevas todas tus pertenencias y buscas el comedor social para conseguir desayuno caliente.
8:00 AM: Llegas al comedor social, con los pies congelados y las manos entumecidas por el frío. Las monjas que reparten el desayuno son muy simpáticas, te reciben con una sonrisa y un siempre agradecido "buenos días", pero sólo te pueden dar un café con leche y una magdalena. Tú obviamente, te mueres de hambre, pero no puedes protestar, porque lo que han dado no te ha costado ni un céntimo. Visto por el lado bueno, el café ha ayudado mucho a entrar en calor.
9:00 AM: Te ganas la vida como sea para conseguir un par de euros que te permitan comer algo más en lo que queda de día, ya sea vendiendo pañuelos en los semáforos, limpiando cristales, o mostrando al mundo tus dotes musicales o pictóricas.
3:00 PM: Has conseguido no más de 4 euros, te da para comer, sí, pero no te da para el vicio que tengas, aunque habrá gente que no tenga vicios, si es así, más puntos a su favor. Consigues comer caliente y sigues ganándote la vida el resto de la tarde.
9:00 PM: Vuelta al comedor social andando, claro está, viene bien, porque el frío que hace en Madrid es gélido y andar por lo menos, te mantiene en temperatura. Esta vez hay dos platos: Sopa y croquetas. No está nada mal la cena, apenas se nota el frío que hace.
0:00 AM: Vuelves al parque del cual por la mañana saliste, te acurrucas en tí mismo y entre unos cartones, consigues conciliar el sueño, no sin estar en alerta por si algún desalmado te pretende amargar la noche, bien sea despertándote, o cómo está muy de moda ahora, dándote una paliza. Claro está, sin tu merecerlo, pero así es la vida.
Ahora yo pregunto: ¿Coincide esto con alguna de nuestras vidas? No rotundo.
Esta persona, por ejemplo, se queja del frío polar y que sólo ha desayunado una magdalena, o algún día ninguna. Nosotros nos quejamos que tenemos que estudiar, que sólo nos dan 20 euros para salir de fiesta o que hoy tocan lentejas para comer.
Espero que después de estas palabras, hayais entendido todo lo que he dicho al principio. Si seguís sin entenderlo, es que vuestras mentes no conciben lo que en realidad es la vida.
Nada más por hoy. Paz y amor.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Perfecta tristeza.
Jorge y Ana llevaban bastante tiempo como novios. Jorge era muy gracioso y siempre hacía de reír a Ana, pero últimamente se le veía un poco apático. Ana lo estaba notando, sentía que algo no iba bien, por lo que un día, preguntó a Jorge:
-Jorge, ¿te pasa algo? Es que te noto que llevas una temporada en la que estás un poquito "chof" y me preocupas mucho-.
Jorge, tras la pregunta de Ana, esgrimió una levísima sonrisa y le dijo a Ana:
-No me pasa nada, de verdad, estoy bien. Sólo que he tenido un par de días regulares. No es necesario que te preocupes por esto, todo está bien-.
Ana se calmó y tranquilizó. Siguieron hablando con normalidad, pero de repente, Jorge interrumpió:
-Ana, no puedo mentirte. Si lo hago, me queda el remordimiento-.
-¿De qué hablas?- Preguntó Ana con ahínco.
-Hablo de que debo darte las gracias. Nunca en mi vida había estado tan feliz al lado de una chica. Si, las anteriores novias que tuve me aportaron felicidad, pero fue una felicidad a medias.
Tú me das felicidad plena. Contigo, nada me sobra y nada me falta, todo va en su justa medida. A tu lado todo es más sencillo. A tu lado no tengo miedo.
Siempre, antes de conocerte, mi vida iba de titubeo en titubeo. Gracias a ti, siempre estoy seguro en mis decisiones, tú me aportas la seguridad en mí mismo-.
Ana quedó perpleja ante semejante disertación de amor de Jorge, que había abierto de par en par las puertas de su corazón. Cuando reaccionó, se atrevió a decir con un leve gesto de timidez:
-Y todo esto, ¿por qué?-.
Jorge tomó la mano de Ana y la dijo mirando a los ojos:
-Todo esto es porque no sabes cuánto te quiero. No hay sustantivos ni cifra acorde para expresar mi amor por ti. Cual palabra o cifra quedaría a años luz de lo que siento por ti.
La gente dice que el amor es, muchas veces, caduco. Tú para mí eres la eternidad. Quiero pasar una y mil eternidades contigo-.
Ana se comía a besos a Jorge, pero entre beso y beso, Jorge susurró a Ana:
-Si tuviera que pedir un deseo, pediría que no me dejes nunca. Si lo haces, me muero-.
Espero que os guste. Paz y amor.
-Jorge, ¿te pasa algo? Es que te noto que llevas una temporada en la que estás un poquito "chof" y me preocupas mucho-.
Jorge, tras la pregunta de Ana, esgrimió una levísima sonrisa y le dijo a Ana:
-No me pasa nada, de verdad, estoy bien. Sólo que he tenido un par de días regulares. No es necesario que te preocupes por esto, todo está bien-.
Ana se calmó y tranquilizó. Siguieron hablando con normalidad, pero de repente, Jorge interrumpió:
-Ana, no puedo mentirte. Si lo hago, me queda el remordimiento-.
-¿De qué hablas?- Preguntó Ana con ahínco.
-Hablo de que debo darte las gracias. Nunca en mi vida había estado tan feliz al lado de una chica. Si, las anteriores novias que tuve me aportaron felicidad, pero fue una felicidad a medias.
Tú me das felicidad plena. Contigo, nada me sobra y nada me falta, todo va en su justa medida. A tu lado todo es más sencillo. A tu lado no tengo miedo.
Siempre, antes de conocerte, mi vida iba de titubeo en titubeo. Gracias a ti, siempre estoy seguro en mis decisiones, tú me aportas la seguridad en mí mismo-.
Ana quedó perpleja ante semejante disertación de amor de Jorge, que había abierto de par en par las puertas de su corazón. Cuando reaccionó, se atrevió a decir con un leve gesto de timidez:
-Y todo esto, ¿por qué?-.
Jorge tomó la mano de Ana y la dijo mirando a los ojos:
-Todo esto es porque no sabes cuánto te quiero. No hay sustantivos ni cifra acorde para expresar mi amor por ti. Cual palabra o cifra quedaría a años luz de lo que siento por ti.
La gente dice que el amor es, muchas veces, caduco. Tú para mí eres la eternidad. Quiero pasar una y mil eternidades contigo-.
Ana se comía a besos a Jorge, pero entre beso y beso, Jorge susurró a Ana:
-Si tuviera que pedir un deseo, pediría que no me dejes nunca. Si lo haces, me muero-.
Espero que os guste. Paz y amor.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
3 churros y 3 generaciones.
El mundo está en continuo movimiento. Nada permanece en quietud. Todo se mueve aunque sea un milímetro.
Hace años vi a un niño que los viernes por la tarde iba a la cafetería donde yo tomaba café. Llegaba, y se ponía de puntillas delante del mostrador, esperando a que algún camarero le atendiera.
Un día, el niño llegó y, como era costumbre, repetía el protocolo al entrar en la cafetería, entraba sin hacer ruido con los cascabeles instalados en la puerta, llegaba al final del mostrador el lugar reservado para el tránsito de camareros y se ponía de puntillas. Pasados unos minutos, un camarero joven que recientemente fue contratado, se fijó en el chaval.
-¿Qué quieres, "peque"?- dijo el camarero.
-Tres churros, por favor- respondió educadamente el niño.
El camarero metió los churros en la típica y común bolsa marrón de papel, el niño pagó las pesetas pertinentes y se fue.
El niño, con el paso del tiempo, iba creciendo, pero no dejaba de acudir a su cita de los viernes.
Otro día, me encontré al mismo joven, esta vez, con una chica. Supongo que sería su novia. En mi opinión, tener novia no debe alterar los planes que uno tiene, sino que debe haber una complementación entre los planes propios y los planes del prójimo.
Pasado el tiempo, me encontré al mismo chico acompañado de la misma chica que una vez me encontré. Obviamente, más crecidos. No sé cómo pude reconocerlos. Apuesto a que fueron los gestos. Esos gestos únicos y propios eran los que le delataban. Ambos estaban guapísimos. Se les veía tan felices que sentí un pálpito. Y mis pálpitos nunca son en vano.
Al paso del tiempo, diría que en torno al año y medio o dos (no recuerdo bien), otro viernes cualquiera, apareció el mismo joven acompañado de la misma mujer, pero empujando con delicadeza un carrito de bebé. Eran ellos. Lo sabía. Lo sentía.
Yo y mi café eran sagrados, al igual que él y sus churros, aunque supongo que a medida que creció, pedía más churros, alejándose de los siempre y coquetos 3 churros.
Ambas citas eran igual a una acción mecanizada, que cuando la dejas de hacer, sientes como si te faltara algo dentro de ti.
A medida que pasaba el tiempo, el joven, dejó de serlo y se le empezó a clarear el pelo. Una tarde de viernes cualquiera, apareció él, y a su lado, agarrado de la mano, una personita risueña y divertida con esa carita de niño bueno y, a la vez, de bicho.
Pero esa personita, fue creciendo y creciendo, siguiendo los pasos exactos que siguió su padre una vez. Eso sí, el día era inamovible. Los viernes por la tarde eran cita obligada. Yo, mientras tanto, no dejaba de observarles maravillado por lo que estaba teniendo lugar delante de mis narices.
Otro viernes cualquiera, apareció un señor entrado en años, sus canas eran ya mucho más que evidentes.
De la mano de éste apareció una niñita con coletas rubias y de gestos tímidos. El abuelo entró a la cafetería de la mano de la niñita y ocupó dos banquetas situadas exactamente al lado del "Reservado" para los camareros.
-Tres churros por favor.- dijo el abuelo educadamente.
Lo escuché, lo entendí.
En ese momento supe que era él. En ese momento supe que la vida es más que vivirla. También es darla.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Hace años vi a un niño que los viernes por la tarde iba a la cafetería donde yo tomaba café. Llegaba, y se ponía de puntillas delante del mostrador, esperando a que algún camarero le atendiera.
Un día, el niño llegó y, como era costumbre, repetía el protocolo al entrar en la cafetería, entraba sin hacer ruido con los cascabeles instalados en la puerta, llegaba al final del mostrador el lugar reservado para el tránsito de camareros y se ponía de puntillas. Pasados unos minutos, un camarero joven que recientemente fue contratado, se fijó en el chaval.
-¿Qué quieres, "peque"?- dijo el camarero.
-Tres churros, por favor- respondió educadamente el niño.
El camarero metió los churros en la típica y común bolsa marrón de papel, el niño pagó las pesetas pertinentes y se fue.
El niño, con el paso del tiempo, iba creciendo, pero no dejaba de acudir a su cita de los viernes.
Otro día, me encontré al mismo joven, esta vez, con una chica. Supongo que sería su novia. En mi opinión, tener novia no debe alterar los planes que uno tiene, sino que debe haber una complementación entre los planes propios y los planes del prójimo.
Pasado el tiempo, me encontré al mismo chico acompañado de la misma chica que una vez me encontré. Obviamente, más crecidos. No sé cómo pude reconocerlos. Apuesto a que fueron los gestos. Esos gestos únicos y propios eran los que le delataban. Ambos estaban guapísimos. Se les veía tan felices que sentí un pálpito. Y mis pálpitos nunca son en vano.
Al paso del tiempo, diría que en torno al año y medio o dos (no recuerdo bien), otro viernes cualquiera, apareció el mismo joven acompañado de la misma mujer, pero empujando con delicadeza un carrito de bebé. Eran ellos. Lo sabía. Lo sentía.
Yo y mi café eran sagrados, al igual que él y sus churros, aunque supongo que a medida que creció, pedía más churros, alejándose de los siempre y coquetos 3 churros.
Ambas citas eran igual a una acción mecanizada, que cuando la dejas de hacer, sientes como si te faltara algo dentro de ti.
A medida que pasaba el tiempo, el joven, dejó de serlo y se le empezó a clarear el pelo. Una tarde de viernes cualquiera, apareció él, y a su lado, agarrado de la mano, una personita risueña y divertida con esa carita de niño bueno y, a la vez, de bicho.
Pero esa personita, fue creciendo y creciendo, siguiendo los pasos exactos que siguió su padre una vez. Eso sí, el día era inamovible. Los viernes por la tarde eran cita obligada. Yo, mientras tanto, no dejaba de observarles maravillado por lo que estaba teniendo lugar delante de mis narices.
Otro viernes cualquiera, apareció un señor entrado en años, sus canas eran ya mucho más que evidentes.
De la mano de éste apareció una niñita con coletas rubias y de gestos tímidos. El abuelo entró a la cafetería de la mano de la niñita y ocupó dos banquetas situadas exactamente al lado del "Reservado" para los camareros.
-Tres churros por favor.- dijo el abuelo educadamente.
Lo escuché, lo entendí.
En ese momento supe que era él. En ese momento supe que la vida es más que vivirla. También es darla.
Nada más por hoy. Paz y amor.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Que veinte años no es nada.
Hola muchachos y muchachas humanoides. ¿Cómo va todo? Bueno, como ya es sabido por muchos y por muchas, la mayoría a raíz del gran y genuino Tuenti, el jueves 23 es mi cumpleaños. Si gente, ya 20 años.
De aquí a meses atrás, mi pensamiento sobre cumplir la veintena era negativo. Muy negativo. Veía en esa cifra la pérdida de la adolescencia, la pérdida de cualquier atisbo de diversión y la nunca vuelta atrás a una etapa de mi vida en la que como nunca me lo he pasado.
Únicamente veía cosas negativas, como por ejemplo, un grado de responsabilidad nunca asumido por mi persona, la adopción de unos caracteres impropios de mí, un tipo alegre y positivo, que debía adoptar cualidades de señor mayor para renunciar a todo lo que me gustaba.
Sin embargo, me detuve a pensar. Sonó el teléfono. Mi abuelo llamaba para ver qué tal la familia y esas cosas. Entonces me acordé de su taxi, de los paseos que me daba en él, cómo me hacía reír con una simple tontería o con sus chistes.
-¿Qué tendrá que ver el cumpleaños de una persona con su abuelo?- diréis.
Pues yo os lo voy a explicar.
Mi abuelo era un gran aficionado a los tangos y un apasionado de Carlos Gardel, (cantante de tangos) cuya voz fue mundialmente conocida. Yo cuando iba en su taxi, sinceramente odiaba esa música, pero con el paso de los años, he entendido todo el sentido que el tango y sus letras poseen.
Al cabo del tiempo he entendido el sentido de todas las letras, pero la que más me ha marcado ha sido "Volver", una canción que en mi vida me cansaré de oír.
Antes esta letra me era indiferente, pero ahora mismo refleja todo lo que soy. Aquí os dejo un trocito:
"Que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errantes en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez."
La verdad es que la canción en sí no aporta mucho, sólo dice cosas. Pero al ver cómo esta letra, esta canción, este cantante intercalan tanto en mi vida, el tango se ha convertido en una de mis piezas angulares de las vigas de mi corazón.
Probablemente una letra de una canción, no sea más que un sentimiento de una persona plasmado y unido con una melodía.
Como despedida de hoy, me gustaría confesaros un secreto, que espero, os valga de mucho.
Si en algún momento de vuestra vida os sentís tristes, abatidos, cansados, derrotados o cualquier calificativo que denote negatividad, dale al botón "Stop" de tu vida y haz la siguiente reflexión leyendo otra estrofa de la canción "Volver", de Carlos Gardel:
"Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón."
No digáis nada. Lo sé. A fin de cuentas, me hago viejo. Pero dentro de mí se ha hecho una amalgama de adultez con la chispa de la juventud, formando un cóctel perfecto para vivir, lo que muchos afirman, la mejor etapa de toda mi vida.
Nada más por hoy. Paz y mucho amor.
De aquí a meses atrás, mi pensamiento sobre cumplir la veintena era negativo. Muy negativo. Veía en esa cifra la pérdida de la adolescencia, la pérdida de cualquier atisbo de diversión y la nunca vuelta atrás a una etapa de mi vida en la que como nunca me lo he pasado.
Únicamente veía cosas negativas, como por ejemplo, un grado de responsabilidad nunca asumido por mi persona, la adopción de unos caracteres impropios de mí, un tipo alegre y positivo, que debía adoptar cualidades de señor mayor para renunciar a todo lo que me gustaba.
Sin embargo, me detuve a pensar. Sonó el teléfono. Mi abuelo llamaba para ver qué tal la familia y esas cosas. Entonces me acordé de su taxi, de los paseos que me daba en él, cómo me hacía reír con una simple tontería o con sus chistes.
-¿Qué tendrá que ver el cumpleaños de una persona con su abuelo?- diréis.
Pues yo os lo voy a explicar.
Mi abuelo era un gran aficionado a los tangos y un apasionado de Carlos Gardel, (cantante de tangos) cuya voz fue mundialmente conocida. Yo cuando iba en su taxi, sinceramente odiaba esa música, pero con el paso de los años, he entendido todo el sentido que el tango y sus letras poseen.
Al cabo del tiempo he entendido el sentido de todas las letras, pero la que más me ha marcado ha sido "Volver", una canción que en mi vida me cansaré de oír.
Antes esta letra me era indiferente, pero ahora mismo refleja todo lo que soy. Aquí os dejo un trocito:
"Que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errantes en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez."
La verdad es que la canción en sí no aporta mucho, sólo dice cosas. Pero al ver cómo esta letra, esta canción, este cantante intercalan tanto en mi vida, el tango se ha convertido en una de mis piezas angulares de las vigas de mi corazón.
Probablemente una letra de una canción, no sea más que un sentimiento de una persona plasmado y unido con una melodía.
Como despedida de hoy, me gustaría confesaros un secreto, que espero, os valga de mucho.
Si en algún momento de vuestra vida os sentís tristes, abatidos, cansados, derrotados o cualquier calificativo que denote negatividad, dale al botón "Stop" de tu vida y haz la siguiente reflexión leyendo otra estrofa de la canción "Volver", de Carlos Gardel:
"Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón."
No digáis nada. Lo sé. A fin de cuentas, me hago viejo. Pero dentro de mí se ha hecho una amalgama de adultez con la chispa de la juventud, formando un cóctel perfecto para vivir, lo que muchos afirman, la mejor etapa de toda mi vida.
Nada más por hoy. Paz y mucho amor.
domingo, 19 de septiembre de 2010
¿Estiloso o estilizado?
A lo largo de la vida, el ser humano se afana por encontrar un estilo de vida propio y auténtico, el cual marcará las principales directrices de su propia vida. Algunos sucumben a la búsqueda y se instauran un estilo de vida ya usado por muchas personas.
Unas pequeñas minorías no decaen en la búsqueda, ya que, según ellos, desean un estilo que sea un fiel reflejo de su personalidad, por ello, tardan más en encontrar su propio estilo.
Realizada una búsqueda pormenorizada sin encontrar nada de nada, toman la decisión más acertada de sus vidas: Crear tu propio estilo.
Y no me refiero a esa gente que dice: -¡Oh, mi propio estilo. Soy súper guay!-, creo que daréis por sentado que no es a lo que me refiero.
Estoy hablando de esa gente que viste como le da la real gana, pero que sin embargo, piensa que va perfecta.
Me refiero a personas que no quieren salir de botellón porque el alcohol no les gusta y prefieren estar en cualquier otro lado antes que en un botellón.
Me refiero a esas personas que prefieren estar dando una vuelta riéndose a carcajada limpia con los amigos, antes que en una discoteca llena de "machos" y "mujeres" dispuestos y dispuestas a pillar cacho.
Hablo de esas personas que nunca, repito, nunca, renuncian a sus principios, sea cual sea la circunstancia.
Por el contrario, se encuentran esas personas, falsas de sonrisa y aún más falsas de corazón, que te quieren para su propio interés, con lo que, en verdad, les importas una pu*a mier*a.
También están las que nunca en su pu*a vida te han llamado para quedar y, de repente, te llaman, pero no te llames a engaño, te llaman porque eres la última en la lista y porque nadie más ha querido/podido quedar con ella.
En el mismo bando están personas que basan su criterio para las relaciones de amigos en la apariencia y en darles la razón siempre. Si por algún casual te atreves a contradecirla, estás sentenciado.
En la minoría que hablo se encuentran personas auténticas, agradables y merecedoras de conocer y por las que yo, al menos, daría mucho más del simbólico "duro" que da el resto de las personas.
Por hoy, se acabó lo que se daba. Paz y amor.
Unas pequeñas minorías no decaen en la búsqueda, ya que, según ellos, desean un estilo que sea un fiel reflejo de su personalidad, por ello, tardan más en encontrar su propio estilo.
Realizada una búsqueda pormenorizada sin encontrar nada de nada, toman la decisión más acertada de sus vidas: Crear tu propio estilo.
Y no me refiero a esa gente que dice: -¡Oh, mi propio estilo. Soy súper guay!-, creo que daréis por sentado que no es a lo que me refiero.
Estoy hablando de esa gente que viste como le da la real gana, pero que sin embargo, piensa que va perfecta.
Me refiero a personas que no quieren salir de botellón porque el alcohol no les gusta y prefieren estar en cualquier otro lado antes que en un botellón.
Me refiero a esas personas que prefieren estar dando una vuelta riéndose a carcajada limpia con los amigos, antes que en una discoteca llena de "machos" y "mujeres" dispuestos y dispuestas a pillar cacho.
Hablo de esas personas que nunca, repito, nunca, renuncian a sus principios, sea cual sea la circunstancia.
Por el contrario, se encuentran esas personas, falsas de sonrisa y aún más falsas de corazón, que te quieren para su propio interés, con lo que, en verdad, les importas una pu*a mier*a.
También están las que nunca en su pu*a vida te han llamado para quedar y, de repente, te llaman, pero no te llames a engaño, te llaman porque eres la última en la lista y porque nadie más ha querido/podido quedar con ella.
En el mismo bando están personas que basan su criterio para las relaciones de amigos en la apariencia y en darles la razón siempre. Si por algún casual te atreves a contradecirla, estás sentenciado.
En la minoría que hablo se encuentran personas auténticas, agradables y merecedoras de conocer y por las que yo, al menos, daría mucho más del simbólico "duro" que da el resto de las personas.
Por hoy, se acabó lo que se daba. Paz y amor.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Tuenti vs. Yo.
Hola gente, ¿cómo va todo? Ya algunos habrán empezado las clases. Yo por suerte hasta pasado mañana tengo tiempo de seguir disfrutando.
Gente en general, os voy a confesar una cosa. Odio conectarme al Tuenti, pero sin embargo me gusta el Tuenti.
Paradoja, ¿verdad? Pues sí, pero os la voy a explicar.
Ciertamente, el Tuenti está bien como red social y hacerle la competencia en España a Facebook, pero estoy hartísimo de la opción "Novedades" nada más conectarme al Tuenti.
¡C*ñ*, qué siempre están las mismas personas!
Que si 5924 comentarios hablando de tonterías perfectamente desviables al chat o al Messenger.
Que si subo 8 millones de fotos en la que cada foto describe una acción y la siguiente foto, expresa el mismo movimiento desviado 3'7 centímetros. O la otra opción es subir 37 millones de fotos descargables desde cualquier página web. (No sé para qué poll*s quieren subir esas fotos, pero vamos, respeto sus decisiones. Absurdas cuanto menos)
No sé para qué narices tienen 1697 amigos, si a la mayoría sólo les agregan porque coinciden en algún evento nunca más repetible.
No sé para qué se incluyen en trabajos a los que no pertenecen.
("El Hormiguero" Desde 200* hasta Actualmente. ¿Acaso eres Pablo Motos?
"Konami" Desde 200* hasta Actualmente. ¿Eres tú el que diseña las ediciones de Pro Evolution Soccer o Metal Gear Solid?)
No sé por qué motivo o razón la gente cuenta su vida mediante estados: Que si he estado en nosedonde, que si he visto a nosequién. Así con un largo etcétera.
En fin gente, a veces me dan ganas de cerrar la cuenta y a tomar por cul*. Al fin y al cabo los amigos no se rigen por el número de amigos en Tuenti o las visitas que tengas, sino cuántos amigos tienes de carne y hueso.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Gente en general, os voy a confesar una cosa. Odio conectarme al Tuenti, pero sin embargo me gusta el Tuenti.
Paradoja, ¿verdad? Pues sí, pero os la voy a explicar.
Ciertamente, el Tuenti está bien como red social y hacerle la competencia en España a Facebook, pero estoy hartísimo de la opción "Novedades" nada más conectarme al Tuenti.
¡C*ñ*, qué siempre están las mismas personas!
Que si 5924 comentarios hablando de tonterías perfectamente desviables al chat o al Messenger.
Que si subo 8 millones de fotos en la que cada foto describe una acción y la siguiente foto, expresa el mismo movimiento desviado 3'7 centímetros. O la otra opción es subir 37 millones de fotos descargables desde cualquier página web. (No sé para qué poll*s quieren subir esas fotos, pero vamos, respeto sus decisiones. Absurdas cuanto menos)
No sé para qué narices tienen 1697 amigos, si a la mayoría sólo les agregan porque coinciden en algún evento nunca más repetible.
No sé para qué se incluyen en trabajos a los que no pertenecen.
("El Hormiguero" Desde 200* hasta Actualmente. ¿Acaso eres Pablo Motos?
"Konami" Desde 200* hasta Actualmente. ¿Eres tú el que diseña las ediciones de Pro Evolution Soccer o Metal Gear Solid?)
No sé por qué motivo o razón la gente cuenta su vida mediante estados: Que si he estado en nosedonde, que si he visto a nosequién. Así con un largo etcétera.
En fin gente, a veces me dan ganas de cerrar la cuenta y a tomar por cul*. Al fin y al cabo los amigos no se rigen por el número de amigos en Tuenti o las visitas que tengas, sino cuántos amigos tienes de carne y hueso.
Nada más por hoy. Paz y amor.
martes, 14 de septiembre de 2010
Y los sueños, sueños son.
Hola gente. Como veis en las horas que son no puedo dormir. No sé porqué no logro coger el sueño, pero vamos que tarde o temprano me vendrá el cansancio.
Me he asomado a la ventana y he mirado al cielo. Difícil con la contaminación lumínica, pero sí, he conseguido ver unas cuantas estrellas.
Suele pasar que cuando miras a la estrellas, te enterneces (por lo menos yo) y así ha pasado.
Me he puesto a soñar despierto.
Sueño con una realidad no perfecta, pero tampoco andrajosa, donde todos respetáramos a todos y no importara ni el color de piel, ni las ideologías y que primara la libertad de expresión.
Sueño con la armonía del mundo, en el cual, los telediarios sólo tuvieran noticias buenas y agradables de ver. Vamos, que gustara mirar el telediario.
