Tras la valiente y sincera demostración de amor de Martín, la parada de tren de Alba, había llegado.
Alba, al llegar a casa, se sintió fenomenal y fatal al mismo tiempo. Martín si, le gustaba mucho, pero guardaba un secreto que probablemente, le disgustaría mucho.
Al día siguiente, Martín estaba rebosante de felicidad, Alba justo al contrario. Estaba triste, apagada, seria.
Martín, al ver a Alba triste, un mar de dudas le asaltó la cabeza.
-Alba, me estás preocupando mucho. ¿Qué te pasa?- Preguntó Martín con demasiado ahínco.
- No pasa nada Martín, tan sólo es que tengo un día “chof”. Esa clase de días en los que prefieres estar en la cama todo el día- contestó Alba demostrando sinceridad.
Martín, parecía estar tranquilo con la respuesta de Alba, pero su corazón le decía que había algo más.
-Lo siento Alba, debo insistir en la pregunta. ¿Qué te pasa? Necesito saber la verdad - dijo Martín esta vez, en un tono muy serio.
-¿Quieres saber la verdad? Primero he de decirte que, te digo la verdad porque me importas mucho y a ti, no te quiero mentir en ningún aspecto.-
-Jo, Alba, ahora sí que me estás asustando, y mucho-, dijo Martín mientras sus gestos faciales torcían.
Alba sacó un papel del bolsillo y, llorando, se lo dio a Martín y se fue corriendo. Martín apenas tuvo tiempo para reaccionar.
Martín, empezó a leer el papel.
“Si estás leyendo esto, estas a punto de saber toda la verdad sobre mí. Mi adolescencia, fue horrible, pero te voy a dar los motivos por lo que lo fue.
He tenido dos novios y, no me compensaron para nada. El primer novio sí, me reportó felicidad, pero una felicidad a medias. Así que, decidimos dejarlo.
El segundo, fue el peor. Cuando llevábamos alrededor de seis meses, no sé qué fue diciendo por ahí que un día, apareció un grupo de chicas en mi casa soltando gravísimos insultos.
Put*, guarr*, zorr*. Esta es una pequeña parte de lo que decían.
Te puedo jurar que no había ninguna razón para que me llamaran eso. Y ya te digo que no sé qué pudo decir ese chico para que fuera humillada de esa forma.
No me atreví ni a mirarle a la cara. Tiempo después supe que se ganó una fama que no tenía a través de mi persona. La fama de ya no ser virgen.
En fin, espero que esto que acabas de leer no repercuta lo más mínimo en nuestra relación.
Te quiero mucho. Alba.”
Martín fue apresuradamente a casa de Alba, que sabía dónde vivía. Empezó a llamar al timbre como si la vida le fuera en ello y abrió la puerta Alba, con un pañuelo en la mano y los ojos rojos de tanto llorar.
Alba, intentó articular palabra, pero Martín no quería más explicaciones.
Momentos antes de besarla, Martín la susurró en el oído:
-No me importa quién fuiste. Me importa quién eres.-
Se acabó lo que se daba. Paz y amor.
Javiii me ha encantado la historia, no sabía que escribías de esa manera y espero leer más cosas como estas.
ResponderEliminarConserva esa manera de escribir.
un besito.
P.D: Ya tienes nueva seguidora jajaja