miércoles, 20 de julio de 2011

Confesiones veraniegas post-consulta.

Hola a todos. Hoy ya podía consultar qué grado (“carrera” antes del plan Bolonia y de aquí en adelante en ésta entrada) iba a hacer y en qué universidad estaba admitido.

Resulta de embustero para el que me conozca, que mi deseo no quería estudiar Periodismo, una carrera que elegí desde el primer momento que escuché al gran Paco González en su ya anticuado Carrusel Deportivo, donde con una naturalidad pasmosa y a la vez, divertida, conseguía entrar en mi habitación todos los fines de semana y días de diario cuando había partidos de Champions.

La verdad es que la profesión de periodista me parece una de las mejores del mundo, aunque por otra parte, tiene algún inconveniente que otro. Trabajas en lo que te gusta, hablando y escribiendo de lo que te encanta y además, cobras por ello. Envidiable.
Por otro lado, no es privado de que muchos (por no decir todos) periodistas del mundo, se tienen que enfrentar a algún personaje que afirma que lo que dice/escribe es mentira, llegando a temer incluso por su integridad física, pero esto, no suponía gran problema para elegir carrera.
Yo en mis trece y, a pesar de la mucha gente que me afirmaba que la carrera de Periodismo “tenía pocas salidas”, continué pregonando mi deseo de estudiar dicha carrera.

En el primer curso de Bachillerato, ya tenía las miras puestas en el Periodismo y, por tanto, a cada pregunta del tipo “¿qué quieres estudiar en un futuro?”, yo respondía orgulloso que Periodismo.
En el segundo curso, sucedió prácticamente lo mismo, hasta que, en mi segundo año de segundo (redundancia inevitable), topé con una estupenda profesora de Economía, que me abrió las puertas al mundo económico de una manera súper sencilla. Tanto fue así, que sin apenas esfuerzo, llegué a altas notas. Ese mundo (el económico), me empezaba a gustar y por ello, me empecé a interesar por temas que envolvían ese mundo, sobre todo, en periódicos y televisión.

Cuando el curso terminó y supe que en la preinscripción para la universidad había que seleccionar un total de doce carreras, decidí preguntar a dicha profesora que con qué carrera iban ligados todos estos conocimientos económicos. Su respuesta fue breve, clara y concisa: ADE. (Administración y Dirección de Empresas).
La copla de estas tres letras se quedó en mi cerebro hasta el momento de rellenar la preinscripción anteriormente mencionada.

Cuando hice la esperada y temida Selectividad, rellené un impreso donde había que rellenar las doce asignaturas que he citado anteriormente. Obviamente, la primera iba a ser Periodismo, eso era indiscutible. El dilema comenzó a partir de la segunda carrera a elegir: ADE y Magisterio se disputaban ser la opción alternativa.
Aquí, he de reconocer que tuve más quebraderos de cabeza pero, finalmente, escogí la primera, puesto que, en un orden de preferencias, puse por delante mis gustos verdaderos antes que los gustos más superficiales.

La espera resultó larga, pero pensaba que resultaría en Periodismo. Cuál fue la sorpresa que me quedé a una décima de la nota de corte del año pasado. En mi eterna ingenuidad, no podía esperar que la mayoría de las medias (a excepción de algunas), ascendieran (según mis preferencias) hasta en seis décimas de punto, pero así ha ocurrido.

Hoy, al ver que estaba admitido en Administración y no en Periodismo, a priori no me ha gustado, no lo niego, pero he pensado en frío y tal y como dice mi madre: Esto forma parte del destino. Si no has entrado en Periodismo, será por algo.

No puedo decir que Administración y Dirección de Empresas ha sido la primera opción desde siempre, pero puedo asegurar que es una opción de lo más atractiva e interesante para mí. No cabe duda de que voy a coger el curso desde el primer día con las mayores ganas del mundo.

Por último, me acuerdo de todos aquellos que, cuando han sabido la noticia de mi no admisión a Periodismo se han llevado una pequeña desilusión, debo decirles que para nada deben pensar así puesto que si he sido admitido en otro grado ha sido porque lo puse yo mismo y porque me gusta ésta carrera.
Así que, ni compasiones ni lamentaciones tienen sitio aquí. Sólo acepto ánimos, buenos deseos y recomendaciones para el mundo universitario que nunca vienen mal.

Nada más por hoy, chicos. Paz y amor.

sábado, 9 de julio de 2011

No es verdad todo lo que te dicen.

La verdad es que hoy, el título de la entrada es una burda copia/adapatación del refrán: No es oro todo lo que reluce. Espero que ésta transcripción cogida con pinzas de lo mal hecha que está no os haga mucho daño a la vista. Dicho queda.

Frank era uno de los habitantes más viejos de Drumburgh, una ciudad inglesa, limítrofe con Escocia. Allí, pocas personas rondaban su edad, que se expresaba en una cifra de tres dígitos.

Hace tiempo, en una de las tertulias que mantenía con sus amigos de la ciudad mientras jugaba al póker, una gran afición allí, un tímido y rubio joven llamado Steve, se le acerco de soslayo, como si intentara no llamar la atención, pues Frank era campeón de Inglaterra de póker.
Tras vencer a todos sus amigos, el joven se atrevió a mantener un diálogo con él.

-Perdone señor, ¿es usted de quien todos mis amigos hablan?- preguntó Steve rozando el tartamudeo.
-Hombre, pues no sé de quién hablan tus amigos-, respondió Frank entre carcajadas.

El joven Steve le comentó a Frank que todos sus amigos comentaban lo buenísimo jugador de póker que era, que aprendió desde muy niño y ya con tempranas edades, conseguía derrotar a los más expertos jugadores.
El viejo Frank alardeó un poco de sus logros, pues quería dejar impresionado a Steve.
No obstante, la gran sonrisa que esbozaba se convirtió en una ligera mueca cuando Steve le comentó la mala fama que tenía Frank con respecto a su forma de jugar.

-Mucha gente dice que vas de perdedor, de que tienes malas cartas, para luego desbancar a todos-, dijo Steve timorato.
Añadió además, qué él mismo podría vencerle si tan mal jugador parecía, ridiculizando así su campeonato de póker y sus múltiples y grandiosas victorias.
Frank, al escuchar esto, entró en cólera y respondió a Steve chillando y profiriendo graves insultos. No obstante, le brindó la oportunidad de jugar contra él, para que viera con sus propios ojos lo “perdedor” que era. Todo un campeón nacional de Inglaterra.

El joven Steve, al ser derrotado de una manera rozando la humillación, éste le mostró sus respetos, rogándole disculpas, ya que padeció una vergüenza tremenda.

Pasado un tiempo, Steve se dirigió a casa de Frank, que se encontraba en la colina más alta de Drumburgh. El viejo Frank recordó instantáneamente al joven que le ofendió tiempo atrás, pero, no obstante, le invitó a entrar, ofreciéndole un té y unas pastas hechas a mano por su mujer.

Una vez sentados, acomodados y tomando aquel té, Steve se atrevió a preguntar a Frank por su técnica infalible, que él tenía la firme convicción de que quería ser el gran sucesor del ilustre Frank Johnson, campeón de Inglaterra de póker.

El viejo y ya cansado Frank, le mostró algunas técnicas para hacer que sus rivales se retiraran de grandes apuestas y poder así, llevarse todo el dinero que hubiera en la mesa de juego. El joven Steve mostraba muchas ganas de aprender, ya que escuchaba con una atención pasmosa.

Jugaron una partida para que el propio Steve pusiera en práctica todo lo que había aprendido de tal ilustre maestro.
La partida se desarrolló en el marco de una gran rivalidad, pues Steve quería demostrar a Frank, que estaba preparado para ser su sucesor, y el propio Frank, de que ningún rival, aún sabiendo sus técnicas, conseguiera derrotarle.

Casi al final de la partida, Steve ya se creía ganador, pues tenía un “full” (combinación de un trío de cartas de igual número más una pareja de igual forma) y, según los gestos de Frank, éste no tendría más que alguna pareja simple. Obviamente, Steve hizo un “all in” (apostar todas las fichas que se tienen), con claros gestos de que iba a ganar a todo un campeón de Inglaterra.

A la hora de levantar las cartas, Steve se quedó petrificado al ver la escalera de color de Frank que, obviamente, supera cualquier “all in”.
-Así es la vida, chaval. Tienes que empezar a no creer todo lo que te dicen-, dijo Frank a Steve mientras éste le daba un par de palmaditas en la espalda.

Steve, al abandonar la partida y la casa de Frank, éste murmulló entre dientes:
-Todo lo que se decía de ti era cierto, tan sólo tenía que comprobarlo por mí mismo-.

Nada más por hoy. Paz y amor.

martes, 28 de junio de 2011

La personalidad, signo de identidad.

Buenas y calurosas noches. La verdad es que con 28 grados que marca mi termómetro del ordenador a la 1:30 h. de la madrugada, no invita a irse a dormir, por lo que aquí estoy, apoltronado en mi habitación, junto a mi fiel y amado aire acondicionado.

Ya hace cosa de un mes que no piso el instituto, y me siento tremendamente satisfecho por haber aprobado todo, incluida la Selectividad, esperando impaciente a saber si estoy admitido en la carrera que deseo. Por otra parte, me siento, no triste, sino echando de menos ciertas acciones que se desarrollaban en mi día a día. Una de ellas, las clases de inglés.
A mí, personalmente, el inglés como idioma me apasiona bastante. Sólo basta el deciros que, en muchas ocasiones, cuando busco una palabra para expresar algo, aparece primero el vocablo en inglés, no en español. Y eso me agrada bastante. Pero no es eso lo que en verdad vengo a contaros.

La alusión al inglés viene dada por el profesor que impartía dicha asignatura: Víctor (si sólo digo el nombre de pila, muy poca gente sabrá quién es), ese señor muy alto, del que, al principio de curso, pensaba que me tenía manía (como todos decimos, aunque éste no me suspendía).

En una usual clase de inglés, éste profesor se percato del tatuaje que llevo en mi muñeca derecha (es un símbolo de la paz, para los curiosos). En esto que empezó una gran conversación en la que él defendía que todo lo que existe en éste mundo es banal, pasajero, cambiante. En parte tenía razón, pero yo defendí la postura de que únicamente, hay algo que nunca cambia: La personalidad de las personas, valga la redundancia.
Probablemente no, seguro que tiene razón, pues todo lo que existe en el mundo es muy maleable y fácilmente moldeable pues, todo depende de las circunstancias en las que se vea envuelto. Yo, por el contrario, defendí la teoría de que, lo único inmóvil es la personalidad, pues, acepto que pueda sufrir variaciones, pero, al fin y al cabo, somos como somos y nadie podrá cambiarlo.

No obstante, puede ocurrir la circunstancia de que una personalidad no salga a la luz tan puramente, sino que lo haga de una manera más indirecta y si se me permite, de cierto refilón pues, algunas personas no muestran su verdadero yo por miedo al rechazo, a la marginación o a la mofa y la burla, por muy cruel que suene.

Como siempre, me permito daros consejos, aquí va alguno que, probablemente, ya haya mencionado en alguna entrada de éste blog.
No debéis ocultar vuestra personalidad pues, cualquiera es válida si no incurre en atropellos hacia el prójimo, como descalificaciones, insultos, burlas…etc. Además, debéis mostrarla en todo su esplendor, para que todo el mundo vea cuan pura y brillante es.

Por último, y para acabar, debo deciros que seáis libres, y que nada ni nadie os ponga un techo en vuestra mente. Y si se da el caso de que tenéis algún techo, barrera u obstáculo en vuestra mente o corazón, eliminadlo. Puede que al principio resulte duro, más si es parte de vuestra vida diaria pero, a la larga, os lo agradeceréis a vosotros mismos.

Nada más por hoy. Paz, amor y no paséis mucho calor.

viernes, 24 de junio de 2011

Inyección de moral.

¡Hola a todos! Hoy os saludo entre admiraciones, porque desde el miércoles 22, estoy contentísimo. Todo se debe a unos resultados de exámenes de la famosa Selectividad.

La verdad es que estoy muy feliz por haberla aprobado y haber obtenido unos puntos extra, que le permiten alcanzar los estudios que realmente quiero hacer. Todos los años existe la incertidumbre de si vas a entrar en la carrera que deseas, pero finalmente esas dudas se disuelven cuando te enteras de que si, de que finalmente vas a poder estudiar lo que querías.

La nota que tengo o mejor dicho, que he conseguido, no me da absolutas garantías de que vaya entrar en la carrera que quiero (periodismo, para que os enteréis), pero sí que he visto en las notas de corte del año pasado, que en algunas universidades, es bastante factible que pueda entrar.

Dejando a un lado el tema "notas", quiero comentar que el hecho de que haya aprobado la Selectividad no significa nada en sí, ya que no me garantiza entrar en ninguna carrera pero, personalmente, esto prueba de una vez por todas que puedo conseguir lo que verdaderamente me proponga.
Por último, también quiero señalar que esto supone una inyección de moral de cara a los próximos años de mi vida, pues el hecho de conseguir todo lo que me proponga convierte en factible cualquier supuesto.

Por hoy no tengo que añadir nada más. Perdón por ser tan egoísta en esta entrada, pero disculpadme, lo necesitaba. Paz y amor.

domingo, 19 de junio de 2011

Parecido a Stravinsky.

¡Hola a todos! La verdad es que estoy bastante nervioso por saber las notas de la Selectividad, que salen este próximo miércoles 22 pero, estoy intento dejar éste hecho al margen distrayéndome mientras leo, monto en bici, hago footing, duermo un poco más o, simplemente viendo la televisión. Y ésta última acción es la base de esta entrada.

La publicidad en la televisión es aquel espacio en donde las empresas muestran al público el producto que venden. Para ello, lo realizan utilizando múltiples recursos que captan la atención del espectador. Uno de estos anuncios, en el que un coche es promocionado, lo protagoniza un compositor de música: El ilustre Ígor Stravinsky.

En este anuncio, se puede apreciar la supina perfección del compositor, ya que, a cada minúsculo fallo, ordenaba siempre repetir la pieza que estuvieran interpretando. La marca de coches se adapta perfectamente al contexto del anuncio, demostrando así la misma perfección que Stravinsky.

Además, al final del anuncio, aparece la siguiente frase: “Si algo se puede hacer mejor, hagámoslo mejor". Y la verdad es que éste anuncio tiene mucha razón pues, no debemos hacer las cosas por hacerlas, sino por el afán de superación, por el hacer las cosas cada día mejor. Porque si no, decidme: Si no hay que hacer las cosas mejor, ¿hay que hacerlas peor, o simplemente, hacerlas?

Yo, como Stravinsky, siempre intento hacer las cosas mejor porque para hacerlas igual o peor, ni me molesto en intentarlo.

Paz y amor para todos.

martes, 7 de junio de 2011

Y todo estaba tal y como lo dejé.

Querido lector asiduo: Como habrás podido notar, el registro de nuevas entradas no ha sufrido variaciones en casi, los últimos 2 meses. Todo en ésta vida tiene un explicación y ésta circunstancia, no iba a ser menos.

Los exámenes finales y la Selectividad me han robado todo el tiempo que tenía pero hoy, he terminado los exámenes de Selectividad (con muy buenas sensaciones, por cierto), así que, desde hoy comienza a correr de nuevo el contador de entradas en éste blog.

Bienvenido de nuevo y como dice éste propio blog: Ponte cómodo, pronto habrá nuevas creaciones.

Paz y amor.

jueves, 14 de abril de 2011

Cómplices. (Parte 2)

Durante un tiempo, Manuel no supo nada de la joven. Durante los primeros días no la echó en falta, porque pensaba que estaba cogiendo el anterior o el posterior autobús al que él iba, pero durante los siguientes días, empezó a echarla de menos, y eso que no tenía ninguna relación con ella porque ni siquiera sabía su nombre.

Con el paso del tiempo, la puntualidad que poco a poco Manuel iba adquiriendo debido a aquella chica, se fue esfumando. De nuevo, salía a destiempo y llegaba deprisa y corriendo a aquel autobús. Poco a poco, fue perdiendo la esperanza de volver a verla, pero sin embargo, no cedió en su empeño de buscarla, ya que incluso salía antes de su casa para coger el autobús de antes. Tan pronto salía de casa, que cuando llegaba a su instituto, se encontraba con las puertas cerradas y solía esperar grandes ratos hasta que se abrieran las puertas. Y esto, para Manuel, era una gran aberración, puesto que él detestaba esperar. Como punto extremo, un par de días llegó tarde a las clases, porque cogía el autobús siguiente por si aquella chica había cambiado la hora del autobús.
En uno de sus solitarios viajes, sin la compañía indirecta de la chica, hizo una introspección y mantuvo un diálogo consigo mismo, con su otro yo: -Quizás la asusté mirándola tanto-, pensó más de una vez hacia sus adentros un Manuel bastante preocupado. Y eso que aún no sabía su nombre.

Sin embargo, cuando más había evitado recordarla, de repente, la joven, cierto día apareció. Llevaba días soñando con volverla a ver. Ya todas las chicas del instituto le parecían iguales y eso que apenas mantenía relación con ella. Aunque no había conseguido ni siquiera hablar con ella, le resultaba la más especial, la más distinta, la más bella y la más perfecta chica que jamás había visto.
Por otra parte, Manuel sentía que no era momento de quedarse quieto contemplando aquellos ojos y esa preciosa sonrisa, así que, en un día corriente, en los que nunca suele pasar nada en la vida de Manuel, se armó de valor y, a apenas dos asientos de la joven, cedió su asiento a una anciana que parecía fatigada con el simple hecho de permanecer de pie. La joven, al ver el noble acto de Manuel, esbozó una leve sonrisa y un gesto claro de aprobación, como si estuviera dando el visto bueno a la acción de Manuel.
Mientras tanto, Manuel a lo suyo, con otra de sus típicas introspecciones, intentó elaborar un diálogo para romper el hielo con la joven. Que más que un hielo, parecía un iceberg, como aquel que sesgó el Titanic.
-¿Fumas? ¡Pero qué dices Manuel! ¿Eres imbécil? ¡Si ni siquiera fumas ni tienes un cigarro para ofrecerla! Si esto es lo mejor que tienes, vamos mal-, pensó para sus adentros.

Por suerte, la chica estaba embobada mirando a la ventana, pero parecía agobiada por la mirada penetrante de Manuel, sintiendo que alguien la estaba invadiendo su espacio vital. Sin embargo y esta vez, le gustaba que aquel chico se fijase en ella y que le sonriese. En ese momento, una chispa surgió dentro de la joven.

Nada más por hoy, sólo dar las gracias a Ivy por ayudarme a componer la historia. Paz y amor.

miércoles, 6 de abril de 2011

Cómplices. (Parte 1)

Manuel era un muchacho joven, agradable y tímido, pero bastante divertido cuando se sentía a gusto con la gente que estaba a su alrededor. Tenía siempre la manía de llegar tarde a todos los sitios. Y no importaba si se planificaba el tiempo, ya resultara por cualquier causa, que siempre tenía que excusarse por haber llegado tarde.
Manuel, que cursaba 2º de Bachillerato, necesitaba de un autobús para llegar a su instituto todas las mañanas. Como ya he dicho anteriormente, Manuel era muy impuntual, por lo que os podéis imaginar cómo cogía el autobús todas las mañanas: deprisa y corriendo.

Cuando llegaba el autobús que precisaba coger, que por cierto, tenía calculada su llegada, lo cual hace más reprochable su actitud, siempre lo cogía deprisa y corriendo. Decía que era una tontería estar esperando mientras llovía, se asaba de calor o se moría de frío.
Manuel llegaba exhausto y jadeando, picaba el billete y se colocaba en el mismo lugar todas las mañanas: Siempre de pie cerca de la puerta. Decía que se colocaba ahí para cuando tuviera que bajar, no hubiera nadie que le cortara el paso hacia la salida.

Un día corriente en el que llegó al autobús sin respiración, mientras recuperaba el aliento y el autobús reemprendía la marcha, se fijó en una chica que no dejaba de mirar por la ventana del autobús. La joven, que subía al autobús 3 paradas antes que él, siempre tomaba asiento en el mismo lugar: segunda fila tras la puerta de salida, siempre en el lado de la ventana para poder mirar tras ella.
Cuando Manuel la miró, ella debió de sentir algo, probablemente que alguien la estaba mirando. Apartó la vista de la ventana y le miró. Era guapísima. Él apartó la mirada velozmente porque se moría de la vergüenza.
Cuando llegó a su parada y se bajó del autobús, esbozó una leve sonrisa que demostraba que algo había ocurrido, porque pocas veces agachaba la cabeza y se moría de la vergüenza ante una persona desconocida.

Al día siguiente, Manuel estuvo esperando al autobús, algo insólito en él, pero lo hizo con un objetivo: concienciarse de que no podía ser vergonzoso. Entonces, llegó el autobús. Ya antes de subir, él se percató de que la chica estaba en el mismo lugar de siempre: segunda fila tras la puerta de salida en el lado de la ventana.
Al subir al autobús, Manuel parecía un chico fuerte en sus convicciones, obligado a mantener el tipo ante la chica, pero no pudo hacerlo. La volvió a mirar. Volvió a pasar vergüenza, aunque esta vez era diferente: ella también sentía vergüenza, esgrimiendo una leve sonrisa tras mirarle.

Continuará. Paz y amor.

sábado, 5 de marzo de 2011

¿Cuándo una relación se ha roto?

Si no lo digo reviento. Este cuento lo contó el escritor Jorge Bucay. Yo sólo lo he readaptado. Por tanto, copyright Jorge Bucay.

Había una vez una princesa que quería elegir un novio que fuera digno de ella, que la amase verdaderamente.
Únicamente, la princesa puso una condición: Ésta elegiría al novio entre todos aquellos que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro del palacio donde ella vivía.

Se presentaron miles de pretendientes. Pero claro, al primer temporal de frío, la mitad se fue. Cuando empezó el duro y angosto verano, se fue la mitad de la mitad que quedaba. Cuando dejó de haber comida, la mitad de la mitad, de la mitad que quedaba, también se fue.

Cuando llegó el mes de Diciembre y otra vez volvieron los duros fríos, había quedado solamente un joven. Todos los demás se fueron cansados y desesperados pensando que ninguna espera tan dura, valdría el amor de ninguna mujer.

Solamente un joven, que había adorado a la princesa desde siempre, se había quedado allí, anclado a ese muro del palacio esperando pacientemente a que pasaran los 365 días. La princesa vio que, cuando este muchacho se había quedado durante tanto tiempo por ella, empezó a mirarle con otros ojos, pensando que ese hombre la quería de verdad.

En el mes de Octubre, la princesa espió al joven. En Noviembre pasó delante suya sin él saberlo. En Diciembre, se vistió de campesina para dejarle un poco de agua y comida. La princesa, vestida de campesina, le miró a los ojos y se dio cuenta de su mirada sincera. Entonces, le comentó a su padre, que era el rey del lugar: -Papá, creo que finalmente, ya sé con quién me voy a casar. Tendrás bellos nietos-.
El rey, muy contento por la noticia, había empezado a organizar todos los preparativos para la boda.

También hizo saber a toda la guardia, que el 1 de Enero del año siguiente, cuando se cumplieran los 365 días completos, llamaran al joven para comunicarle que el rey en persona, quería hablar con él. Todo estaba preparado y el pueblo se encontraba muy feliz ante el enlace.

Pero el 31 de Diciembre, justo antes de cumplirse el año entero, después de haber pasado 364 noches pegado al muro del palacio, el joven se levantó y se fue, no pudo así quedarse a cumplir todo el tiempo que la princesa demandó.

El joven, fue hasta su casa para ver a su madre. Ante la sorpresa de encontrarle allí, le preguntó al joven: Hijo mío, si tanto querías a la princesa, estando 364 noches, a falta de un día te vas, ¿qué te pasó, no pudiste aguantar un día más?-. El joven le contestó:

-Sabes mamá, me enteré que la princesa me había visto. Me enteré que me había elegido a mí. Me enteré que le dijo a su padre que se iba a casar conmigo y, a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de frío, de calor o muerto de hambre.
Pudiendo hacerlo, ¿por qué no pudo evitarme una sola noche de sufrimiento? Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento, no merece de mi amor, ¿verdad mamá?-.