También sueño, obviamente, con una chica ideal, que no se basara en apariencias, sino en sentimientos. Encontrar la unión perfecta para que me acompañe hasta el fin de mis días, pero que sea de verdad. Vivir ilusionado por ella, sentirme vivo y amado.
Diréis que sueño mucho, pero ya veis, cuando miro a las estrellas me vuelvo un soñador. Mientras tanto, me voy con los pies en la Tierra a conciliar el sueño.
"¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son."
(Pedro Calderón de la Barca, "La vida es sueño")
Paz y amor.
Me he asomado a la ventana y he mirado al cielo. Difícil con la contaminación lumínica, pero sí, he conseguido ver unas cuantas estrellas.
Suele pasar que cuando miras a la estrellas, te enterneces (por lo menos yo) y así ha pasado.
Me he puesto a soñar despierto.
Sueño con una realidad no perfecta, pero tampoco andrajosa, donde todos respetáramos a todos y no importara ni el color de piel, ni las ideologías y que primara la libertad de expresión.
Sueño con la armonía del mundo, en el cual, los telediarios sólo tuvieran noticias buenas y agradables de ver. Vamos, que gustara mirar el telediario.
También sueño, obviamente, con una chica ideal, que no se basara en apariencias, sino en sentimientos. Encontrar la unión perfecta para que me acompañe hasta el fin de mis días, pero que sea de verdad. Vivir ilusionado por ella, sentirme vivo y amado.
Diréis que sueño mucho, pero ya veis, cuando miro a las estrellas me vuelvo un soñador. Mientras tanto, me voy con los pies en la Tierra a conciliar el sueño.
"¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son."
(Pedro Calderón de la Barca, "La vida es sueño")
Paz y amor.
sábado, 11 de septiembre de 2010
No me da la gana poner título.
Me ha dado el punto de escribir, si. Cuando hieren a un amigo, es como si me hirieran a mí mismo. Cuando una persona hiere a un amigo, me están hiriendo a mí.
Sinceramente, me da exactamente lo mismo lo que piense todo el mundo (salvo algunas personas que me importan, y ya los saben ell@s) referente a este tema: Las chicas.
Creeréis que estoy resentido o enfadado o lo más chistoso, solo en la vida, pero no, estoy rodeado de la gente que me hace feliz, que no necesariamente debe ser un ligue, una novia o un largo etcétera de sustantivos. No. Lo que tengo son amigos y amigas, pero de verdad. Los que me hacen reír de verdad. Los que me hacen pasar una tarde inolvidable de verdad.
Y exactamente me la trae al pairo que la gente se mosquee por una u otra razón. No me da la gana. No. Quien me conoce sabe cómo soy, cómo pienso y cómo actúo, no tengo que estar dando cuenta ante nadie de cómo soy. Quien lo tiene que saber, lo sabe. Y punto.
Porque, ¿qué sucede si una cosa que lees, oyes o ves te sienta mal? Te sienta mal porque sabes en el interior de tí que es verdad. Y si no es verdad, todo lo que hayas leído, visto o escuchado te debe resbalar pero a base de bien. Si tu conciencia está tranquila, no hay nada por lo que te debas preocupar y si te has cabreado, ¿por algo será, no?
Y que quede bien clarito, con esto no quiero decir nada de nadie, solo quiero justicia y llamar las cosas por su nombre.
Si una persona se siente aludida por algo, es que algo de verdad tiene lo que ha visto, leído, escuchado...etc.
Si una persona insulta sin ningún motivo previo, es una persona maleducada.
Si una persona se atreve a hablar en un país democrático cómo creo que es éste, tiene el derecho y qué menos que la obligación de hacerlo. Si no, esa persona estará cohibida en cuanto a su libertad de expresión se refiere.
Y repito, con este texto no estoy insultando a nadie, metiéndome con nadie ni faltando el respeto a nadie. Sólo estoy llamando las cosas por cómo son.
Por llamar las cosas como son, nadie se sentirá aludido (creo).
Nada más por hoy. Paz y amor. (Aunque creo que a muchas personas les falta mucho de éstos dos sustantivos, por suerte a mí me sobra)
Sinceramente, me da exactamente lo mismo lo que piense todo el mundo (salvo algunas personas que me importan, y ya los saben ell@s) referente a este tema: Las chicas.
Creeréis que estoy resentido o enfadado o lo más chistoso, solo en la vida, pero no, estoy rodeado de la gente que me hace feliz, que no necesariamente debe ser un ligue, una novia o un largo etcétera de sustantivos. No. Lo que tengo son amigos y amigas, pero de verdad. Los que me hacen reír de verdad. Los que me hacen pasar una tarde inolvidable de verdad.
Y exactamente me la trae al pairo que la gente se mosquee por una u otra razón. No me da la gana. No. Quien me conoce sabe cómo soy, cómo pienso y cómo actúo, no tengo que estar dando cuenta ante nadie de cómo soy. Quien lo tiene que saber, lo sabe. Y punto.
Porque, ¿qué sucede si una cosa que lees, oyes o ves te sienta mal? Te sienta mal porque sabes en el interior de tí que es verdad. Y si no es verdad, todo lo que hayas leído, visto o escuchado te debe resbalar pero a base de bien. Si tu conciencia está tranquila, no hay nada por lo que te debas preocupar y si te has cabreado, ¿por algo será, no?
Y que quede bien clarito, con esto no quiero decir nada de nadie, solo quiero justicia y llamar las cosas por su nombre.
Si una persona se siente aludida por algo, es que algo de verdad tiene lo que ha visto, leído, escuchado...etc.
Si una persona insulta sin ningún motivo previo, es una persona maleducada.
Si una persona se atreve a hablar en un país democrático cómo creo que es éste, tiene el derecho y qué menos que la obligación de hacerlo. Si no, esa persona estará cohibida en cuanto a su libertad de expresión se refiere.
Y repito, con este texto no estoy insultando a nadie, metiéndome con nadie ni faltando el respeto a nadie. Sólo estoy llamando las cosas por cómo son.
Por llamar las cosas como son, nadie se sentirá aludido (creo).
Nada más por hoy. Paz y amor. (Aunque creo que a muchas personas les falta mucho de éstos dos sustantivos, por suerte a mí me sobra)
viernes, 10 de septiembre de 2010
¿Cómo miramos?
Hola gente, ¿cómo va todo? Seguro que bien.
Os planteo la siguiente pregunta: Cuando miramos, ¿lo hacemos porque queremos o porque no tenemos más remedio que mirar?
Yo contestaría del siguiente modo: Según la persona, miramos de un modo u otro, porque no es lo mismo mirar a la chica que nos gusta que a una persona cualquiera.
Pero un dilema ocurre a veces. Cuando no queremos mirar algo, es obvio, cerramos los ojos o miramos hacia otro lado, pero, si a la persona se le pone en las narices que tienes que mirar, vas a mirar, aunque sea con el rabillo del ojo. Eso es mirar porque no tenemos más remedio.
Así que sed cautos chicos y tened cuidado, porque habrá mucha gente que quiera que les mireís, por el simple hecho de creerse alguien importante cuando en realidad es mier** pura.
Nada más por hoy. Lo siento, hoy estoy escueto. Paz y amor.
Os planteo la siguiente pregunta: Cuando miramos, ¿lo hacemos porque queremos o porque no tenemos más remedio que mirar?
Yo contestaría del siguiente modo: Según la persona, miramos de un modo u otro, porque no es lo mismo mirar a la chica que nos gusta que a una persona cualquiera.
Pero un dilema ocurre a veces. Cuando no queremos mirar algo, es obvio, cerramos los ojos o miramos hacia otro lado, pero, si a la persona se le pone en las narices que tienes que mirar, vas a mirar, aunque sea con el rabillo del ojo. Eso es mirar porque no tenemos más remedio.
Así que sed cautos chicos y tened cuidado, porque habrá mucha gente que quiera que les mireís, por el simple hecho de creerse alguien importante cuando en realidad es mier** pura.
Nada más por hoy. Lo siento, hoy estoy escueto. Paz y amor.
lunes, 6 de septiembre de 2010
No me llamo Andrés, ¿o sí?
Hoy el mundo me ha vuelto a dar una lección. Irónicamente, claro. El mundo no te da lecciones, sino que de los hechos, conseguimos extraer la esencia, la lección, la moraleja.
Pues bien, la moraleja de todo esto es que me encanta mi nombre y no, no estoy loco. Digo esto porque odiaría llamarme Andrés. Obviamente, lo digo por el refrán: "Por el interés, te quiero Andrés."
Mucha gente a lo largo de la vida sufre muchas experiencias y sensaciones y claro, cuantas más experiencias vives, más cerca estás de conseguir el título de "Graduado de la vida". Pero claro, no cuentan con la asignatura "Me están jodien** vivo", cosa que algunos sí tienen en cuenta, por lo que muchos se ven abogados a que sí, que les jod** vivos.
¡Pobrecitos!, ¿verdad? Venga vamos a ayudarle. Y ahí aparece la asignatura "Voy a echarle morro a la vida y a aprovecharme de alguien". Total, que de tanto lloriquear, los que fueron jodi**s están felices y los que han ayudado, les han jodi**, por lo que ahora otra persona es la que está abajo de la pirámide.
Pero a lo mejor esa persona no es como el resto y quién sabe, lo mismo pelea y sabe luchar, y consigue salir del atolladero, pero hay muchos que no, que con soltar dos lagrimitas de Lanjarón y rogar al pardillo de turno lo tienen todo solucionado.
Aunque ha habido veces en las que todos nos hemos llamado Andrés alguna vez, yo, particularmente, estoy muy agusto con mi nombre. Pobrecito el verdadero Andrés, que debe estar hasta los cojo*** de todo y de todos.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Pues bien, la moraleja de todo esto es que me encanta mi nombre y no, no estoy loco. Digo esto porque odiaría llamarme Andrés. Obviamente, lo digo por el refrán: "Por el interés, te quiero Andrés."
Mucha gente a lo largo de la vida sufre muchas experiencias y sensaciones y claro, cuantas más experiencias vives, más cerca estás de conseguir el título de "Graduado de la vida". Pero claro, no cuentan con la asignatura "Me están jodien** vivo", cosa que algunos sí tienen en cuenta, por lo que muchos se ven abogados a que sí, que les jod** vivos.
¡Pobrecitos!, ¿verdad? Venga vamos a ayudarle. Y ahí aparece la asignatura "Voy a echarle morro a la vida y a aprovecharme de alguien". Total, que de tanto lloriquear, los que fueron jodi**s están felices y los que han ayudado, les han jodi**, por lo que ahora otra persona es la que está abajo de la pirámide.
Pero a lo mejor esa persona no es como el resto y quién sabe, lo mismo pelea y sabe luchar, y consigue salir del atolladero, pero hay muchos que no, que con soltar dos lagrimitas de Lanjarón y rogar al pardillo de turno lo tienen todo solucionado.
Aunque ha habido veces en las que todos nos hemos llamado Andrés alguna vez, yo, particularmente, estoy muy agusto con mi nombre. Pobrecito el verdadero Andrés, que debe estar hasta los cojo*** de todo y de todos.
Nada más por hoy. Paz y amor.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Bitches & Whores.
No os asustéis, mi entrada no tiene que ver ni con put*s ni con zor**s, así que podéis seguir leyendo con tranquilidad.
Hará unos cuantos meses conocí a un chaval por medio de un amigo común. Dicen que la primera impresión es la que cuenta, ¿no? Pues este elemento me transmitió la sensación de llevarle conociendo años y años. Por medios virtuales la cosa seguía igual, y con el tiempo se ha ido reforzando más, cual hombre que refuerza su tejado más y más por temor a una lluvia.
No te puedes enfadar con el, ni puedes ni se puede. Es amable, divertido, gracioso y, uno de los calificativos que más escasean en el mundo de hoy en día, positivo. De los varapalos más grandes, éste tipo puede sacar lecciones positivísimas.
Tenlo claro, men. Esta entrada va por ti.
Muchachos, sed sensatos en la vida, buscad bien los amigos. Pero no amigos de pasar la tarde o amigos de botellón. Amigos de consejos, amigos de apoyo y lo más necesario, amigos verdaderos.
Yo si sé cuáles son mis verdaderos amigos y éste, es uno de ellos.
Gracias men!
Nada más por hoy. Paz y amor.
Hará unos cuantos meses conocí a un chaval por medio de un amigo común. Dicen que la primera impresión es la que cuenta, ¿no? Pues este elemento me transmitió la sensación de llevarle conociendo años y años. Por medios virtuales la cosa seguía igual, y con el tiempo se ha ido reforzando más, cual hombre que refuerza su tejado más y más por temor a una lluvia.
No te puedes enfadar con el, ni puedes ni se puede. Es amable, divertido, gracioso y, uno de los calificativos que más escasean en el mundo de hoy en día, positivo. De los varapalos más grandes, éste tipo puede sacar lecciones positivísimas.
Tenlo claro, men. Esta entrada va por ti.
Muchachos, sed sensatos en la vida, buscad bien los amigos. Pero no amigos de pasar la tarde o amigos de botellón. Amigos de consejos, amigos de apoyo y lo más necesario, amigos verdaderos.
Yo si sé cuáles son mis verdaderos amigos y éste, es uno de ellos.
Gracias men!
Nada más por hoy. Paz y amor.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Los frikis.
Han acabado los días de exámenes extraordinarios (al menos en mi colegio) o como todos llamamos: "Septiembre".
Mi impresión es buena, veremos a ver qué tal el lunes (ya os contaré qué tal) que por cierto, estoy nervioso.
La cuestión que hoy vengo a tratar es simple a la vez que directa. ¿Cómo identificarías a un friki?
