sábado, 2 de octubre de 2010

Perdono, pero no olvido.

Es, cuanto menos curioso, la manera de actuar de las personas. 1800 millones de años de evolución y muchas personas siguen actuando como los primeros homínidos.

Cuando las personas entablan conversaciones, se intercambian ideas, sentimientos, expresiones. Hasta aquí todo normal. Pero en el mismo acto comunicativo, lanzamos frases que de nuestro interior salen como pequeño petardo (para hacer la broma), pero cuando esa frase ha llegado al receptor, ese pequeño petardo se ha convertido en una bomba nuclear. Lejos de intentar causar gracia, ha causado devastación y ante todo, cabreo.

Después del cabreo llega la impotencia, esa fase en la que piensas el por qué de esa bomba, pero claro, no puedes reprochar nada, porque te ponen de borde para arriba, así que te callas y apechugas, buscando un método evasivo para completar el olvido.

(Ahora viene la parte cachonda)

Después de haberte olvidado de la conversación, el emisor de la bomba atómica vuelve a la carga, pero ahora, por lo que se ve, viene en son de paz.
Siempre que vuelve, en toda circunstancia similar a esta, lanza la siguiente frase:
¿Estás enfadado?

¿Que si estoy enfadado? ¿Se te ocurre tirar semejante mierd* encima mía y me preguntas que si me he enfadado? Ante tal despropósito, tienes dos opciones: Reír o llorar. Para sacar el lado positivo a las cosas, hay que reírse, porque si no, arruinaríamos a cualquier empresa productora de pañuelos de papel. Para evitar lanzar la contestación a la bomba nuclear, aún más fuerte, tú, que eres diplomático, sopesas las consecuencias y otra vez más, le perdonas la vida al oponente.

Si piensas las cosas calmadamente y usando el raciocinio, esas personas dan mucha pena, porque lejos de herir al prójimo, se están hiriendo a ellos mismos. Si realmente esa persona no te importa, que te resbale el asunto.

Nada más por hoy. Paz y amor.

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