Cuando estás una relación, y te das cuenta, que pudiendo evitarte una migaja de sufrimiento, el otro no lo hace, es porque todo se ha terminado.

sábado, 15 de enero de 2011

Castillo de naipes.

Paloma e Ignacio eran compañeros de clase, y lo habían sido además, durante muchos años. Un día, Ignacio notó algo en Paloma, algo especial, algo diferente.

Él se quedo sorprendido, porque consideraba a Paloma como una persona importante en su vida, sin llegar a ser nada, ni siquiera amigos, porque sólo coincidían en la clase. No quedaban por las tardes, ni coincidían en ningún sitio que no estuviera relacionado con el colegio.

Ignacio habló con su mejor amigo, ese que siempre le aconsejaba sobre los temas más peliagudos de su vida. Para él, resultaba un apoyo esencial en su vida, porque no tenía a nadie a la que contar todos los problemas e inquietudes que iba teniendo a lo largo de su vida.

Martín le recomendó que esperara, que no fuera deprisa y corriendo, que sabía de gente que por mucho correr, pronto paró. Ignacio escuchaba atentamente a Martín, como si de un abuelo contando una historieta a su nieto se tratara. Al final de la conversación, Ignacio se quedó satisfecho y convencido de que esperar era lo que debía hacer.

Teóricamente debía esperar, pero su corazón pisaba cada vez con más fuerza el pedal del acelerador del amor. Ya no podía más. Cada día, se sentía desbordado por la belleza de la joven, su simpatía, su aroma, su alegría, pero sobre todo, por su sentido del humor. Ignacio no se lo explicaba, pero todos los días, Paloma hacía reír a Ignacio.

Si Ignacio no se lo explicaba, yo tampoco. Se reía de unas cosas tan absurdas, que me daban ganas de coger a Ignacio por las solapas, darle en la cara y reanimarle, porque parecía inconsciente. Emocionalmente, claro.

Ignacio entonces, cometió la mayor estupidez del mundo mundial, universal, galáctico y catedralicio de todos los tiempos: Contar todo lo que le estaba sucediendo, a una chica. Pero el error no acaba ahí. El remate final del error fue que Ignacio se lo contó a su amiga. El no sabía que Paloma y la chica esta fueran tan amigas, pero lo eran. E Ignacio la fastidió, pero a base de bien.

Al principio, Ignacio se sintió híper-aliviado, por aquello de soltar todo lo que tenía adentro, pero nada más lejos de la realidad. Las circunstancias se volvieron contra él cual boomerang que vuelve para darte en los morros.

La actitud de Paloma entonces, se volvió más que fría, gélida, antártica, polar..., y se me acaban los adjetivos que indiquen frío.

Paloma e Ignacio ya no iban juntos a clase, como hacían cada mañana, no se juntaban en el recreo para hablar, es más, ni se hablaban. Ignacio se sentía fatal, por no haber hecho caso a su amigo Martín, pero sabía que debía correr algún tipo de riesgo con el afán de conseguir a esa muchacha. Al fin y al cabo, todo el mundo, alguna vez en su vida debe cometer riesgos.

El martirio de Ignacio no acaba aquí. Una tarde, a la salida del instituto, se dio el gustazo de caminar por un parque que colindaba a su casa, aprovechando que ya Paloma no iba con él, podía dar un tranquilo paseo mientras escuchaba música con aquellos cascos gigantes que le hacían evadirse del mundo.

Fue entonces cuando, a lo lejos, Ignacio se fijó en aquel banco donde solía hablar con Paloma durante horas. A veces hablaban de algo, y a veces de nada, pero hablaban.
Ignacio se percató de que había una pareja y la chica, llevaba el mismo abrigo que Paloma.
-Anda que si es Paloma, no sé donde me voy a meter-, se dijo a sí mismo Ignacio.
Pues sí, aparte de ser Paloma, estaba con un chico. Y sí, estaban besándose.

Triple decepción para Ignacio que, de acuerdo, no tenía nada con Paloma, pero él sentía que alguien le había quitado algo que, en algún momento, pudo ser suyo.

Nada más por hoy. Sed buenos. Paz y amor.

lunes, 3 de enero de 2011

Siempre estará ahi.

