Hola a todos. ¿Qué tal estáis? Espero que bien. Lo primero de todo es excusarme por haber estado prácticamente 5 meses sin escribir absolutamente nada.
Como lo único que hago aquí es escribir, empiezo.
Jorge era un chico bastante normal, uno de esos cientos de miles con los que te sueles cruzar cuando vas por la calle. Era tímido, muy tímido.
Ana, su novia, por el contrario, era una persona de lo más extrovertida, bastante habladora cuya cualidad era la de empatizar con todo el mundo.
Cuando empezaron a salir juntos, muchos dijeron que esa pareja no iba a durar mucho, pues ambos caracteres chocaban de manera frontal, por lo que Jorge se veía frustrado muchas veces y aunque Ana intentara calmarle y animarle, Jorge asumía que Ana, como decía él mismo, “es mucha chica para mí”.
Aunque Ana sabía dejar de lado todo y centrarse en Jorge, tanta fue la presión que se ejerció sobre la pareja que muchas veces, el propio Jorge tuvo en mente la ruptura, pues no sabía cómo lidiar los comentarios y los cuchicheos de su círculo más privado de amigos.
En uno de estos momentos de flaqueza, Jorge pidió a Ana que durante un fin de semana no le llamara ni le escribiera ningún tipo de mensaje por el móvil. Jorge quería desconectar de todo y de todos para analizar todo fríamente y así poder realizar un mejor diagnóstico.
De repente, Jorge hizo frenar a su mente en seco y se puso a reflexionar sobre la fuerza que ambos han tenido para superar cualquier adversidad. Aunque Ana lo hacía mejor que él, Jorge se dio cuenta que él también sabía (a su manera), superar los comentarios más crueles y envidiosos de la gente con el simple propósito de ver cómo se rompe una pareja asentada.
Fue en ese momento cuando Jorge se llenó de orgullo, orgullo hacia sí mismo. Se sentía orgulloso de sí mismo. Era fuerte, pero no por sí sólo. Ana tampoco lo era por sí sola. Eran fuertes como una sola cosa. Una pareja. Algo indestructible. Y entonces, Jorge tomó papel y bolígrafo, abrió su corazón y plasmó éstas palabras:
“Ana:
Cuando te vi por primera vez, vi el amor. Cuando me tocaste por primera vez, sentí el amor. Y después de todo este tiempo, todavía eres la única que amo.
Parece que lo conseguimos, pues mira cuán lejos hemos llegado. Quizá nos haya llevado un largo camino pero sabíamos que llegaríamos a una meta muy lejana. Una meta que ya hemos alcanzado y sobrepasado con creces. Todo el mundo decía: “Apuesto a que nunca lo conseguirán”. Resulta irónico pues esas palabras han sido las que nos han dado fuerza y nos han ayudado a mantenernos.
Todavía seguimos juntos, siendo fuertes aún. Todavía eres la única por la que correría donde fuera, la única a la que pertenezco, eres la única a la que quiero de por vida.
Eres la única que amo, la única con la que sueño, la única que beso.
No hay nada mejor, ya que superamos todas las expectativas. Y me alegro que nadie haya escuchado que hemos roto.
Me alegro que lo hayamos conseguido. Ahora, sólo tenemos paz. Nadie nos perturba porque saben que topan con una pared más dura que cualquier cosa del mundo.
Y sólo está hecha de un material, uno sólo: El amor.
Porque ya he aprendido una valiosa lección: La única medida para el amor es el amor sin medida.
Te quiero infinito, porque bien sabes que después del infinito, no hay nada.
Jorge.”
…Y en ese instante, ambos se dieron cuenta de que, si ya de por sí la relación era sólida y dura, se ha convertido en una fortaleza infranqueable e inexpugnable, imposible de atravesar etimológicamente y metafóricamente hablando.
Nada más por hoy. Decir por último que espero escribir más a menudo, pero dependo del tiempo disponible que tenga y de que la musa de la inspiración se aparezca ante mis ojos.
Sed buenos. Paz y amor.
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