Van a pasar 3 meses desde que subí la última entrada a éste blog. Pensaréis que ha sido por desdén o pasotismo pero creerme que tengo más borradores que entradas publicadas.
Y es que a medida que tengo más ganas de contar cosas, menos palabras me salen y todo lo que escribo se queda en eso, en borradores. Quizá sea por mi forma de ser, que necesito que todo esté bien redactado y bien puntuado pero también necesito que todo lo que voy a escribir no se deba a un momento de ira o lo que comúnmente se dice, un calentón. Soy así de reflexivo, los del signo libra tendemos a pensar demasiado para dejar todo atado.
Pues bien, lo que vengo a contaros es más bien una reflexión, una síntesis de todo lo que pienso. Prometo contaros un montón de cosas en entradas sucesivas, que lo tengo todo pensado. Entre otras cosas, cómo me saqué el carné de conducir y el camino que he recorrido desde dejar la carrera que estaba estudiando hasta estar ahora admitido en la carrera que siempre quise estudiar. Pero eso vendrá más tarde, ahora viene lo que quiero contaros hoy.
Nadie es perfecto, todos los sabemos. Y es que la perfección reside en la imperfección. Yo soy muy imperfecto, tengo millones de defectos, no puedo negarlo ni esconderlo. Y uno de mis principales defectos es que pienso demasiado, me como demasiado la cabeza. Eso nunca es bueno y puedes destrozar todo lo que tienes, como es mi caso. He aquí la prueba de mi delito.
“Hace un tiempo que te marchaste de mi mano y decidiste seguir caminando sola. Probablemente ya tengas a alguien para que te acompañe o quizá no, pero lo esencial es que ya no caminas de mi lado.
Y es que mucha gente, de manera directa o indirecta me ha exigido categóricamente que salgas de mi cerebro pero, ¿a quién pretendo engañar? Mi cerebro no tiene puertas ni ventanas, no es un sitio clausurado ni nada por el estilo. Las cosas salen y entran cuando les apetece pero tú entras y sales demasiadas veces. Y eso no es bueno, no es bueno que estés entrando y saliendo continuamente. No es bueno para mí, obviamente.
Porque ya es hora de que vaya mirando por mí, por mis intereses, porque hace no mucho, no hacía que mirar por ti. Y no es un reproche, no es ir de víctima ni nada por el estilo. Es que soy así, qué quieres que le haga. Miraba por tu felicidad y porque fueras feliz conmigo pero como en el amor no hay medida, pues me pasé de la raya. De tu raya mejor dicho. Has decidido que lo que yo te daba no era lo que tú querías y te has ido. Punto final, ¿verdad? Para mí no, para mí no lo es.
A pesar de todo, sigo acordándome de ti con cada cosa, no hay un día en el que no piense en ti y no hay canción que escuche que no me haga pensar en todos los buenos momentos que hemos pasado.
No voy a entrar en si tú te sigues acordando de mí, probablemente no y seguramente sí, pero quiero que sepas que a pesar de todas las veces que lo hemos intentado, a pesar de todas las veces que hemos mentido a la gente por vernos y a pesar de todo lo malo que hemos pasado juntos, que sepas que a mí me seguía compensando. Me seguías compensando.
Como ves, omito todo lo malo que ha venido después, todo lo que ocurrió después que a mí, personalmente, me ha dejado más tocado si cabe después de que dejáramos de caminar juntos. Pero qué quieres que le haga si después de todo llevamos conociéndonos más de 4 años. Mejor dicho, “llevábamos conociéndonos”.
Y no sé si leerás esto, quizás sí porque eras la fan número uno de mis relatos e historietas y tú me animaste a publicar por aquí todo lo que pensaba, pero tanto si lo lees como si no, quiero que sepas que me alegro mucho de haberte conocido y tanto si la vida nos vuelve a unir como si nos separa por completo, quiero que sepas que como tú también escribiste cuando una vez de tantas lo intentamos, “aunque no lo parezca, te seguiré esperando”.
Quizá, probablemente y seguramente que reharás tú vida y aunque cueste creer después de leer esto, yo quizá la rehaga también, pero lo que es absolutamente innegable es que no has sido una más en mi vida. Has sido la primera persona de la que me enamoré realmente, y eso lo sabes más que de sobra. Quizá por eso me cuesta tanto aceptar que ya no estás a mi lado ni lo estarás jamás”.
El título es por ella, que así tituló su entrada donde escribió lo más bonito que he leído, donde escribió que a pesar de no estar juntos, me seguía esperando por si volvía a caminar de su mano. Puso un punto como título. Un punto nada más. Quizá esa era su forma de avisar que lo que estaba por leer era bonito. Demasiado bonito.
Nada más por hoy. Paz y amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario