sábado, 9 de julio de 2011

No es verdad todo lo que te dicen.

La verdad es que hoy, el título de la entrada es una burda copia/adapatación del refrán: No es oro todo lo que reluce. Espero que ésta transcripción cogida con pinzas de lo mal hecha que está no os haga mucho daño a la vista. Dicho queda.

Frank era uno de los habitantes más viejos de Drumburgh, una ciudad inglesa, limítrofe con Escocia. Allí, pocas personas rondaban su edad, que se expresaba en una cifra de tres dígitos.

Hace tiempo, en una de las tertulias que mantenía con sus amigos de la ciudad mientras jugaba al póker, una gran afición allí, un tímido y rubio joven llamado Steve, se le acerco de soslayo, como si intentara no llamar la atención, pues Frank era campeón de Inglaterra de póker.
Tras vencer a todos sus amigos, el joven se atrevió a mantener un diálogo con él.

-Perdone señor, ¿es usted de quien todos mis amigos hablan?- preguntó Steve rozando el tartamudeo.
-Hombre, pues no sé de quién hablan tus amigos-, respondió Frank entre carcajadas.

El joven Steve le comentó a Frank que todos sus amigos comentaban lo buenísimo jugador de póker que era, que aprendió desde muy niño y ya con tempranas edades, conseguía derrotar a los más expertos jugadores.
El viejo Frank alardeó un poco de sus logros, pues quería dejar impresionado a Steve.
No obstante, la gran sonrisa que esbozaba se convirtió en una ligera mueca cuando Steve le comentó la mala fama que tenía Frank con respecto a su forma de jugar.

-Mucha gente dice que vas de perdedor, de que tienes malas cartas, para luego desbancar a todos-, dijo Steve timorato.
Añadió además, qué él mismo podría vencerle si tan mal jugador parecía, ridiculizando así su campeonato de póker y sus múltiples y grandiosas victorias.
Frank, al escuchar esto, entró en cólera y respondió a Steve chillando y profiriendo graves insultos. No obstante, le brindó la oportunidad de jugar contra él, para que viera con sus propios ojos lo “perdedor” que era. Todo un campeón nacional de Inglaterra.

El joven Steve, al ser derrotado de una manera rozando la humillación, éste le mostró sus respetos, rogándole disculpas, ya que padeció una vergüenza tremenda.

Pasado un tiempo, Steve se dirigió a casa de Frank, que se encontraba en la colina más alta de Drumburgh. El viejo Frank recordó instantáneamente al joven que le ofendió tiempo atrás, pero, no obstante, le invitó a entrar, ofreciéndole un té y unas pastas hechas a mano por su mujer.

Una vez sentados, acomodados y tomando aquel té, Steve se atrevió a preguntar a Frank por su técnica infalible, que él tenía la firme convicción de que quería ser el gran sucesor del ilustre Frank Johnson, campeón de Inglaterra de póker.

El viejo y ya cansado Frank, le mostró algunas técnicas para hacer que sus rivales se retiraran de grandes apuestas y poder así, llevarse todo el dinero que hubiera en la mesa de juego. El joven Steve mostraba muchas ganas de aprender, ya que escuchaba con una atención pasmosa.

Jugaron una partida para que el propio Steve pusiera en práctica todo lo que había aprendido de tal ilustre maestro.
La partida se desarrolló en el marco de una gran rivalidad, pues Steve quería demostrar a Frank, que estaba preparado para ser su sucesor, y el propio Frank, de que ningún rival, aún sabiendo sus técnicas, conseguiera derrotarle.

Casi al final de la partida, Steve ya se creía ganador, pues tenía un “full” (combinación de un trío de cartas de igual número más una pareja de igual forma) y, según los gestos de Frank, éste no tendría más que alguna pareja simple. Obviamente, Steve hizo un “all in” (apostar todas las fichas que se tienen), con claros gestos de que iba a ganar a todo un campeón de Inglaterra.

A la hora de levantar las cartas, Steve se quedó petrificado al ver la escalera de color de Frank que, obviamente, supera cualquier “all in”.
-Así es la vida, chaval. Tienes que empezar a no creer todo lo que te dicen-, dijo Frank a Steve mientras éste le daba un par de palmaditas en la espalda.

Steve, al abandonar la partida y la casa de Frank, éste murmulló entre dientes:
-Todo lo que se decía de ti era cierto, tan sólo tenía que comprobarlo por mí mismo-.

Nada más por hoy. Paz y amor.

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