Mucha gente diría que llevan camisetas de grupos de Rock o Punk, que van a Expo-Manga, escriben en el Messenger sin abreviar o que el nombre de sus Tuentis sea el de personajes manga o similares.
Pues bien, yo me atrevo a decirles a esos susodichos, que viven en un craso error y que esa definición de friki no es la acertada.
A ese tipo de gente, alomejor le gusta Metallica, les encanta esa serie japonesa, les gusta escribir con propiedad o se identifican con ese personaje de serie manga y no por ello deben ser considerados friki y marginarles o meterse con ellos.
Otro punto a aclarar es meterse con alguien y llamarle friki. ¿Quién te has creído tú para llamar friki a alguien? Sinceramente, no lo entiendo.
Probablemente tú, que has llamado friki a alguien por ser diferente al ser resto, seas verdaderamente una friki.
Alomejor friki es una persona que sube 120000 fotos al Tuenti, es más falsa que una moneda de 3 euros y sólo entabla falsas conversaciones por Messenger para su propio interés.
Nada más por hoy. Paz y amor.
Mi impresión es buena, veremos a ver qué tal el lunes (ya os contaré qué tal) que por cierto, estoy nervioso.
La cuestión que hoy vengo a tratar es simple a la vez que directa. ¿Cómo identificarías a un friki?
Mucha gente diría que llevan camisetas de grupos de Rock o Punk, que van a Expo-Manga, escriben en el Messenger sin abreviar o que el nombre de sus Tuentis sea el de personajes manga o similares.
Pues bien, yo me atrevo a decirles a esos susodichos, que viven en un craso error y que esa definición de friki no es la acertada.
A ese tipo de gente, alomejor le gusta Metallica, les encanta esa serie japonesa, les gusta escribir con propiedad o se identifican con ese personaje de serie manga y no por ello deben ser considerados friki y marginarles o meterse con ellos.
Otro punto a aclarar es meterse con alguien y llamarle friki. ¿Quién te has creído tú para llamar friki a alguien? Sinceramente, no lo entiendo.
Probablemente tú, que has llamado friki a alguien por ser diferente al ser resto, seas verdaderamente una friki.
Alomejor friki es una persona que sube 120000 fotos al Tuenti, es más falsa que una moneda de 3 euros y sólo entabla falsas conversaciones por Messenger para su propio interés.
Nada más por hoy. Paz y amor.
sábado, 28 de agosto de 2010
Medicina gratis.
Hola mundo! ¿Qué tal andamos de la vida?
Yo siempre digo que la vida se parece a una montaña rusa: Unos días estás en la cima y otros estás pasando por la parte más baja.
Muchos días te sientes pletórico, pero por nada en especial, simplemente, lo estás. Y otros días te levantas hecho una mier**, sin ganas de nada y a cada cosa que te dicen, contestas mal o simplemente, ni contestas.
No existe una fórmula matemática que indique qué días estás bien y qué días estás mal, simplemente, pasa.
No importa donde te sitúes en la metafórica montaña rusa, de algún modo u otro te irás al sitio contrario. Si estás genial, te vendrá el día tonto y si estás "chof", te vendrá el día genial, ese día en el que te ves capaz de todo.
Como he dicho antes, no existe una fórmula matemática en el que se exprese qué días estás bien y qué días estás mal, pero todo en esta vida tiene arreglo. Todo menos la muerte.
Si tienes un buen día, contagia tu optimismo a los que te rodean.
Si tienes un día no tan bueno, contágiate de la alegría, no te apoltrones en casa y sal.
Es una especie de medicina milagrosa que, muchas veces, logra paliar esta repentina "enfermedad". Y lo mejor de todo, es gratis.
Nothing more. Paz y amor.
Yo siempre digo que la vida se parece a una montaña rusa: Unos días estás en la cima y otros estás pasando por la parte más baja.
Muchos días te sientes pletórico, pero por nada en especial, simplemente, lo estás. Y otros días te levantas hecho una mier**, sin ganas de nada y a cada cosa que te dicen, contestas mal o simplemente, ni contestas.
No existe una fórmula matemática que indique qué días estás bien y qué días estás mal, simplemente, pasa.
No importa donde te sitúes en la metafórica montaña rusa, de algún modo u otro te irás al sitio contrario. Si estás genial, te vendrá el día tonto y si estás "chof", te vendrá el día genial, ese día en el que te ves capaz de todo.
Como he dicho antes, no existe una fórmula matemática en el que se exprese qué días estás bien y qué días estás mal, pero todo en esta vida tiene arreglo. Todo menos la muerte.
Si tienes un buen día, contagia tu optimismo a los que te rodean.
Si tienes un día no tan bueno, contágiate de la alegría, no te apoltrones en casa y sal.
Es una especie de medicina milagrosa que, muchas veces, logra paliar esta repentina "enfermedad". Y lo mejor de todo, es gratis.
Nothing more. Paz y amor.
martes, 24 de agosto de 2010
Estad seguros.
Hola gentecilla. Ante todo perdón por tardar tanto en escribir, pero es que llega Septiembre y ya sabéis los exámenes cómo son.
Como buenos humanos que somos (algunos más que otros) poseemos el don de la inteligencia. Excelente, ¿verdad? Pero la cosa no acaba ahí. Además de la inteligencia, se nos "premió" con el don de la equivocación, es decir, el don de meter la pata hasta el fondo.
Con lo cual, muchas veces resolveremos conflictos que requieran de la inteligencia, pero otras veces la cagaremos, pero bien. Y he aquí el problema. Cuando decimos algo seguros de nosotros mismos, pensamos que tenemos la razón absoluta. Muchas veces la tendremos, pero... ¿y si no tenemos razón y nos estamos equivocando?
Ahí el don de la equivocación ha hecho acto de presencia y ¡qué narices!, ha resultado ser el actor principal.
Y es aquí cuando debemos RETROCEDER. El refranero español dice que “Rectificar es de sabios”. Hombre, pues sí, es de sabios, pero si estás retrocediendo a diestro y siniestro, más que sabio, eres tonto. Por eso, mi consejo es que antes de decir algo, pensadlo, no sea que os estéis equivocando. Hombre, podréis equivocaros, pero no es plan de estar retrocediendo cada minuto de vuestra vida.
Sin más de momento. Paz y amor.
Como buenos humanos que somos (algunos más que otros) poseemos el don de la inteligencia. Excelente, ¿verdad? Pero la cosa no acaba ahí. Además de la inteligencia, se nos "premió" con el don de la equivocación, es decir, el don de meter la pata hasta el fondo.
Con lo cual, muchas veces resolveremos conflictos que requieran de la inteligencia, pero otras veces la cagaremos, pero bien. Y he aquí el problema. Cuando decimos algo seguros de nosotros mismos, pensamos que tenemos la razón absoluta. Muchas veces la tendremos, pero... ¿y si no tenemos razón y nos estamos equivocando?
Ahí el don de la equivocación ha hecho acto de presencia y ¡qué narices!, ha resultado ser el actor principal.
Y es aquí cuando debemos RETROCEDER. El refranero español dice que “Rectificar es de sabios”. Hombre, pues sí, es de sabios, pero si estás retrocediendo a diestro y siniestro, más que sabio, eres tonto. Por eso, mi consejo es que antes de decir algo, pensadlo, no sea que os estéis equivocando. Hombre, podréis equivocaros, pero no es plan de estar retrocediendo cada minuto de vuestra vida.
Sin más de momento. Paz y amor.
martes, 17 de agosto de 2010
Volando vengo, volando me voy.
Hola "pipol", ¿cómo va todo? Ya 17 de Agosto. Ya queda menos para la vuelta a la rutina. En fin, Serafín, qué se le va a hacer.
Hoy vuelvo a escribir otra vez. El cuerpo me lo pide.
Mucha gente se siente orgullosa de tener mucha gente a su lado con tal de que le hagan feliz. Y cando esa misión se ha cumplido, patadita en el culamen y a la mierda.
Pero eso a muchos les da igual, porque prefieren tener 895 amigos si su felicidad se vé más o menos cubierta.
Pero lo que no se dan cuenta esque esa cifra de 895 (escogida totalmente al azar) fácilmente se puede tornar en 0.
Lo que deben aprender es que un amigo no es alguien para juntarse de vez en cuando. Va más allá.
Un amigo es alguien afín a tí, que es capaz de guardar tus mayores secretos o de ayudarte a levantarte en los momentos más dificiles.Un amigo es lo más importante en tu vida.
Eso sí, hay que saber al 100% qué es un amigo.
Como dicen los entendidos: "Quien tiene un amigo, tiene un tesoro"
Nada más por esta vez. Paz y amor.
Hoy vuelvo a escribir otra vez. El cuerpo me lo pide.
Mucha gente se siente orgullosa de tener mucha gente a su lado con tal de que le hagan feliz. Y cando esa misión se ha cumplido, patadita en el culamen y a la mierda.
Pero eso a muchos les da igual, porque prefieren tener 895 amigos si su felicidad se vé más o menos cubierta.
Pero lo que no se dan cuenta esque esa cifra de 895 (escogida totalmente al azar) fácilmente se puede tornar en 0.
Lo que deben aprender es que un amigo no es alguien para juntarse de vez en cuando. Va más allá.
Un amigo es alguien afín a tí, que es capaz de guardar tus mayores secretos o de ayudarte a levantarte en los momentos más dificiles.Un amigo es lo más importante en tu vida.
Eso sí, hay que saber al 100% qué es un amigo.
Como dicen los entendidos: "Quien tiene un amigo, tiene un tesoro"
Nada más por esta vez. Paz y amor.
domingo, 15 de agosto de 2010
¿Qué es para ti la amistad?
Me siento con ganas de rajar del mundo, porque sinceramente, entre nosotros: Estoy harto.
Vivimos en la más y absoluta de las hipocresías. Mucha gente ansiosa de un reconocimiento que no se merecen, se muestran al mundo en una total falsedad.
Peloteo, lágrimas de cocodrilo, falsas promesas... Mucha gente recurre a este tipo de artimañas para conseguir sus propósitos. (Véase para conseguir más nota, para conseguir un ascenso en el trabajo...etc.)
Al contrario de este tipo de gente se encuentran los humildes, los que respetan a cualquier persona sin importarle de qué color tenga la piel o cuanto dinero tenga en su cuenta corriente.
La conveniencia reina en nuestro mundo. Mucha gente cree tener amigos porque tiene 835 millones de amigos en Tuenti/Facebook. Y la cifra real de amigos no oscila por ese numero. Es más, me atrevería a decir que ronda el número CERO.
Mucha gente se digna a hablarte por el Messenger/Tuenti/Facebook por puro interés. Que si tienes esto, que si me dejas aquello, que si nosequé, que si nosecual.
A mi, realmente, estas circunstancias me enervan. Y mucho. No sé por qué razón te dignas a hablarme si luego me ves por la calle y no te sale de ahí dedicarme ni un mísero "hola".
En fin, gente, no sé vosotros, pero prefiero tener 2 amigos buenos, que 500 falsos.
Si has leido esto, te planteo una pregunta de respuesta interior: ¿Qué es para ti la amistad?
Paz y amor.
Vivimos en la más y absoluta de las hipocresías. Mucha gente ansiosa de un reconocimiento que no se merecen, se muestran al mundo en una total falsedad.
Peloteo, lágrimas de cocodrilo, falsas promesas... Mucha gente recurre a este tipo de artimañas para conseguir sus propósitos. (Véase para conseguir más nota, para conseguir un ascenso en el trabajo...etc.)
Al contrario de este tipo de gente se encuentran los humildes, los que respetan a cualquier persona sin importarle de qué color tenga la piel o cuanto dinero tenga en su cuenta corriente.
La conveniencia reina en nuestro mundo. Mucha gente cree tener amigos porque tiene 835 millones de amigos en Tuenti/Facebook. Y la cifra real de amigos no oscila por ese numero. Es más, me atrevería a decir que ronda el número CERO.
Mucha gente se digna a hablarte por el Messenger/Tuenti/Facebook por puro interés. Que si tienes esto, que si me dejas aquello, que si nosequé, que si nosecual.
A mi, realmente, estas circunstancias me enervan. Y mucho. No sé por qué razón te dignas a hablarme si luego me ves por la calle y no te sale de ahí dedicarme ni un mísero "hola".
En fin, gente, no sé vosotros, pero prefiero tener 2 amigos buenos, que 500 falsos.
Si has leido esto, te planteo una pregunta de respuesta interior: ¿Qué es para ti la amistad?
Paz y amor.
sábado, 14 de agosto de 2010
La primera.
Dice la gente que la primera vez en cualquier experiencia suele ser la mejor, porque desconocemos lo que va a ocurrir, cómo se van a desarrollar los acontecimientos...etc.
Pues aquí teneis una primera vez. La primera entrada de este blog.
Por fin, me he decidido a abrir un blog, para así poder dar rienda suelta a una de mis principales pasiones. Escribir.
En este blog, voy, sobre todo, a escribir (espero que mucho, si las circunstancias me lo permiten, que espero que sí), que es a lo que hemos venido, principalmente.
Como se suele decir cuando recibes invitados: Pasad y poneos cómodos.
Pues aquí teneis una primera vez. La primera entrada de este blog.
Por fin, me he decidido a abrir un blog, para así poder dar rienda suelta a una de mis principales pasiones. Escribir.
En este blog, voy, sobre todo, a escribir (espero que mucho, si las circunstancias me lo permiten, que espero que sí), que es a lo que hemos venido, principalmente.
Como se suele decir cuando recibes invitados: Pasad y poneos cómodos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)