Hola a todos. Parece que este nuevo año me ha sentado de maravilla, porque otra vez estoy escribiendo, aunque sea en horas no muy tempestivas.

He estado reflexionando (y cuándo no), y me he puesto a pensar si en verdad sabemos que es cada cosa, porque muchas veces veo que la gente no sabe qué es la felicidad, el amor, o retrocediendo a conceptos más simples, un amigo.

Porque, ¿qué es un amigo?

Si somos capaces de dar una definición aproximada del término, podríamos decir que un amigo es aquella persona que está contigo siempre, en las duras y en las maduras, apoyándote incansablemente. Es aquel que se alegra con tus triunfos y se entristece por tus derrotas.

Un amigo es alguien a quien siempre puedes llamar, sea la hora que sea, para contarle que te sientes mal, y éste, no te colgará el teléfono. Un amigo siempre te escucha, aunque le aburra la sarta de chorradas que le estés contando, pero siempre estará dispuesto a aconsejarte, dando su más sincera opinión.

Un buen amigo no siente envidia de ti ni trata de hacerte quedar mal, sino todo lo contrario, trata de elogiarte y engrandecerte siempre, aquel con quien aprendes a comunicarte aún sin hablar, solo con un gesto o una mirada.
Un verdadero amigo sabe cómo actuar contigo en las situaciones más difíciles, cuando nadie te soporta porque estás inaguantable, el buen amigo, te comprende y se compadece de ti.

No te busca o es tu amigo solo por lo que puedes darle o por interés, sino porque gusta de tu compañía y se siente bien a tu lado, pero de verdad. Un amigo es quien a pesar de conocerte bien, te acepta y aprecia tal cual eres.

Si has encontrado a un buen amigo, cuídalo bien, porque es el mayor tesoro que jamás podrás tener.

Porque habrá muchas ocasiones a lo largo de tu vida en las que te sentirás solo, sin ganas de nada y sin fuerzas para seguir luchando. Seguro.

Pero lo que deberás hacer es reflexionar fríamente y pensar que, aunque creas que estás solo en la vida y sin nadie que te pueda apoyar, siempre, repito siempre, habrá una persona capaz de escucharte, animarte y darte el empujoncito que necesitas para seguir adelante: Tu amigo.

Nada más por hoy. Paz y amor.

sábado, 1 de enero de 2011

¿Hacer por hacer?

Hola a todos. Aprovecho para desearos un feliz año 2011 y, alejándome del topico de que “se hagan realidad todos vuestros deseos”, espero que, al menos, no vayamos a peor, que según cómo está el mundo, no es poco lo que pedimos.

Cambio de año, cambio de década, cambio de todo. Hoy estoy refranero, asi que, perdonadme si abuso de ellos, pero hoy para mí, todos los refranes tienen sentido.
Mi padre, con gran razón, siempre suele decir que “las cosas bien hechas, bien parecen”. Simplemente, este refran me encanta.

Sí, lo admito. Soy un perfeccionista. Me encanta que todo esté perfecto. Si algo falla, hay algo por dentro que me reconcome. Por tanto, el refrán que acabo de mencionar me viene “al pelo” para contar cosillas.

Hay mucha gente que, bien por desgana, bien por pasotismo, bien por su forma de ser, les encanta hacer las cosas a medias, como decía un gran profesor que tuve, “sin profundidad”. No buscan el hacerlo bien, sino simplemente, el hacerlo. Y que conste que yo lo respeto, pero obligatoriamente, y atendiendo a mi forma de ser, no puedo compartirlo.

Muchas veces, las circunstancias te obligan a hacer las cosas deprisa y mal, pero sólo ocasionalmente, no constantemente, por lo que siempre tienes oportunidad de hacerlo mejor, pero nunca se hace porque no se puede, no se quiere o, vete tú a saber porqué.
Entono el “mea culpa”. Asumo que, en algún momento del pasado haya hecho cosas por hacerlas o sin pensar, pero aprovecho este nuevo año que acaba de comenzar para hacer propósito de enmienda y como dice el refrán: “Año nuevo, vida nueva”.

Voy a hacer las cosas dando lo mejor de mí. SIEMPRE. Queda dicho.

Nada más que añadir. Feliz año a todos, otra vez. Paz y amor.