Al día siguiente, Martín se vistió con sus mejores ropas, se afeito y se perfumó con la mejor colonia que tenía. Llego al tren 20 minutos antes de lo habitual. Estaba nervioso, pero no había razón, pues era un día más de clase. Martin, sin embargo, tenía un presentimiento.
A medida que el tren se aproximaba a la parada donde se subía Alba, Martín se iba poniendo más nervioso y su corazón latía cada vez más deprisa. Apaciguaba los impulsos desmesurados de su corazón con su música, con su música. Estaba escuchando su canción favorita, pero de repente, apareció Alba.
Estaba preciosa, vestía falda larga y un jersey de punto verde. Cuando Martín se percató de su presencia, no podía articular palabra, se quedó anonadado.
-Ho… ho… hola-, dijo titubeando Martín. Fue lo único que pudo decir. No le salían las palabras.
-Hola, buenos días-, dijo Alba rebosante de felicidad y vitalidad.
El trayecto para ambos se hizo muy corto, pues empezaron a hablar y, cuando se quisieron dar cuenta, ya habían llegado a la universidad.
Aunque la parada de Alba no era la misma que la de Martín, no tenía ningún inconveniente en acompañarle hasta su facultad. Después tenía un largo camino, si, pero no le importaba ya que Martín también rondaba por su cabeza.
Mientras iban caminando, Martín se encontró con un antiguo amigo.
-¡Martín, cuánto tiempo amigo! ¿Cómo te va todo?-, dijo Luis lleno de alegría al volver a ver a Martín.
-¡Pero Luis, que mal envejeces!- dijo Martín con esa cara que delataba que estaba hablando en broma.
Al despedirse Luis y Martín, Alba se separó de ellos. Luis comentó a Martín en voz baja: -Es muy guapa Martín, tienes mucha suerte.-
Martín contestó: -¿Por qué dices eso? No es mi novia. Aunque, entre tú y yo, desearía que lo fuera-.
Al acabar las clases, Alba y Martín quedaban para coger juntos el tren de vuelta a casa. Las miradas cómplices y las leves sonrisas eran la tónica predominante en el viaje de vuelta. Martín y Alba se gustaban mucho, pero tenían miedo de estropear la amistad que tenían.
Alba, parecía que contenía mejor los sentimientos que tenía hacia Martín. Pero ironías de la vida, fue ella la que dio el primer paso.
-Martín, ya no puedo contener más mis sentimientos. Me gustas mucho, pero tengo mucho miedo a perderte como amigo.- Dijo Alba timoratamente esperando una rápida respuesta de Martín. Y así fue. Aunque Martín era un chico muy tímido, ya estaba harto de que su timidez fuera un lastre.
Martín, armado de valor, miró a Alba a los ojos, sonrió levemente y, lentamente, la besó.
-¡Martín! ¿Sabes qué significa lo que acabas de hacer?- preguntó Alba.
-Si. Significa que te quiero-.
Nada más por hoy. Paz y amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario