miércoles, 6 de julio de 2022

Rebuscando

    Rescato este microrrelato que escribí en la universidad, concretamente el 26 de febrero de 2016:


   «¿Quién me iba a decir que me volvería a encontrar con ella en aquel autobús, nada más pasar por la estación de Saint-Lazare? Ella seguía tan hermosa como siempre. Seguía teniendo el pelo más rubio que jamás vi, los ojos más azules que mi memoria recuerda y la sonrisa más preciosa de la Tierra.


    La parada de Saint-Lazare es digna de postal: sus árboles de hoja caduca y sus bancos de madera se vuelven bellísimos y especiales a la llegada del otoño, las hojas marrones que crujen al ser pisadas y, sobre todo, ese atardecer mágico que parecía eliminar todos los malos pensamientos.


    Y en esa atmósfera paradisíaca, el autobús, ella y yo. El conductor, en ese momento perfecto, decidió frenar bruscamente para que melena rubia y mi barba pelirroja se encontrasen en esta vida. Ella sonrió y se tocó el pelo. Yo me sonrojé y pensé que nunca más volvería a ver a una persona tan perfecta.


    Craso error. Volveré a verla todos los días de mi vida. Mi mujer tiene el pelo más rubio que jamás vi, los ojos más azules que mi memoria recuerda y la sonrisa más preciosa de la Tierra».

martes, 11 de enero de 2022

Lord Jack Knife



    Quiero compartir las palabras de Lord Jack Knife, un barbero que desoyó las palabras del director de la academia de peluquería, que vaticinó un futuro negro para el barbero.

    Lord Jack Knife ha sabido reinventar la barbería, implantando un estilo muy personal, apostando por la barba como un elemento de elegancia.

Algunas de las conclusiones de este valenciano son:
  1. Resistir y no darse por vencido, trabajar duro: «sin esfuerzo no se consigue nada».
  2. No escuchar a quienes no creen en tu idea: «una persona que cree y tiene fe en sus ideas, muchas veces, cuando intenta compartirlas con otras personas, no le aportan nada las opiniones de los demás”. «Tú estás convencido de que tu proyecto de vida va realmente a funcionar. No quieres escuchar «estás perdiendo el tiempo» o «eso no va a funcionar», porque crees en ti.
  3. Si crees en lo que estás haciendo, confía en ti: «si realmente crees en lo que estás haciendo, no necesitas a nadie que vaya aplaudiendo a tu paso”.
  4. Buscar tu nicho, huir de lo que hace la mayoría. «nunca me ha gustado unirme a la masa y seguir saturando el mercado”. “Para mí, descubrir un nicho donde nadie ha querido trabajar es más una oportunidad que un contratiempo. Hay mucha gente que no lo ve así y, por miedo, se meten al mercado común o principal».
  5. Prepararte para fracasar: «una de las cosas que siempre se experimentan en el camino al éxito es el fracaso. Si uno no aprende a fracasar, nunca sabrá deleitarse con el éxito, nunca podrá degustar el éxito con sus labios».

martes, 5 de enero de 2021

Daniel y Sara

La vida de Daniel parecía transcurrir con normalidad: Sus estudios marchaban bien después de una mala racha de suspensos, gozaba de unas amistades que no eran numerosas pero sí estaban justo cuando más lo necesitaba y no había ningún elemento que pudiera distorsionar el día a día de Daniel, recién adentrado en la veintena de edad. Por otra parte, Sara era una muchacha sencillamente espectacular, una joven que rozaba los veinte años de edad pero que tenía una visión completamente diferente de la de Daniel.

Sara era una joven alegre, una chica que hablaba con cientos de personas al día y que, en pocas ocasiones lloraba. Qué forma de sonreír, qué forma de mirar, qué forma de acariciar. Y es que aquella muchacha era simplemente perfecta, el boceto de un ángel personificado que bajó a la Tierra con el único propósito de colocarse delante de sus narices.

Al principio resultaba totalmente inalcanzable y más que una persona, parecía una utopía de melena morena y largas piernas. Pero poco a poco, aquella chica empezó a parecer mortal, empezó a hablar con él, a dirigirle la palabra. La felicidad rebosaba su alma, de nuevo tenía ganas de vivir, de comenzar un nuevo día con el único objetivo de volverla a ver y de que le dirigiera unas pocas palabras. A medida que pasaron los días, sus deseos se iban cumpliendo prácticamente a pares. Le saludaba, le hablaba y hasta sabía mi nombre. Todo alcanzó una dimensión nunca vista cuando conseguí, sibilinamente, declararse ante ella, decirle que le gustaba y que esperaba que fuera correspondido, aunque todo esto bañado en el mar de la vergüenza.

Y rebosó de alegría porque sus palabras confirmaban sus mayores deseos: Le gustaba, llevaba tiempo fijándose en él. Qué felicidad, qué alegría, qué sorpresa. La historia no podía tener un final feliz porque no podían estar juntos, a pesar de que todos los elementos formaban una excelente pareja. Ella se marchaba de viaje para no volver nunca más.

sábado, 2 de enero de 2021

Historia agridulce

Me propuse un objetivo nada más verte: Quería conocerte. Conocer lo que más te gusta y lo que más detestabas, saber tus miedos, conocerlos y evitar mencionarlos para no causarte ni el más mínimo rasguño, ni tan siquiera emocional. Me partí la cara por intentar llamar tu atención, que te fijaras en mí, que supieras que existo.

Y lo conseguí, te fijaste en mí. Vivimos una infinidad de momentos, momentos absurdos, momentos estúpidos, pero para mí eran los mejores momentos de mi vida, simplemente porque tú eras la protagonista y yo era una especie de actor secundario. Siempre secundario, siempre a la sombra de tu angelical belleza, de la suavidad de tu cara al rozarla con mis dedos. Nunca podría imaginar que pudieras siquiera acordarte de mi cumpleaños, de mi color favorito o de las canciones que hacen sentirme melancólico. Pero tú has descubierto todo: 8 de agosto, rojo y ‘Nothing else matters’, de Lucie Silvas. Ya no puedo esconderte nada, ni siquiera mis sentimientos. Sabes perfectamente cuándo estoy mal, cuándo tengo un mal día tienes el maldito remedio perfecto para aliviarme: Tu sonrisa. Esa expresión y esa forma de sonreír me derriten, te lo confieso.

Pero al igual que puedo loarte, también me apetece indicarte el camino a la tristeza, esa tristeza que me generas cada vez que me obvias, cada vez que me ignoras o cada vez que sugieres que prefieres estar sola antes de herirme porque según tú, soy una buena persona y no me lo merezco. No tenemos ningún futuro juntos, pero a mí me apetece imaginarme junto a ti todos los días de mi vida.

martes, 11 de noviembre de 2014

B.

Buenas a todos. ¿Qué tal estáis? Después de tantísimo tiempo sin escribir nada por aquí ya no sé qué decir para empezar a hablar. La verdad es que durante este año y poco sin decir nada, han pasado bastantes cosas, pero es que, en realidad, tampoco vengo a contaros nada de lo que me ha pasado en ese espacio de tiempo. O tal vez sí.

Hace un mes, un escaso mes, empezaba de nuevo las clases en la universidad. En otro turno, separado de los amigos que hice en primero, pero siguiendo estudiando lo que quiero, que es lo que cuenta. Cuando entré en mi clase, solo había una persona, una chica, una de tantas que hay en el mundo. La saludé y empezamos a hablar, sin más, como si nos conociéramos de toda la vida.

Y es que, desde aquel día, no he vuelto a imaginar un día sin ella, contándonos millones de chorradas estúpidas y cosas que trascienden a la vida misma, como qué será de nuestra vida en los próximos dos años o si la gente lloraría nuestra muerte en caso de morir mañana. Pero a mí me da igual de qué hablar con ella porque, simplemente, le aporta sentido a mi día a día. Un sentido estúpido en cierto modo, porque, para llamarnos, nos insultamos. Así es ella, única, sorprendente y genial.

Poco más de un mes llevamos conociéndonos y parece que nos conocemos de toda la vida. Porque podemos estar cuatro horas hablando por Skype y cuando cuelgo la llamada, necesito hablar más con ella, aunque me cuente que se ha comprado unos pendientes en un "chino" o que se cayó por las escaleras el segundo día de universidad.

Así es ella, una chica que sabe perfectamente cuándo no me encuentro bien y sabe perfectamente cómo sacarme una sonrisa cuando tengo un mal día. Le gustan los Llaollao, los Ferrero Rocher y odia el pescado y las judías verdes. Es tremendamente simpática y puede echar a correr para abrazar a un amigo. A mí ya me ha sucedido. Portal es así, y así la llamo porque sé que no le gusta que le llame así. Para decirle cosas bonitas, mejor se las digo a la cara.

Nada más por hoy. Paz y amor para todos.

P.D: La entrada estaba preparada desde hace varios días, pero yo quería que fuera ella misma la que publicase la entrada porque, al fin y al cabo y, en cierto modo, es su entrada y la publica cuando ella quiere.

sábado, 24 de agosto de 2013

Un punto.

Van a pasar 3 meses desde que subí la última entrada a éste blog. Pensaréis que ha sido por desdén o pasotismo pero creerme que tengo más borradores que entradas publicadas. Y es que a medida que tengo más ganas de contar cosas, menos palabras me salen y todo lo que escribo se queda en eso, en borradores. Quizá sea por mi forma de ser, que necesito que todo esté bien redactado y bien puntuado pero también necesito que todo lo que voy a escribir no se deba a un momento de ira o lo que comúnmente se dice, un calentón. Soy así de reflexivo, los del signo libra tendemos a pensar demasiado para dejar todo atado.

Pues bien, lo que vengo a contaros es más bien una reflexión, una síntesis de todo lo que pienso. Prometo contaros un montón de cosas en entradas sucesivas, que lo tengo todo pensado. Entre otras cosas, cómo me saqué el carné de conducir y el camino que he recorrido desde dejar la carrera que estaba estudiando hasta estar ahora admitido en la carrera que siempre quise estudiar. Pero eso vendrá más tarde, ahora viene lo que quiero contaros hoy.

Nadie es perfecto, todos los sabemos. Y es que la perfección reside en la imperfección. Yo soy muy imperfecto, tengo millones de defectos, no puedo negarlo ni esconderlo. Y uno de mis principales defectos es que pienso demasiado, me como demasiado la cabeza. Eso nunca es bueno y puedes destrozar todo lo que tienes, como es mi caso. He aquí la prueba de mi delito.

“Hace un tiempo que te marchaste de mi mano y decidiste seguir caminando sola. Probablemente ya tengas a alguien para que te acompañe o quizá no, pero lo esencial es que ya no caminas de mi lado. Y es que mucha gente, de manera directa o indirecta me ha exigido categóricamente que salgas de mi cerebro pero, ¿a quién pretendo engañar? Mi cerebro no tiene puertas ni ventanas, no es un sitio clausurado ni nada por el estilo. Las cosas salen y entran cuando les apetece pero tú entras y sales demasiadas veces. Y eso no es bueno, no es bueno que estés entrando y saliendo continuamente. No es bueno para mí, obviamente.

Porque ya es hora de que vaya mirando por mí, por mis intereses, porque hace no mucho, no hacía que mirar por ti. Y no es un reproche, no es ir de víctima ni nada por el estilo. Es que soy así, qué quieres que le haga. Miraba por tu felicidad y porque fueras feliz conmigo pero como en el amor no hay medida, pues me pasé de la raya. De tu raya mejor dicho. Has decidido que lo que yo te daba no era lo que tú querías y te has ido. Punto final, ¿verdad? Para mí no, para mí no lo es. A pesar de todo, sigo acordándome de ti con cada cosa, no hay un día en el que no piense en ti y no hay canción que escuche que no me haga pensar en todos los buenos momentos que hemos pasado.

No voy a entrar en si tú te sigues acordando de mí, probablemente no y seguramente sí, pero quiero que sepas que a pesar de todas las veces que lo hemos intentado, a pesar de todas las veces que hemos mentido a la gente por vernos y a pesar de todo lo malo que hemos pasado juntos, que sepas que a mí me seguía compensando. Me seguías compensando.
Como ves, omito todo lo malo que ha venido después, todo lo que ocurrió después que a mí, personalmente, me ha dejado más tocado si cabe después de que dejáramos de caminar juntos. Pero qué quieres que le haga si después de todo llevamos conociéndonos más de 4 años. Mejor dicho, “llevábamos conociéndonos”.

Y no sé si leerás esto, quizás sí porque eras la fan número uno de mis relatos e historietas y tú me animaste a publicar por aquí todo lo que pensaba, pero tanto si lo lees como si no, quiero que sepas que me alegro mucho de haberte conocido y tanto si la vida nos vuelve a unir como si nos separa por completo, quiero que sepas que como tú también escribiste cuando una vez de tantas lo intentamos, “aunque no lo parezca, te seguiré esperando”. Quizá, probablemente y seguramente que reharás tú vida y aunque cueste creer después de leer esto, yo quizá la rehaga también, pero lo que es absolutamente innegable es que no has sido una más en mi vida. Has sido la primera persona de la que me enamoré realmente, y eso lo sabes más que de sobra. Quizá por eso me cuesta tanto aceptar que ya no estás a mi lado ni lo estarás jamás”.

El título es por ella, que así tituló su entrada donde escribió lo más bonito que he leído, donde escribió que a pesar de no estar juntos, me seguía esperando por si volvía a caminar de su mano. Puso un punto como título. Un punto nada más. Quizá esa era su forma de avisar que lo que estaba por leer era bonito. Demasiado bonito.

Nada más por hoy. Paz y amor.

sábado, 25 de mayo de 2013

Sinopsis.

Me siento ante el portátil para escribir un poco. Tengo muchas ideas en la cabeza, pero ninguna está perfilada del todo. No obstante, tengo ganas de escribir, muchísimas, así que lo mejor que puedo hacer es una radiografía de mi vida actual, de lo que me está sucediendo en éste último período de tiempo. Y la verdad es que los días que llevo viviendo desde hace un par de meses los calificaría de “incalificables”. Sí, suena a topicazo, pero es que lo que llevo viviendo últimamente es insípido a más no poder.

Veréis, ya os conté hace dos entradas que había dejado la carrera y estaba estudiando de nuevo la Selectividad (siempre la he puesto con mayúscula, será por el respeto que me supone ésta prueba) porque quiero intentar entrar en la carrera o carreras que realmente quiero, que son Periodismo y Magisterio.

El Periodismo me viene desde siempre porque, cuando juego a algún videojuego de fútbol, siempre lo narro, además de hacer algunos pinitos en algunas páginas web de corte deportivo. El Magisterio es más reciente y viene de las clases particulares que doy a diversos niños. Allí he encontrado una manera preciosa de interactuar con una persona más pequeña, dejando en ella tu huella, y qué mejor huella que la del conocimiento, porque las cosas que vas aprendiendo a lo largo de la vida quedan ligadas a quien te las ha enseñado, así que me gustaría que los niños me recordasen por lo que saben, por la huella que he dejado en ellos.

Pero para ser sinceros, no está siendo un buen camino, un camino fácil. Se suponía que al ser solo dos asignaturas de las que me tengo que examinar, estudiarlas sería más fácil que estudiar seis, parece lógico, pero la lógica, a veces, no encuentra cabida en las personas.

Y es que el otro día coincidí con mi profesora de Matemáticas en la ESO, aquella profesora que me enseñó que todo se debe hacer con orden y limpieza, me comentaba lo que yo hace poco vi por mí mismo. “Javi, eras un vago, pero cuando te ponías en serio, no había nada ni nadie que te parase”. La primera frase la he escuchado de todos los profesores que he tenido a lo largo de mi vida, pero la segunda y la tercera frase son nuevas para mí, o al menos no me he dado cuenta de ellas hasta hace poco.

El caso es que me chocó lo que dijo mi antigua profesora porque yo, sea por la razón que sea, soy un chico bastante pesimista, no me suelo animar con nada y si no es por otras personas, no me lanzo a hacer ni decir nada. Pues bien, cuando me dijo eso, me paré a pensar. ¿Lo ha dicho por cumplir o porque realmente lo piensa? ¿Qué pretende decirme con eso? Después de eso, volví a la biblioteca y seguí estudiando, que los exámenes de Selectividad son el 5 y 6 de junio y no tengo mucho tiempo.

Y es que antes he dicho que se supone que es más fácil estudiar dos asignaturas que seis. Exacto, se supone. Yo, aparte de pesimista, soy bastante confiado, confío en mis posibilidades. Hasta ahí todo perfecto, está bien confiar en las posibilidades de cada uno, pero lo malo que tengo es que las posibilidades no están aseguradas al 100%, tampoco al 80% sino que están incluso, por debajo del 50%. Y es ahí donde he metido la pata siempre que me he confiado y me he sentido superior y con fuerzas.

Además de eso, existe otra circunstancia por la que no estoy centrado totalmente en el estudio, pero no me parece apropiado contar mi vida privada, tampoco es plan. Solo diré que hace casi dos meses, me dejó mi novia. Llevaba un año y poco junto a ella, muchísimos momentos preciosos y maravillosos y ahora… no tengo nada. Me pongo a pensar en ella, en cómo estará, en si se acuerda de mí, y eso me quita mucho tiempo, mi cerebro se larga de vacaciones y no vuelve en un buen rato, así que supongo que hasta que no pase un tiempo y poco a poco, todas las heridas vayan cerrándose, todo seguirá ahí.

Así que nada, espero tener las fuerzas necesarias para aprobar los exámenes que tengo en dos semanas, pues con aprobarlos sería más que suficiente para entrar en sendas carreras. Supongo que habrá algo que me ayude a ello, quizá mi abuelo, que se marchó de ésta vida el pasado día 12, se remangue desde el cielo y me mande toda la energía que necesito para volver a la senda buena de nuevo y empezar a hacer las cosas medianamente bien.

viernes, 15 de febrero de 2013

Pasa de los haters y sé feliz.

Hola a todos. La verdad es que hacía varios días que no pasaba por aquí, pero os prometo que no ha sido por falta de ganas. Probablemente no me creáis cuando digo eso, al igual que mucha gente no se cree las cosas que decís en un momento determinado. ¿Y cómo os sentís en ese momento? Yo creo que la palabra correcta sería la de incredulidad porque, que no crean lo que dices (dando por sentado que lo que se dice es totalmente verdadero), es bastante frustrante y crea impotencia. Pero la verdad es que lo que vengo a contar no está relacionado con lo acabo de decir. O si, quién sabe.

El caso es que, personalmente, puedo decir que soy una persona bastante tranquila y comedida. Un virgo, como es mi caso (aunque he de decir que nunca he tenido bien claro a qué signo zodiacal pertenezco porque, para unos soy libra y para otros, soy virgo aunque mis padres siempre me han dicho que soy virgo), suele ser calmado, respetuoso, paciente y observador.

Puesto que me considero una persona tranquila, no es que no me guste, sino que detesto las confrontaciones. Es más, os confieso que hace casi tres años me tatué el símbolo de la paz en mi brazo derecho porque me identifico con la paz, es una cosa que siento. Queda entonces más que corroborado que me defino como una persona pacífica porque así nací o porque la vida me ha hecho ser así, no lo sé.

Al igual que no me gusta tener confrontaciones ni enfrentarme con nadie, también espero (gran error por mi parte) que la gente no tenga ningún problema conmigo y por eso, suelo cuidar hasta el último detalle. Hablo con respeto, muestro la educación que mis padres me han enseñado e intento utilizar palabras que no sean hirientes y mucho menos, entrar en descalificaciones o insultos.

Sucede que además, yo siempre sido una persona que le da mucha importancia a lo que dice la gente de mí y supongo que muchos de los quebraderos de cabeza que he tenido han venido producidos por dar demasiada importancia a lo que la gente decía o dice de mí, pero hoy, si, justamente hoy, me he dado cuenta que no puedo perder el tiempo en lo que la gente pueda o puede ser de mi y mucho menos, si quien lo dice no significa nada en mi vida. Es una pérdida de tiempo.

Por eso, hay que escuchar únicamente a las personas que realmente te importan porque son esas las que siempre te van a ayudar a superar cualquier problema, pero una persona que "ni fu ni fa", que ni pincha ni corta, no puede calar hondo en tu cerebro por cualquier comentario que haga, sea consciente o inconscientemente. Simplemente porque no es nadie.

Así que, si sentís que lo que alguien os dice puede ser hiriente en cierto modo, primero tenéis que valorar si quien lo dice os importa de verdad o no. Si os importa, será que esa persona pretende ayudaros, aunque sus métodos sean poco ortodoxos. Pero si quien dice algo hiriente, si quien insulta, si quien se mete con vosotros es una persona que simplemente, no os importa un carajo, simplemente pasad de lo que dice porque a través de ese gesto pasan dos cosas, una, hacéis que la otra persona sienta que pasáis y por lo tanto verá que no significa nada para vosotros y dos, que vosotros os sentiréis mejor, más despejados.

Por lo tanto, si sentís o estáis sufriendo que una persona os esté continuamente diciendo cosas o simplemente, se esté metiendo con vosotros u os esté insultando, lo mejor que podéis hacer es pasar del tema y seguir adelante con vuestra vida porque, los mejores momentos siempre se han pasado y siempre se pasarán con las personas que realmente os importan, con las personas que realmente queréis, con las personas que apreciáis y con las personas por las que daríais todo lo que tienes. Así que,  por todas siempre, pasando de los que os intentan destruir, porque como dice el dicho inglés, “if you got haters, you must be doing something right” (si hay personas que te odian, debes estar haciendo algo bien).

Nada más por hoy. Paz y amor.

lunes, 4 de febrero de 2013

La libertad de los sueños.

Hola a todos. La verdad es que hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí, por éste lugar donde solía publicar lo que pensaba y, en mayor medida, historias que siempre tenían un denominador común: el amor.
Personalmente, el tiempo que llevo sin publicar ese tipo de historietas coincide perfectamente con el tiempo que llevo junto a la persona que más quiero en el mundo, mi chica, con la que, en apenas 5 días, haré un año junto a ella. Un año inolvidable. Maravilloso.

Pero la verdad, no es eso lo que venía a contar, a soltar, a compartir con vosotros. Lo que venía a decir es algo bien diferente pues, me han recomendado que utilice éste medio para contar más cosas, que haga de éste un blog más personal porque, probablemente, mucha gente puede utilizar esto como un punto donde verse reflejado. Y a partir de hoy, intentaré que así sea.

Supongo que, en algún momento de vuestra vida os habréis sentido frustrados, sin ganas ni ánimos de hacer nada, con la moral por los suelos y queriendo abandonar aquello en lo que estéis inmersos. Personalmente, yo os hablo de los estudios aunque repito que esto lo podéis aplicar cada uno a vuestro mundo, aunque supongo que las sensaciones son iguales o muy parecidas.

Normalmente, cuando se tienen ese tipo de sensaciones, no se puede hacer nada, salvo seguir adelante, no queda otra, estás entre la espada y la pared, por lo que lo único que se puede hacer es continuar con la cabeza agachada, resignándose a todo y a todos.
He de deciros que hace poco, yo he tenido esa sensación, y no fue la única vez que me ocurrió en los 22 años que llevo de vida. Muchas veces a lo largo de éste tiempo he querido abandonar aquello que estuviera haciendo pero sin embargo, he tenido que seguir adelante, fuera cual fuera la razón por la que quisiera tirar la toalla.
Ocurre que, tarde o temprano, ya he empezado a reaccionar y me doy cuenta plenamente de que las personas somos seres libres (en teoría) que relativamente, podemos hacer lo que queramos. Me explico.

Yo hasta el pasado enero, era estudiante de 2º curso de Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Rey Juan Carlos. No voy a esconder que yo, tras hacer la Selectividad, quería hacer Periodismo y en segundo plano, tenía la duda de estudiar Magisterio o Administración y Dirección de Empresas (véase la entrada que publiqué nada más saber que entraría en la carrera que entré: http://mipropiorinconcito.blogspot.com.es/2011/07/confesiones-veraniegas-post-consulta.html). Finalmente, me decidí por Administración y Dirección de Empresas, aunque juro que sin una razón medianamente sólida. Aunque no era lo que quería estudiar de verdad, hice lo que se suele hacer, me engañé y me convencí de que podría, de que lo conseguiría, pero por lo que vi, no fue así.

Y fue entonces cuando mi vida, a partir de ahí, ha pegado un vuelco y ha tomado el camino opuesto. Ahora, he decidido estudiar de nuevo la Selectividad para conseguir más nota y entrar en lo que realmente quiero, Periodismo o Magisterio (publicaré una entrada sobre la decisión que todavía, no tengo claro cuál será), y por eso, he vuelto a 2º de Bachillerato para afrontar la Selectividad con más o menos, ciertas garantías de éxito.

Quizá muchos penséis que lo que hago es dar un paso atrás, dos más bien por los años que he “perdido”, pero yo os aseguro que para mí, no es más que una toma de impulso para pegar un gran salto hacia lo que realmente quiero. Por eso, no dejéis de renunciar a lo que realmente queréis de manera general, y como los estudios son el primer paso en la vida, qué mejor que empezar vuestra vida estudiando y posteriormente trabajando en algo que os gusta y os satisface plenamente.

Nada más por hoy. Paz y amor para todos.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Gente mayor, espíritu joven.

Roberto y Eva habían vivido toda una vida juntos. Habían sido novios, marido y mujer, padres y abuelos. Habían vivido millones de experiencias, habían visitado miles de lugares y habían experimentado infinidad de preciosos momentos.

Cuando Roberto y Eva se cambiaron de casa, se mudaron a la montaña, a un valle donde no había más que brillante y verde hierba de la que emanaba un aroma único y maravilloso. Eva lo pidió así, quería vivir en la montaña porque la ciudad ya le empezaba a abrumar porque las personas ancianas no suelen desenvolverse muy bien en las grandes ciudades.
Roberto sabía en qué parte de la ciudad estaba todo y se manejaba bien en la gran ciudad, pero hacía todo lo que estaba a su alcance para que Eva fuera feliz. Y así fue.

Los días iban pasando en pro de un descanso que se habían ganado durante décadas trabajando duramente para poder mantener una familia que se había ido ampliando con el paso de las generaciones. Ahora los nietos correteaban por aquella casa todos los domingos, dando un toque de vivacidad a aquel lugar.

Ambos vivían felices, tranquilos y después de muchísimos años, se seguían queriendo como el primer día que empezaron a salir como novios. De hecho, aún recuerdan juntos ese primer día, el primer día en que se besaron.

Era una tarde de viernes en un conocido parque de la ciudad donde ambos vivían. Roberto y Eva dieron un paseo por allí puesto que ambos pensaban que ese sitio era precioso e idílico. Roberto estaba cansado después de andar mucho y Eva no dudó un momento en sentarse en cualquier banco para descansar. Al fin y al cabo, ella también estaba cansada.

Como Roberto y Eva estaban pasando mucha vergüenza porque ambos mostraban signos claros de que se querían, Roberto le pidió a Eva que le contara algo para romper el hielo. Cualquier cosa.
Le contó que lo estaba pasando muy bien, pero que, a la vez, estaba pasando mucho frío. Y era verdad, hacía mucho frío y corría un aire que acrecentaba los efectos del frío. Sus manos heladas le delataban.

Como es normal, le tocaba a Roberto contar algo, y Eva le espoleó, mostrando un lenguaje no verbal que indicaba que cualquier cosa que le contase, le gustaría. Y así fue. Siempre lo recordará.
Roberto, en una situación que le daba mucho corte, pidió a Eva que cerrara los ojos, que tenía que contar algo, pero con los ojos cerrados. Ella, con múltiples sonrisas, acabó por hacer caso a Roberto. Cerró los ojos, pero no dejaba de sonreír.

Roberto se llenó de valor, tomó aire y lentamente, besó a Eva. Fue maravilloso y ambos lo recordarán, porque fue un momento perfecto que pasaron con la persona que realmente querían. Después de eso, empezaron a salir como novios.

Y justo después de recordar aquellos momentos tan maravillosos, ambos esbozaron una sonrisa y se tomaron de las manos, demostrando así que nada de aquel espíritu se había esfumado con el tiempo.

Después de rememorar aquellos días que formaban parte del pasado, resultó ser San Valentín, día de los enamorados. Como es costumbre, los enamorados se hacen regalos entre sí, demostrando así el amor y el cariño que tienen por el otro.

Roberto salió muy por la mañana y muy deprisa. Tanto fue así que Eva no se percató de la ausencia de Roberto en la habitación mientras dormía.
A mediodía, llegó Roberto, montado en esa bici que él mismo reparó y restauró, pintada en aquel color azul que tanto le gustaba. En la cesta trasera de la bicicleta había un paquete. Eva lo vio, pero se hizo la distraída porque sabía que era una sorpresa, pero no quería estropearla.

Cuando ambos terminaron de comer, Roberto entregó su regalo a Eva, que lo abrió con impaciencia y con una sonrisa en la boca. Resultaba ser una caja en la que Roberto guardaba todas las cartas que Eva le escribía durante todos los años que llevaban juntos. Estaban todas. Desde la primera que le escribió cuando empezaron a ser novios hasta la última, que estaba fechada hacía una semana atrás.

Cuando Roberto le entregó el regalo, tenía la firme convicción de que ella no le regalaría nada. Al fin y al cabo, él no le había visto a Eva tramar ni esconder nada que pudiera parecer un regalo. Entonces, la expresión del rostro de Roberto se volvió menos alegre y cada vez más triste pero, justo cuando se iba a levantar de la mesa, Eva le sorprendió con una caja  envuelta en papel de regalo rojo.

Cuando Roberto abrió el regalo, sonrió. Eran álbumes. Montones de álbumes con todas las fotos que se habían hecho desde que empezaron a salir. Mostraban millones de momentos y en millones de sitios, pero siempre juntos.

Justo en el momento en que se entregaron los regalos, Eva le entregó una nueva carta que escribió con su puño y letra. Roberto la puso en la caja donde estaban todas las cartas y Eva sacó la cámara para hacerse una nueva foto que incluir en el álbum.

Y así iban ambos disfrutando de los días. Con los inevitables efectos del paso de la edad pero echando la vista atrás, recordando esa historia de amor que aún continuaba y en la que ellos eran los plenos protagonistas.

Nada más por hoy. Paz y amor.

viernes, 29 de junio de 2012

La carta y el aroma.

A mi pequeña cosita, que es la persona que me hace ser el chico más afortunado del mundo.

Juan era un joven alegre, sencillo y risueño que siempre veía el lado positivo de las cosas, aunque se topara con la situación más complicada a la que hacer frente.
Por suerte, solía sacar siempre unas notas bastante buenas, por lo que sus padres apenas tenían queja de él.
Además, se consideraba un chico bastante afortunado, pues gozaba de la amistad de gente muy simpática que daría todo por su felicidad.

Un día, Juan salió de la biblioteca donde solía ir a estudiar -decía que en casa no se concentraba- y, al ir andando por la calle, se encontró con un papel tirado en la acera.
Mucha gente no hace caso de todos los papeles que se encuentran por la calle, pero el hecho de que fuera un papel con un blanco impoluto y nada arrugado, hizo despertar el gen cotilla de Juan para agacharse, recogerlo y saber qué podría estar escrito en aquel papel.

Lo primero que le sorprendió a Juan de la carta era el olor: Olía a perfume de hombre.
En ese momento, sonrió porque sabía que posiblemente, era una carta de amor pues Juan solía rociar las cartas que le entregaba a su novia para que, al leerla, recordara su presencia con tan sólo oler su fragancia.
La carta estaba escrita por ambas caras y ésta decía así:

"Querida Clara:
Qué rápido pasa el tiempo, ¿verdad? Hace 4 meses y medio estábamos separados y ahora, no imagino nada en mi día a día en el cual no estés tú.

Ambos sabemos que ya estuvimos saliendo en el pasado y bueno, no salió muy bien, pero tanto tú como yo sabemos que ésta vez es diferente y ambos sentimos que nada de lo que pudo pasar en el pasado puede volver a ocurrir. Simplemente porque ahora contamos con algo muy importante que en el pasado no utilizábamos: el diálogo.
Es muy importante contarnos las cosas tal y como los estamos haciendo hasta ahora, porque así ambos sabemos cómo pensamos, lo que queremos para poder así hacernos felices mutuamente.
Y al igual que nos contamos las cosas que nos gustan, también nos contamos las cosas que menos nos gustan, para que ninguno sufra por el otro, ni piense cosas que son irreales o infundadas.

Y es que desde el día que te conocí, no saliste nunca de mi mente. Suena a tópico, pero me da igual porque es la pura verdad, porque así lo siento y porque me apetece contártelo.
Siempre estuviste ahí, en mayor o medida, pero estuviste. Incluso cuando ya no estábamos junto encuentra anterior relación, muchas veces pensaba cómo te estaba tratando la vida, pensando si estabas siendo feliz y esas cosas.

Y la verdad es que te puedo decir sin presunción que eres la mejor chica que he conocido en mi vida, con la que mejor me he entendido y con la que más a gusto me encuentro. Y muchas veces me he planteado que quiero pasar muchos años de mi vida a tu lado, porque estoy tan bien a tu lado que renunciar a ti sería un error gravísimo, probablemente el error de mi vida.

Todo el mundo tiene días mejores y días peores pero sin duda alguna, tú eres la única que levanta mis peores días y mejora mis mejores días, llegando a pensar en éste último tipo de días que no hay nada más maravilloso que estés tú a mi lado.
Por ello, tú siempre haces mis días más bonitos, y por ello te doy las gracias de verdad.

En realidad te doy las gracias por eso y por todo lo que haces por mí. Por escucharme. Por animarme. Por hacerme reír. Por sacarme una sonrisa. Por comprenderme. Por quererme tal cual soy. Por hacerme sentir el chico más afortunado del mundo…
…Y por quererme.
                     
No lo olvides, te quiero mucho no, ¡muchísimo!
José.”

Justo cuando terminó de leer la carta, Juan esbozó una tremenda sonrisa, dando la impresión de que sabía que alguien había perdido esa carta, pero con la certeza de que José quería a Clara a rabiar.

Nada más por hoy, paz y amor.

sábado, 16 de junio de 2012

Todo.

Esta entrada va dedicada a alguien muy especial para mí. Ella lo sabe, así que, perfecto. Como igual sabe todo lo que la quiero.

Alberto era un chico bastante normal. Simpático, alegre, atento y preocupado por los demás. En cuanto a su vida personal, no se podía quejar, pues contaba con una familia que siempre le apoyaba y le espoleaba cuando éste más lo necesitaba.
Además contaba con Ana, su novia, cuyo objetivo era que siempre fuera feliz. Y si no lo era, hacía todo lo posible porque así fuera.

Si Alberto tenía la cara larga, Ana sabía al instante que le pasaba algo. Así que en ese momento, Ana se ponía en acción e intentaba sonsacar a Alberto toda la información posible para encontrar el motivo de su preocupación.
Para Ana, este hecho resultaba ser una tarea bastante sencilla pues cuando Alberto se ponía a hablar, la raíz de su malestar salía rápidamente a la luz.
Y en ese momento, Alberto volvía a ser un chico nuevo, pues alguien había escuchado todas sus preocupaciones.

A la hora de reír, Alberto era genial. Simplemente, se reía de cualquier circunstancia que se prestase a ello pues, decía siempre que "para ser una persona graciosa, primero has de reírte de ti mismo".

Y se reía de muchas cosas: de chistes absurdos, de las fotos que se hacía con su novia poniendo caras graciosas, recordando frases de Los Simpsons -su serie favorita y la de su novia-, de las cosquillas que Ana le hacía o de las tonterías que él mismo hacía para ver a Ana sonreír, algo que le encantaba pues le hacía muy feliz.
Para Alberto reírse es algo muy importante, pues es síntoma claro de felicidad, de estar bien con un mismo y con alguien, pues se irradia paz, tranquilidad y armonía.

Todo parecía muy bonito, la relación con Ana  estaba bastante asentada, pero últimamente, Alberto no era el de siempre. No tenía ganas de nada, no le apetecía hacer nada y apenas se reía. Ante eso, Ana se asustaba mucho, porque pensaba muchas veces que era culpa suya y que en cualquier momento Alberto le podría dejar.
Y todas esas veces en las que Ana pensaba así, Alberto siempre decía lo mismo, que era la universidad, que le agobiaba mucho y que veía muy negro el curso.

En el momento en el que Ana  lanzaba un suspiro de alivio porque la relación no estaba en peligro, intentaba consolar a Alberto a la vez que lo animaba para seguir adelante con el mejor de los espíritus, para que no fuera tan negativo, para que contemplara la posibilidad de afrontar todo desde un lado positivo para resolver mejor los problemas que se le pusieran delante y ser más optimista en la vida.

Y así era Ana , una chica sencilla, sincera y divertida, dispuesta a hacer todo lo posible para que su novio fuera feliz y tuviera una sonrisa eterna en su boca.

Y Alberto estaba dispuesto a lo mismo. Por ella… todo.

Nada más. Paz y amor.

domingo, 22 de enero de 2012

Grandes frases. Grandes personajes. Grandes momentos.

Hola a todos. La entrada que váis a leer a continuación va dedicada a una persona muy especial. Nada cambia, tan sólo me apetece recalcarlo.

La vida de Alberto iba totalmente sobre ruedas, pues tenía a su lado a Eva, su novia. Alberto estaba tremendamente feliz junto a Eva, porque se sentía escuchado, porque se sentía comprendido, porque recibía los mejores consejos y, lo más importante, porque se sentía querido y amado.

De todos es sabido que cuando uno es feliz, todo va rodado y por consiguiente, todo lo haces bien, por eso Alberto sacaba muy buenas notas en el instituto. Sus profesores y sus padres estaban tremendamente sorprendidos de lo que Alberto podía llegar a hacer, es más, hasta el propio Alberto alucinaba cuando veía puesto en práctica todo su potencial. Cuando la alegría y las buenas vibraciones estaban en armonía, todo sale redondo, a pedir de boca.

Cuando ambos salían a dar un paseo, siempre era Alberto quien decidía a dónde ir, ya que Eva afirmaba que no le importaba el lugar donde ir si era junto a Alberto.
Obviando ese minúsculo problema, decir que era siempre Alberto quien le confesaba a Eva lo nervioso que estaba junto a ella, aunque ella también lo estuviera y no lo dijera.
La respuesta de Eva era siempre instantánea a la vez que repetitiva: -Pero si no te voy a comer. ¡En todo caso lo haría a besos!- exclamaba Eva entre carcajadas.

A la vez que la pareja se iba asentando, iban cayendo en la rutina sin que ninguno de los dos pudiera hacer nada. Repetían con frecuencia los sitios donde pasear, cuando se quedaban en casa, bien de Eva o bien de Alberto, se sentaban en el sillón y se quedaron absortos viendo cualquier película o programa que estuvieran echando por la televisión en ese momento o bien ya no sabían qué regalarse en los cumpleaños o aniversarios, pues ambos ya tenían de todo.

Tras mucho reflexionar, Eva llegó a la conclusión de que ya no sentía por Alberto lo que sentía por él en un primer momento, así que le llamo, quedaron, y Eva le dijo a la cara a Alberto todo lo que pensaba y sentía por él.
Y en ese momento, a Alberto se le cerró el cielo y las puertas del infierno se abrieron ante sus ojos.

Tras recibir la fatídica noticia, Alberto se hundió, literalmente. A la hora que llegó a su casa tras haber hablado con Eva, su familia estaba cenando, pero Alberto pasó de largo por la mesa con los ojos llorosos y se dirigió enfilado a su habitación, donde se pasó toda la noche llorando.

Cuando Roberto, el mejor amigo de Alberto, se enteró de la ruptura de Eva y Alberto, éste se dirigió velozmente a la casa de su mejor amigo, para consolarle y posteriormente, levantarle el ánimo.
Tras varias horas de conversación, Alberto se dio cuenta de que su amigo tenía razón: Había que sacudirse el polvo de las vestiduras, levantarse y seguir caminando pues no merece la pena permanecer eternamente lamentándose de algo que ya había terminado.

No obstante, ahí no acabaron los efectos de la ruptura con Eva: Alberto empezó a suspender asignaturas de manera alarmante pues poco tiempo atrás, Alberto era un estudiante estupendo. En ese momento, sus padres decidieron actuar hablando con él pues veían y sentían que Alberto no caminaba hacía ningún futuro, hacia ninguna meta que alcanzar.

Un viernes cualquiera, Roberto llamó a Alberto de manera atropellada para que éste fuera a su casa ya que debía contarle algo muy importante que no podía hacerse por teléfono.
Como Alberto no tenía que hacer nada los viernes pues tiempo atrás los empleaba en quedar con Eva, decidió ir a casa de Roberto, aunque sin apenas ganas.

Cuando Roberto de la puerta de su casa y Alberto entró en ella, se oyó un unísono una palabra que Alberto le causó una felicidad inmensa: -¡Sorpresa!-.
Todos los amigos de Alberto se habían congregado en la casa de Roberto para poder animarle tras la difícil situación por la que estaba atravesando. Por fin la cara de Alberto lucía una sonrisa. Tímida, pero sonrisa al fin y al cabo pues estaba comprobando con sus propios ojos que no estaba solo en la vida y que, además de sus padres, contaba con unos buenos amigos que no dudaron en ayudarle ni un sólo instante.

Y en ese momento, el timbre de la casa de Roberto sonó repetidas veces, dando la impresión de que la persona que estaba al otro lado de la puerta, reclamaba insistentemente que alguien abriera.
Alberto, que se percató de que timbre sonaba, se excusó de unos amigos con quien estaba hablando y abrió la puerta. Era Ana, la mejor amiga de Eva.

Y ese fue el instante en el que Alberto comenzó a llorar desconsoladamente, apoyándose en el hombro de Ana, pues veía en ella todos los fantasmas que había enterrado hace bien poco.
-Tengo que hablar contigo-, dijo Ana con voz suave pero a la vez demostrando seriedad. Alberto se dio cuenta rápidamente de que Ana quería hablar de su amiga Eva.
-No tengo nada de qué hablar contigo-, dijo Alberto casi interrumpiendo a Ana.
-Pero yo sí-. Era Eva, que aparecía en la escena, que se había escondido en el piso de arriba mientras Ana intentaba hablar con Alberto.

Justo el momento en el que Eva intercambió esas tres palabras con Alberto, este cerró la puerta de un portazo, dejando fuera a Ana y Eva.
Sonó el timbre repetidas veces y de manera apresurada, a lo que Roberto intercedió y comentó Alberto que había estado hablando con Eva.

Éste le contó que había visto a Eva más triste que nunca, contando la verdad con pelos y señales, y lo más importante, se había dado cuenta del tremendo error que había cometido rompiendo con Alberto.
En un primer momento, Roberto pensó que se trataba de un truco de Eva en pro de lavar su imagen, pero nada más lejos de la realidad. Dio detalles, detalles con una carga de sinceridad que hicieron cambiar de opinión a Roberto, llegando éste a la conclusión de que Eva estaba realizando una confesión 100% verdadera.

Casi obligado por Roberto, Alberto abrió la puerta a Eva y se sentó hablar con ella en una habitación de la casa donde Eva realizó la misma confesión a Roberto, pues así era como se sentía y lo que verdaderamente pensaba.
En verdad Alberto, aunque la expresión de su cara era de enfado hacia Eva, en el fondo estaba tremendamente feliz, pues volvía a hablar con la persona que ocupaba su corazón hasta hacía bien poco.

Mientras Eva le contaba a Alberto toda la verdad, todo lo que sentía y todo lo que pensaba, a Alberto se le escapó una sonrisa.
-¿Se puede saber de qué te ríes?- preguntó Eva rozando el enervamiento.
Y entonces Alberto se llenó de valor y confesó a Eva que aún la quería, que sus sentimientos hacia ella no habían cambiado ni un ápice y que estaba dispuesto a todo con tal de recuperarla.

Y en ese momento, Alberto citó a su tocayo alemán, Albert Einstein, mientras le miraba tiernamente a los ojos:
-Hay solo dos maneras de ver la vida: Una como si nada fuera un milagro y la otra…-
-¿Y cuál es la otra?-, preguntó Eva con interés.
Y justo en el momento en el que Alberto besaba a Eva, dijo:
-Como si todo fuera milagroso.-

Nada más por hoy. Paz y amor.

lunes, 9 de enero de 2012

Duro de verdad.

Hola a todos. ¿Qué tal estáis? Espero que bien. Lo primero de todo es excusarme por haber estado prácticamente 5 meses sin escribir absolutamente nada.
Como lo único que hago aquí es escribir, empiezo.

Jorge era un chico bastante normal, uno de esos cientos de miles con los que te sueles cruzar cuando vas por la calle. Era tímido, muy tímido.
Ana, su novia, por el contrario, era una persona de lo más extrovertida, bastante habladora cuya cualidad era la de empatizar con todo el mundo.

Cuando empezaron a salir juntos, muchos dijeron que esa pareja no iba a durar mucho, pues ambos caracteres chocaban de manera frontal, por lo que Jorge se veía frustrado muchas veces y aunque Ana intentara calmarle y animarle, Jorge asumía que Ana, como decía él mismo, “es mucha chica para mí”.
Aunque Ana sabía dejar de lado todo y centrarse en Jorge, tanta fue la presión que se ejerció sobre la pareja que muchas veces, el propio Jorge tuvo en mente la ruptura, pues no sabía cómo lidiar los comentarios y los cuchicheos de su círculo más privado de amigos.

En uno de estos momentos de flaqueza, Jorge pidió a Ana que durante un fin de semana no le llamara ni le escribiera ningún tipo de mensaje por el móvil. Jorge quería desconectar de todo y de todos para analizar todo fríamente y así poder realizar un mejor diagnóstico.
De repente, Jorge hizo frenar a su mente en seco y se puso a reflexionar sobre la fuerza que ambos han tenido para superar cualquier adversidad. Aunque Ana lo hacía mejor que él, Jorge se dio cuenta que él también sabía (a su manera), superar los comentarios más crueles y envidiosos de la gente con el simple propósito de ver cómo se rompe una pareja asentada.
Fue en ese momento cuando Jorge se llenó de orgullo, orgullo hacia sí mismo. Se sentía orgulloso de sí mismo. Era fuerte, pero no por sí sólo. Ana tampoco lo era por sí sola. Eran fuertes como una sola cosa. Una pareja. Algo indestructible. Y entonces, Jorge tomó papel y bolígrafo, abrió su corazón y plasmó éstas palabras:

“Ana:
Cuando te vi por primera vez, vi el amor. Cuando me tocaste por primera vez, sentí el amor. Y después de todo este tiempo, todavía eres la única que amo.

Parece que lo conseguimos, pues mira cuán lejos hemos llegado. Quizá nos haya llevado un largo camino pero sabíamos que llegaríamos a una meta muy lejana. Una meta que ya hemos alcanzado y sobrepasado con creces. Todo el mundo decía: “Apuesto a que nunca lo conseguirán”. Resulta irónico pues esas palabras han sido las que nos han dado fuerza y nos han ayudado a mantenernos.

Todavía seguimos juntos, siendo fuertes aún. Todavía eres la única por la que correría donde fuera, la única a la que pertenezco, eres la única a la que quiero de por vida.

Eres la única que amo, la única con la que sueño, la única que beso.
No hay nada mejor, ya que superamos todas las expectativas. Y me alegro que nadie haya escuchado que hemos roto.

Me alegro que lo hayamos conseguido. Ahora, sólo tenemos paz. Nadie nos perturba porque saben que topan con una pared más dura que cualquier cosa del mundo.
Y sólo está hecha de un material, uno sólo: El amor.

Porque ya he aprendido una valiosa lección: La única medida para el amor es el amor sin medida.

Te quiero infinito, porque bien sabes que después del infinito, no hay nada.
Jorge.”

…Y en ese instante, ambos se dieron cuenta de que, si ya de por sí la relación era sólida y dura, se ha convertido en una fortaleza infranqueable e inexpugnable, imposible de atravesar etimológicamente y metafóricamente hablando.

Nada más por hoy. Decir por último que espero escribir más a menudo, pero dependo del tiempo disponible que tenga y de que la musa de la inspiración se aparezca ante mis ojos.
Sed buenos. Paz y amor.

miércoles, 20 de julio de 2011

Confesiones veraniegas post-consulta.

Hola a todos. Hoy ya podía consultar qué grado (“carrera” antes del plan Bolonia y de aquí en adelante en ésta entrada) iba a hacer y en qué universidad estaba admitido.

Resulta de embustero para el que me conozca, que mi deseo no quería estudiar Periodismo, una carrera que elegí desde el primer momento que escuché al gran Paco González en su ya anticuado Carrusel Deportivo, donde con una naturalidad pasmosa y a la vez, divertida, conseguía entrar en mi habitación todos los fines de semana y días de diario cuando había partidos de Champions.

La verdad es que la profesión de periodista me parece una de las mejores del mundo, aunque por otra parte, tiene algún inconveniente que otro. Trabajas en lo que te gusta, hablando y escribiendo de lo que te encanta y además, cobras por ello. Envidiable.
Por otro lado, no es privado de que muchos (por no decir todos) periodistas del mundo, se tienen que enfrentar a algún personaje que afirma que lo que dice/escribe es mentira, llegando a temer incluso por su integridad física, pero esto, no suponía gran problema para elegir carrera.
Yo en mis trece y, a pesar de la mucha gente que me afirmaba que la carrera de Periodismo “tenía pocas salidas”, continué pregonando mi deseo de estudiar dicha carrera.

En el primer curso de Bachillerato, ya tenía las miras puestas en el Periodismo y, por tanto, a cada pregunta del tipo “¿qué quieres estudiar en un futuro?”, yo respondía orgulloso que Periodismo.
En el segundo curso, sucedió prácticamente lo mismo, hasta que, en mi segundo año de segundo (redundancia inevitable), topé con una estupenda profesora de Economía, que me abrió las puertas al mundo económico de una manera súper sencilla. Tanto fue así, que sin apenas esfuerzo, llegué a altas notas. Ese mundo (el económico), me empezaba a gustar y por ello, me empecé a interesar por temas que envolvían ese mundo, sobre todo, en periódicos y televisión.

Cuando el curso terminó y supe que en la preinscripción para la universidad había que seleccionar un total de doce carreras, decidí preguntar a dicha profesora que con qué carrera iban ligados todos estos conocimientos económicos. Su respuesta fue breve, clara y concisa: ADE. (Administración y Dirección de Empresas).
La copla de estas tres letras se quedó en mi cerebro hasta el momento de rellenar la preinscripción anteriormente mencionada.

Cuando hice la esperada y temida Selectividad, rellené un impreso donde había que rellenar las doce asignaturas que he citado anteriormente. Obviamente, la primera iba a ser Periodismo, eso era indiscutible. El dilema comenzó a partir de la segunda carrera a elegir: ADE y Magisterio se disputaban ser la opción alternativa.
Aquí, he de reconocer que tuve más quebraderos de cabeza pero, finalmente, escogí la primera, puesto que, en un orden de preferencias, puse por delante mis gustos verdaderos antes que los gustos más superficiales.

La espera resultó larga, pero pensaba que resultaría en Periodismo. Cuál fue la sorpresa que me quedé a una décima de la nota de corte del año pasado. En mi eterna ingenuidad, no podía esperar que la mayoría de las medias (a excepción de algunas), ascendieran (según mis preferencias) hasta en seis décimas de punto, pero así ha ocurrido.

Hoy, al ver que estaba admitido en Administración y no en Periodismo, a priori no me ha gustado, no lo niego, pero he pensado en frío y tal y como dice mi madre: Esto forma parte del destino. Si no has entrado en Periodismo, será por algo.

No puedo decir que Administración y Dirección de Empresas ha sido la primera opción desde siempre, pero puedo asegurar que es una opción de lo más atractiva e interesante para mí. No cabe duda de que voy a coger el curso desde el primer día con las mayores ganas del mundo.

Por último, me acuerdo de todos aquellos que, cuando han sabido la noticia de mi no admisión a Periodismo se han llevado una pequeña desilusión, debo decirles que para nada deben pensar así puesto que si he sido admitido en otro grado ha sido porque lo puse yo mismo y porque me gusta ésta carrera.
Así que, ni compasiones ni lamentaciones tienen sitio aquí. Sólo acepto ánimos, buenos deseos y recomendaciones para el mundo universitario que nunca vienen mal.

Nada más por hoy, chicos. Paz y amor.

sábado, 9 de julio de 2011

No es verdad todo lo que te dicen.

La verdad es que hoy, el título de la entrada es una burda copia/adapatación del refrán: No es oro todo lo que reluce. Espero que ésta transcripción cogida con pinzas de lo mal hecha que está no os haga mucho daño a la vista. Dicho queda.

Frank era uno de los habitantes más viejos de Drumburgh, una ciudad inglesa, limítrofe con Escocia. Allí, pocas personas rondaban su edad, que se expresaba en una cifra de tres dígitos.

Hace tiempo, en una de las tertulias que mantenía con sus amigos de la ciudad mientras jugaba al póker, una gran afición allí, un tímido y rubio joven llamado Steve, se le acerco de soslayo, como si intentara no llamar la atención, pues Frank era campeón de Inglaterra de póker.
Tras vencer a todos sus amigos, el joven se atrevió a mantener un diálogo con él.

-Perdone señor, ¿es usted de quien todos mis amigos hablan?- preguntó Steve rozando el tartamudeo.
-Hombre, pues no sé de quién hablan tus amigos-, respondió Frank entre carcajadas.

El joven Steve le comentó a Frank que todos sus amigos comentaban lo buenísimo jugador de póker que era, que aprendió desde muy niño y ya con tempranas edades, conseguía derrotar a los más expertos jugadores.
El viejo Frank alardeó un poco de sus logros, pues quería dejar impresionado a Steve.
No obstante, la gran sonrisa que esbozaba se convirtió en una ligera mueca cuando Steve le comentó la mala fama que tenía Frank con respecto a su forma de jugar.

-Mucha gente dice que vas de perdedor, de que tienes malas cartas, para luego desbancar a todos-, dijo Steve timorato.
Añadió además, qué él mismo podría vencerle si tan mal jugador parecía, ridiculizando así su campeonato de póker y sus múltiples y grandiosas victorias.
Frank, al escuchar esto, entró en cólera y respondió a Steve chillando y profiriendo graves insultos. No obstante, le brindó la oportunidad de jugar contra él, para que viera con sus propios ojos lo “perdedor” que era. Todo un campeón nacional de Inglaterra.

El joven Steve, al ser derrotado de una manera rozando la humillación, éste le mostró sus respetos, rogándole disculpas, ya que padeció una vergüenza tremenda.

Pasado un tiempo, Steve se dirigió a casa de Frank, que se encontraba en la colina más alta de Drumburgh. El viejo Frank recordó instantáneamente al joven que le ofendió tiempo atrás, pero, no obstante, le invitó a entrar, ofreciéndole un té y unas pastas hechas a mano por su mujer.

Una vez sentados, acomodados y tomando aquel té, Steve se atrevió a preguntar a Frank por su técnica infalible, que él tenía la firme convicción de que quería ser el gran sucesor del ilustre Frank Johnson, campeón de Inglaterra de póker.

El viejo y ya cansado Frank, le mostró algunas técnicas para hacer que sus rivales se retiraran de grandes apuestas y poder así, llevarse todo el dinero que hubiera en la mesa de juego. El joven Steve mostraba muchas ganas de aprender, ya que escuchaba con una atención pasmosa.

Jugaron una partida para que el propio Steve pusiera en práctica todo lo que había aprendido de tal ilustre maestro.
La partida se desarrolló en el marco de una gran rivalidad, pues Steve quería demostrar a Frank, que estaba preparado para ser su sucesor, y el propio Frank, de que ningún rival, aún sabiendo sus técnicas, conseguiera derrotarle.

Casi al final de la partida, Steve ya se creía ganador, pues tenía un “full” (combinación de un trío de cartas de igual número más una pareja de igual forma) y, según los gestos de Frank, éste no tendría más que alguna pareja simple. Obviamente, Steve hizo un “all in” (apostar todas las fichas que se tienen), con claros gestos de que iba a ganar a todo un campeón de Inglaterra.

A la hora de levantar las cartas, Steve se quedó petrificado al ver la escalera de color de Frank que, obviamente, supera cualquier “all in”.
-Así es la vida, chaval. Tienes que empezar a no creer todo lo que te dicen-, dijo Frank a Steve mientras éste le daba un par de palmaditas en la espalda.

Steve, al abandonar la partida y la casa de Frank, éste murmulló entre dientes:
-Todo lo que se decía de ti era cierto, tan sólo tenía que comprobarlo por mí mismo-.

Nada más por hoy. Paz y amor.

martes, 28 de junio de 2011

La personalidad, signo de identidad.

Buenas y calurosas noches. La verdad es que con 28 grados que marca mi termómetro del ordenador a la 1:30 h. de la madrugada, no invita a irse a dormir, por lo que aquí estoy, apoltronado en mi habitación, junto a mi fiel y amado aire acondicionado.

Ya hace cosa de un mes que no piso el instituto, y me siento tremendamente satisfecho por haber aprobado todo, incluida la Selectividad, esperando impaciente a saber si estoy admitido en la carrera que deseo. Por otra parte, me siento, no triste, sino echando de menos ciertas acciones que se desarrollaban en mi día a día. Una de ellas, las clases de inglés.
A mí, personalmente, el inglés como idioma me apasiona bastante. Sólo basta el deciros que, en muchas ocasiones, cuando busco una palabra para expresar algo, aparece primero el vocablo en inglés, no en español. Y eso me agrada bastante. Pero no es eso lo que en verdad vengo a contaros.

La alusión al inglés viene dada por el profesor que impartía dicha asignatura: Víctor (si sólo digo el nombre de pila, muy poca gente sabrá quién es), ese señor muy alto, del que, al principio de curso, pensaba que me tenía manía (como todos decimos, aunque éste no me suspendía).

En una usual clase de inglés, éste profesor se percato del tatuaje que llevo en mi muñeca derecha (es un símbolo de la paz, para los curiosos). En esto que empezó una gran conversación en la que él defendía que todo lo que existe en éste mundo es banal, pasajero, cambiante. En parte tenía razón, pero yo defendí la postura de que únicamente, hay algo que nunca cambia: La personalidad de las personas, valga la redundancia.
Probablemente no, seguro que tiene razón, pues todo lo que existe en el mundo es muy maleable y fácilmente moldeable pues, todo depende de las circunstancias en las que se vea envuelto. Yo, por el contrario, defendí la teoría de que, lo único inmóvil es la personalidad, pues, acepto que pueda sufrir variaciones, pero, al fin y al cabo, somos como somos y nadie podrá cambiarlo.

No obstante, puede ocurrir la circunstancia de que una personalidad no salga a la luz tan puramente, sino que lo haga de una manera más indirecta y si se me permite, de cierto refilón pues, algunas personas no muestran su verdadero yo por miedo al rechazo, a la marginación o a la mofa y la burla, por muy cruel que suene.

Como siempre, me permito daros consejos, aquí va alguno que, probablemente, ya haya mencionado en alguna entrada de éste blog.
No debéis ocultar vuestra personalidad pues, cualquiera es válida si no incurre en atropellos hacia el prójimo, como descalificaciones, insultos, burlas…etc. Además, debéis mostrarla en todo su esplendor, para que todo el mundo vea cuan pura y brillante es.

Por último, y para acabar, debo deciros que seáis libres, y que nada ni nadie os ponga un techo en vuestra mente. Y si se da el caso de que tenéis algún techo, barrera u obstáculo en vuestra mente o corazón, eliminadlo. Puede que al principio resulte duro, más si es parte de vuestra vida diaria pero, a la larga, os lo agradeceréis a vosotros mismos.

Nada más por hoy. Paz, amor y no paséis mucho calor.

viernes, 24 de junio de 2011

Inyección de moral.

¡Hola a todos! Hoy os saludo entre admiraciones, porque desde el miércoles 22, estoy contentísimo. Todo se debe a unos resultados de exámenes de la famosa Selectividad.

La verdad es que estoy muy feliz por haberla aprobado y haber obtenido unos puntos extra, que le permiten alcanzar los estudios que realmente quiero hacer. Todos los años existe la incertidumbre de si vas a entrar en la carrera que deseas, pero finalmente esas dudas se disuelven cuando te enteras de que si, de que finalmente vas a poder estudiar lo que querías.

La nota que tengo o mejor dicho, que he conseguido, no me da absolutas garantías de que vaya entrar en la carrera que quiero (periodismo, para que os enteréis), pero sí que he visto en las notas de corte del año pasado, que en algunas universidades, es bastante factible que pueda entrar.

Dejando a un lado el tema "notas", quiero comentar que el hecho de que haya aprobado la Selectividad no significa nada en sí, ya que no me garantiza entrar en ninguna carrera pero, personalmente, esto prueba de una vez por todas que puedo conseguir lo que verdaderamente me proponga.
Por último, también quiero señalar que esto supone una inyección de moral de cara a los próximos años de mi vida, pues el hecho de conseguir todo lo que me proponga convierte en factible cualquier supuesto.

Por hoy no tengo que añadir nada más. Perdón por ser tan egoísta en esta entrada, pero disculpadme, lo necesitaba. Paz y amor.

domingo, 19 de junio de 2011

Parecido a Stravinsky.

¡Hola a todos! La verdad es que estoy bastante nervioso por saber las notas de la Selectividad, que salen este próximo miércoles 22 pero, estoy intento dejar éste hecho al margen distrayéndome mientras leo, monto en bici, hago footing, duermo un poco más o, simplemente viendo la televisión. Y ésta última acción es la base de esta entrada.

La publicidad en la televisión es aquel espacio en donde las empresas muestran al público el producto que venden. Para ello, lo realizan utilizando múltiples recursos que captan la atención del espectador. Uno de estos anuncios, en el que un coche es promocionado, lo protagoniza un compositor de música: El ilustre Ígor Stravinsky.

En este anuncio, se puede apreciar la supina perfección del compositor, ya que, a cada minúsculo fallo, ordenaba siempre repetir la pieza que estuvieran interpretando. La marca de coches se adapta perfectamente al contexto del anuncio, demostrando así la misma perfección que Stravinsky.

Además, al final del anuncio, aparece la siguiente frase: “Si algo se puede hacer mejor, hagámoslo mejor". Y la verdad es que éste anuncio tiene mucha razón pues, no debemos hacer las cosas por hacerlas, sino por el afán de superación, por el hacer las cosas cada día mejor. Porque si no, decidme: Si no hay que hacer las cosas mejor, ¿hay que hacerlas peor, o simplemente, hacerlas?

Yo, como Stravinsky, siempre intento hacer las cosas mejor porque para hacerlas igual o peor, ni me molesto en intentarlo.

Paz y amor para todos.

martes, 7 de junio de 2011

Y todo estaba tal y como lo dejé.

Querido lector asiduo: Como habrás podido notar, el registro de nuevas entradas no ha sufrido variaciones en casi, los últimos 2 meses. Todo en ésta vida tiene un explicación y ésta circunstancia, no iba a ser menos.

Los exámenes finales y la Selectividad me han robado todo el tiempo que tenía pero hoy, he terminado los exámenes de Selectividad (con muy buenas sensaciones, por cierto), así que, desde hoy comienza a correr de nuevo el contador de entradas en éste blog.

Bienvenido de nuevo y como dice éste propio blog: Ponte cómodo, pronto habrá nuevas creaciones.

Paz y amor.

jueves, 14 de abril de 2011

Cómplices. (Parte 2)

Durante un tiempo, Manuel no supo nada de la joven. Durante los primeros días no la echó en falta, porque pensaba que estaba cogiendo el anterior o el posterior autobús al que él iba, pero durante los siguientes días, empezó a echarla de menos, y eso que no tenía ninguna relación con ella porque ni siquiera sabía su nombre.

Con el paso del tiempo, la puntualidad que poco a poco Manuel iba adquiriendo debido a aquella chica, se fue esfumando. De nuevo, salía a destiempo y llegaba deprisa y corriendo a aquel autobús. Poco a poco, fue perdiendo la esperanza de volver a verla, pero sin embargo, no cedió en su empeño de buscarla, ya que incluso salía antes de su casa para coger el autobús de antes. Tan pronto salía de casa, que cuando llegaba a su instituto, se encontraba con las puertas cerradas y solía esperar grandes ratos hasta que se abrieran las puertas. Y esto, para Manuel, era una gran aberración, puesto que él detestaba esperar. Como punto extremo, un par de días llegó tarde a las clases, porque cogía el autobús siguiente por si aquella chica había cambiado la hora del autobús.
En uno de sus solitarios viajes, sin la compañía indirecta de la chica, hizo una introspección y mantuvo un diálogo consigo mismo, con su otro yo: -Quizás la asusté mirándola tanto-, pensó más de una vez hacia sus adentros un Manuel bastante preocupado. Y eso que aún no sabía su nombre.

Sin embargo, cuando más había evitado recordarla, de repente, la joven, cierto día apareció. Llevaba días soñando con volverla a ver. Ya todas las chicas del instituto le parecían iguales y eso que apenas mantenía relación con ella. Aunque no había conseguido ni siquiera hablar con ella, le resultaba la más especial, la más distinta, la más bella y la más perfecta chica que jamás había visto.
Por otra parte, Manuel sentía que no era momento de quedarse quieto contemplando aquellos ojos y esa preciosa sonrisa, así que, en un día corriente, en los que nunca suele pasar nada en la vida de Manuel, se armó de valor y, a apenas dos asientos de la joven, cedió su asiento a una anciana que parecía fatigada con el simple hecho de permanecer de pie. La joven, al ver el noble acto de Manuel, esbozó una leve sonrisa y un gesto claro de aprobación, como si estuviera dando el visto bueno a la acción de Manuel.
Mientras tanto, Manuel a lo suyo, con otra de sus típicas introspecciones, intentó elaborar un diálogo para romper el hielo con la joven. Que más que un hielo, parecía un iceberg, como aquel que sesgó el Titanic.
-¿Fumas? ¡Pero qué dices Manuel! ¿Eres imbécil? ¡Si ni siquiera fumas ni tienes un cigarro para ofrecerla! Si esto es lo mejor que tienes, vamos mal-, pensó para sus adentros.

Por suerte, la chica estaba embobada mirando a la ventana, pero parecía agobiada por la mirada penetrante de Manuel, sintiendo que alguien la estaba invadiendo su espacio vital. Sin embargo y esta vez, le gustaba que aquel chico se fijase en ella y que le sonriese. En ese momento, una chispa surgió dentro de la joven.

Nada más por hoy, sólo dar las gracias a Ivy por ayudarme a componer la historia. Paz y amor.

miércoles, 6 de abril de 2011

Cómplices. (Parte 1)

Manuel era un muchacho joven, agradable y tímido, pero bastante divertido cuando se sentía a gusto con la gente que estaba a su alrededor. Tenía siempre la manía de llegar tarde a todos los sitios. Y no importaba si se planificaba el tiempo, ya resultara por cualquier causa, que siempre tenía que excusarse por haber llegado tarde.
Manuel, que cursaba 2º de Bachillerato, necesitaba de un autobús para llegar a su instituto todas las mañanas. Como ya he dicho anteriormente, Manuel era muy impuntual, por lo que os podéis imaginar cómo cogía el autobús todas las mañanas: deprisa y corriendo.

Cuando llegaba el autobús que precisaba coger, que por cierto, tenía calculada su llegada, lo cual hace más reprochable su actitud, siempre lo cogía deprisa y corriendo. Decía que era una tontería estar esperando mientras llovía, se asaba de calor o se moría de frío.
Manuel llegaba exhausto y jadeando, picaba el billete y se colocaba en el mismo lugar todas las mañanas: Siempre de pie cerca de la puerta. Decía que se colocaba ahí para cuando tuviera que bajar, no hubiera nadie que le cortara el paso hacia la salida.

Un día corriente en el que llegó al autobús sin respiración, mientras recuperaba el aliento y el autobús reemprendía la marcha, se fijó en una chica que no dejaba de mirar por la ventana del autobús. La joven, que subía al autobús 3 paradas antes que él, siempre tomaba asiento en el mismo lugar: segunda fila tras la puerta de salida, siempre en el lado de la ventana para poder mirar tras ella.
Cuando Manuel la miró, ella debió de sentir algo, probablemente que alguien la estaba mirando. Apartó la vista de la ventana y le miró. Era guapísima. Él apartó la mirada velozmente porque se moría de la vergüenza.
Cuando llegó a su parada y se bajó del autobús, esbozó una leve sonrisa que demostraba que algo había ocurrido, porque pocas veces agachaba la cabeza y se moría de la vergüenza ante una persona desconocida.

Al día siguiente, Manuel estuvo esperando al autobús, algo insólito en él, pero lo hizo con un objetivo: concienciarse de que no podía ser vergonzoso. Entonces, llegó el autobús. Ya antes de subir, él se percató de que la chica estaba en el mismo lugar de siempre: segunda fila tras la puerta de salida en el lado de la ventana.
Al subir al autobús, Manuel parecía un chico fuerte en sus convicciones, obligado a mantener el tipo ante la chica, pero no pudo hacerlo. La volvió a mirar. Volvió a pasar vergüenza, aunque esta vez era diferente: ella también sentía vergüenza, esgrimiendo una leve sonrisa tras mirarle.

Continuará. Paz y amor.

sábado, 5 de marzo de 2011

¿Cuándo una relación se ha roto?

Si no lo digo reviento. Este cuento lo contó el escritor Jorge Bucay. Yo sólo lo he readaptado. Por tanto, copyright Jorge Bucay.

Había una vez una princesa que quería elegir un novio que fuera digno de ella, que la amase verdaderamente.
Únicamente, la princesa puso una condición: Ésta elegiría al novio entre todos aquellos que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro del palacio donde ella vivía.

Se presentaron miles de pretendientes. Pero claro, al primer temporal de frío, la mitad se fue. Cuando empezó el duro y angosto verano, se fue la mitad de la mitad que quedaba. Cuando dejó de haber comida, la mitad de la mitad, de la mitad que quedaba, también se fue.

Cuando llegó el mes de Diciembre y otra vez volvieron los duros fríos, había quedado solamente un joven. Todos los demás se fueron cansados y desesperados pensando que ninguna espera tan dura, valdría el amor de ninguna mujer.

Solamente un joven, que había adorado a la princesa desde siempre, se había quedado allí, anclado a ese muro del palacio esperando pacientemente a que pasaran los 365 días. La princesa vio que, cuando este muchacho se había quedado durante tanto tiempo por ella, empezó a mirarle con otros ojos, pensando que ese hombre la quería de verdad.

En el mes de Octubre, la princesa espió al joven. En Noviembre pasó delante suya sin él saberlo. En Diciembre, se vistió de campesina para dejarle un poco de agua y comida. La princesa, vestida de campesina, le miró a los ojos y se dio cuenta de su mirada sincera. Entonces, le comentó a su padre, que era el rey del lugar: -Papá, creo que finalmente, ya sé con quién me voy a casar. Tendrás bellos nietos-.
El rey, muy contento por la noticia, había empezado a organizar todos los preparativos para la boda.

También hizo saber a toda la guardia, que el 1 de Enero del año siguiente, cuando se cumplieran los 365 días completos, llamaran al joven para comunicarle que el rey en persona, quería hablar con él. Todo estaba preparado y el pueblo se encontraba muy feliz ante el enlace.

Pero el 31 de Diciembre, justo antes de cumplirse el año entero, después de haber pasado 364 noches pegado al muro del palacio, el joven se levantó y se fue, no pudo así quedarse a cumplir todo el tiempo que la princesa demandó.

El joven, fue hasta su casa para ver a su madre. Ante la sorpresa de encontrarle allí, le preguntó al joven: Hijo mío, si tanto querías a la princesa, estando 364 noches, a falta de un día te vas, ¿qué te pasó, no pudiste aguantar un día más?-. El joven le contestó:

-Sabes mamá, me enteré que la princesa me había visto. Me enteré que me había elegido a mí. Me enteré que le dijo a su padre que se iba a casar conmigo y, a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de frío, de calor o muerto de hambre.
Pudiendo hacerlo, ¿por qué no pudo evitarme una sola noche de sufrimiento? Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento, no merece de mi amor, ¿verdad mamá?-.

Cuando estás una relación, y te das cuenta, que pudiendo evitarte una migaja de sufrimiento, el otro no lo hace, es porque todo se ha terminado.

sábado, 15 de enero de 2011

Castillo de naipes.

Paloma e Ignacio eran compañeros de clase, y lo habían sido además, durante muchos años. Un día, Ignacio notó algo en Paloma, algo especial, algo diferente.

Él se quedo sorprendido, porque consideraba a Paloma como una persona importante en su vida, sin llegar a ser nada, ni siquiera amigos, porque sólo coincidían en la clase. No quedaban por las tardes, ni coincidían en ningún sitio que no estuviera relacionado con el colegio.

Ignacio habló con su mejor amigo, ese que siempre le aconsejaba sobre los temas más peliagudos de su vida. Para él, resultaba un apoyo esencial en su vida, porque no tenía a nadie a la que contar todos los problemas e inquietudes que iba teniendo a lo largo de su vida.

Martín le recomendó que esperara, que no fuera deprisa y corriendo, que sabía de gente que por mucho correr, pronto paró. Ignacio escuchaba atentamente a Martín, como si de un abuelo contando una historieta a su nieto se tratara. Al final de la conversación, Ignacio se quedó satisfecho y convencido de que esperar era lo que debía hacer.

Teóricamente debía esperar, pero su corazón pisaba cada vez con más fuerza el pedal del acelerador del amor. Ya no podía más. Cada día, se sentía desbordado por la belleza de la joven, su simpatía, su aroma, su alegría, pero sobre todo, por su sentido del humor. Ignacio no se lo explicaba, pero todos los días, Paloma hacía reír a Ignacio.

Si Ignacio no se lo explicaba, yo tampoco. Se reía de unas cosas tan absurdas, que me daban ganas de coger a Ignacio por las solapas, darle en la cara y reanimarle, porque parecía inconsciente. Emocionalmente, claro.

Ignacio entonces, cometió la mayor estupidez del mundo mundial, universal, galáctico y catedralicio de todos los tiempos: Contar todo lo que le estaba sucediendo, a una chica. Pero el error no acaba ahí. El remate final del error fue que Ignacio se lo contó a su amiga. El no sabía que Paloma y la chica esta fueran tan amigas, pero lo eran. E Ignacio la fastidió, pero a base de bien.

Al principio, Ignacio se sintió híper-aliviado, por aquello de soltar todo lo que tenía adentro, pero nada más lejos de la realidad. Las circunstancias se volvieron contra él cual boomerang que vuelve para darte en los morros.

La actitud de Paloma entonces, se volvió más que fría, gélida, antártica, polar..., y se me acaban los adjetivos que indiquen frío.

Paloma e Ignacio ya no iban juntos a clase, como hacían cada mañana, no se juntaban en el recreo para hablar, es más, ni se hablaban. Ignacio se sentía fatal, por no haber hecho caso a su amigo Martín, pero sabía que debía correr algún tipo de riesgo con el afán de conseguir a esa muchacha. Al fin y al cabo, todo el mundo, alguna vez en su vida debe cometer riesgos.

El martirio de Ignacio no acaba aquí. Una tarde, a la salida del instituto, se dio el gustazo de caminar por un parque que colindaba a su casa, aprovechando que ya Paloma no iba con él, podía dar un tranquilo paseo mientras escuchaba música con aquellos cascos gigantes que le hacían evadirse del mundo.

Fue entonces cuando, a lo lejos, Ignacio se fijó en aquel banco donde solía hablar con Paloma durante horas. A veces hablaban de algo, y a veces de nada, pero hablaban.
Ignacio se percató de que había una pareja y la chica, llevaba el mismo abrigo que Paloma.
-Anda que si es Paloma, no sé donde me voy a meter-, se dijo a sí mismo Ignacio.
Pues sí, aparte de ser Paloma, estaba con un chico. Y sí, estaban besándose.

Triple decepción para Ignacio que, de acuerdo, no tenía nada con Paloma, pero él sentía que alguien le había quitado algo que, en algún momento, pudo ser suyo.

Nada más por hoy. Sed buenos. Paz y amor.

lunes, 3 de enero de 2011

Siempre estará ahi.

Hola a todos. Parece que este nuevo año me ha sentado de maravilla, porque otra vez estoy escribiendo, aunque sea en horas no muy tempestivas.

He estado reflexionando (y cuándo no), y me he puesto a pensar si en verdad sabemos que es cada cosa, porque muchas veces veo que la gente no sabe qué es la felicidad, el amor, o retrocediendo a conceptos más simples, un amigo.

Porque, ¿qué es un amigo?

Si somos capaces de dar una definición aproximada del término, podríamos decir que un amigo es aquella persona que está contigo siempre, en las duras y en las maduras, apoyándote incansablemente. Es aquel que se alegra con tus triunfos y se entristece por tus derrotas.

Un amigo es alguien a quien siempre puedes llamar, sea la hora que sea, para contarle que te sientes mal, y éste, no te colgará el teléfono. Un amigo siempre te escucha, aunque le aburra la sarta de chorradas que le estés contando, pero siempre estará dispuesto a aconsejarte, dando su más sincera opinión.

Un buen amigo no siente envidia de ti ni trata de hacerte quedar mal, sino todo lo contrario, trata de elogiarte y engrandecerte siempre, aquel con quien aprendes a comunicarte aún sin hablar, solo con un gesto o una mirada.
Un verdadero amigo sabe cómo actuar contigo en las situaciones más difíciles, cuando nadie te soporta porque estás inaguantable, el buen amigo, te comprende y se compadece de ti.

No te busca o es tu amigo solo por lo que puedes darle o por interés, sino porque gusta de tu compañía y se siente bien a tu lado, pero de verdad. Un amigo es quien a pesar de conocerte bien, te acepta y aprecia tal cual eres.

Si has encontrado a un buen amigo, cuídalo bien, porque es el mayor tesoro que jamás podrás tener.

Porque habrá muchas ocasiones a lo largo de tu vida en las que te sentirás solo, sin ganas de nada y sin fuerzas para seguir luchando. Seguro.

Pero lo que deberás hacer es reflexionar fríamente y pensar que, aunque creas que estás solo en la vida y sin nadie que te pueda apoyar, siempre, repito siempre, habrá una persona capaz de escucharte, animarte y darte el empujoncito que necesitas para seguir adelante: Tu amigo.

Nada más por hoy. Paz y amor.

sábado, 1 de enero de 2011

¿Hacer por hacer?

Hola a todos. Aprovecho para desearos un feliz año 2011 y, alejándome del topico de que “se hagan realidad todos vuestros deseos”, espero que, al menos, no vayamos a peor, que según cómo está el mundo, no es poco lo que pedimos.

Cambio de año, cambio de década, cambio de todo. Hoy estoy refranero, asi que, perdonadme si abuso de ellos, pero hoy para mí, todos los refranes tienen sentido.
Mi padre, con gran razón, siempre suele decir que “las cosas bien hechas, bien parecen”. Simplemente, este refran me encanta.

Sí, lo admito. Soy un perfeccionista. Me encanta que todo esté perfecto. Si algo falla, hay algo por dentro que me reconcome. Por tanto, el refrán que acabo de mencionar me viene “al pelo” para contar cosillas.

Hay mucha gente que, bien por desgana, bien por pasotismo, bien por su forma de ser, les encanta hacer las cosas a medias, como decía un gran profesor que tuve, “sin profundidad”. No buscan el hacerlo bien, sino simplemente, el hacerlo. Y que conste que yo lo respeto, pero obligatoriamente, y atendiendo a mi forma de ser, no puedo compartirlo.

Muchas veces, las circunstancias te obligan a hacer las cosas deprisa y mal, pero sólo ocasionalmente, no constantemente, por lo que siempre tienes oportunidad de hacerlo mejor, pero nunca se hace porque no se puede, no se quiere o, vete tú a saber porqué.
Entono el “mea culpa”. Asumo que, en algún momento del pasado haya hecho cosas por hacerlas o sin pensar, pero aprovecho este nuevo año que acaba de comenzar para hacer propósito de enmienda y como dice el refrán: “Año nuevo, vida nueva”.

Voy a hacer las cosas dando lo mejor de mí. SIEMPRE. Queda dicho.

Nada más que añadir. Feliz año a todos, otra vez. Paz y amor.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Saber mirar.

Mucho madrugar, poco descansar, levantarse rápido, ducharse a toda pastilla, desayunar poco y mal, vestirse deprisa y corriendo y salir de casa pitando. Éste era el día a día de Juan, un joven inteligente y cauto, que vivía a toda prisa, llegando tarde a todos los sitios, con una excusa para cualquier circunstancia contraria a él.

El justo contrario era Ana, una joven que dominaba todos los aspectos que acaecían en su vida. Llegaba siempre puntual a todos los sitios, de cualquier circunstancia adversa veía su lado positivo y trataba siempre de estar perfecta tanto en el vestir como en el maquillarse.

Juan y Ana eran dos amigos que se conocían desde la infancia. Se compenetraban a la perfección. Con una simple mirada, uno podía saber qué le pasaba al otro, en qué estaba pensando o qué quería en ese justo momento.
A ambos les agradaban, prácticamente, las mismas cosas: Ver una película con una bolsa de chucherías, tener una buena conversación con la persona que se prestara para la ocasión o, simplemente, dar largos paseos por el parque más conocido de la ciudad.

En otro de los múltiples paseos que daban, llegaron a una cafetería. Juan miró a Ana.
-¿Entramos? Tengo algo de sed y me gustaría sentarme un rato, que mis pies están cansados-, dijo Ana con esa cara de buena chica que ponía siempre que quería conseguir algo de Juan.
Al entrar en la cafetería, se sentaron en la última y más alejada mesa del local, destinada únicamente a 2 personas.

El camarero tardó un rato en venir para tomarles nota. Mientras tanto, Juan y Ana estuvieron charlando sobre las carreras que podían escoger al hacer la Selectividad.
En el momento que Ana dijo que le encantaría hacer Biología, el camarero se acercó y les dijo:
-Hola chicos, ¿qué queréis tomar?-.
Rápidamente, Juan se desmarcó y habló por los dos:
-Dos “fantas” de naranja, por favor-, dijo educadamente al camarero.
Ana continuó hablando de las ventajas que tenía estudiar biología, mientras Juan la escuchaba atentamente.

El camarero llegó entonces para servir a los jóvenes. 2 “fantas” de naranja y un pequeño platito de patatas fritas.
Fue entonces cuando Juan empezó a meterse, de forma cariñosa, con Ana, diciéndola que no se había peinado bien el pelo, que no conocía la ciudad o que no sabía escribir tan bien como lo hacía él.

De repente, Juan miró a Ana. Vio en esos ojos azules, propios de unos dibujos animados, algo que nunca antes había visto. Ana entonces, vio lo mismo en los verdes ojos de Juan.

Sus respectivos corazones empezaron a palpitar apresuradamente, porque habían captado algo que jamás habían captado: Algo más que una amistad.

Gente, nada más por hoy. Paz y amor.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Inventos "genuinos".

El Estado del Bienestar se creó con el afán de mejorar la calidad de vida de las personas, aumentando su tiempo libre.

El teléfono móvil e Internet son dos servicios que se crearon para desarrollar una mayor comunicación entre las personas. El teléfono móvil se inventó para que una persona estuviera siempre localizada. Internet fue creado con el objetivo de poder establecer una comunicación con alguna persona geográficamente inaccesible.

No hace muchos años si querías quedar con tus amigos, debías llamarlos a su casa uno por uno, esperando que cogiera el teléfono tu amigo, pero quien terminaba cogiéndolo era su padre, su madre, su abuela o su hermana pequeña. Para ello debías decir quien eras, preguntar qué tal estaba y después, que te hiciera el favor de pasar el teléfono a tu amigo.

Si necesitabas hacer un trabajo grupal para el colegio debías, además de llamarlos uno a uno, con lo que anteriormente he dicho que suponía, quedar una tarde, todos en una casa y hacer el trabajo. Ojo, y no contamos con que alguna persona tuviera fútbol/karate/natación/añadir actividad extraescolar.

Si por ejemplo, te gustaba una chica, rezabas cada día por volver a verla, y, en un heroico acto, conseguir su teléfono para, algún día, si tu ritmo cardíaco descendía algún momento, llamarla por teléfono para intentar quedar con ella.
El inconveniente viene ahora: ¿Qué pasa si eres un tipo híper/mega/súper/añadir superlativo-tímido? No podías decirle nada a cara. No sabrías. No podrías.
No importa. El mundo no se ha acabado por ser tímido. Antes de crearse Internet y el teléfono móvil, muchas personas tímidas, han logrado hablar con la chica que les gustaba, quedar con ella y, fíjate tú, ahora son sus mujeres.

El teléfono móvil nos ha hecho totalmente dependientes. Muchos ejecutivos afirman que sin su teléfono móvil no son nada. Me dan ganas de reírme y de enseñarles vídeos de empresarios de 1950, cuando todos los informes se hacían a mano y las llamadas telefónicas eran una misión imposible.

Los SMS, otro tanto de lo mismo. Por los SMS somos capaces de decir lo que sea a quien sea. Muchas relaciones sentimentales se han fraguado entorno a éste servicio de mensajería. Resulta muy útil en personas extremadamente tímidas, pero, incluso yo, que soy súper tímido lo valoro negativamente, ya que quita una pieza angular de las emociones de las personas.
Por eso, lejos de alcanzar el máximo estatus en el Estado del Bienestar, se ha dado un salto cualitativo, sí, pero hacia atrás. Ahora es todo mucho más fácil (según se mire).

Si vemos a una persona, ya no le pedimos su teléfono. Pedimos su Tuenti, y ahí se entabla conversación. Se habla a un monitor. ¿Dónde quedaron los nervios de hablar en persona? Ahora todos somos muy valientes, eso sí, detrás de una pantalla. Y lo critico incluyéndome porque yo soy el tipo más tímido que te puedas encontrar. Internet ayuda, eso es indiscutible, pero ¿a qué precio? A la pérdida de la esencia mágica del sentimiento más fuerte del mundo: El amor.

Nada más por hoy. Paz y amor.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Compañeros.

-Cómo me gusta ir a clase-.

Ésas fueron las palabras de Dani, que me contaba con gran detalle cómo, poco a poco, se empezó a enamorar de su compañera de clase. No lo podía evitar, siempre echaba una mirada a aquella joven rubia de ojos claros. Paloma se llamaba.
Dani tenía al fin, una razón por la que levantarse todos los días a las 7 de la mañana. La verdad es que ella, aparentemente, no mostraba ningún detalle hacia él. Pero sólo aparentemente.

Dani aún no había dicho nada de éste tema a nadie, salvo a mí, por lo que debía sentirme afortunado.
Es un chico muy observador, demasiado diría yo, ya que muchas veces, por observar demasiado, se ha equivocado. Y no es porque yo no le haya dicho nada, simplemente, es un cabezota.

El otro día, vino a mi clase, ya que Dani y yo estamos en clases separadas, y me dijo súper alegre: -Tío, reconócelo, es guapísima-. Yo no le presté mucha atención, porque muchas veces me comentaba cosas sobre Paloma, hasta llegar al punto en el que yo no le hago ni caso, pero hoy era diferente.

En el siguiente cambio de clase, supe que Paloma se delató a sí misma: Había dicho a su amiga -que resulta que también es mi amiga-, que Dani era bastante majo y guapo. Yo no quise decir nada a Dani, no fuera a ser que le diera un soponcio con tan genial noticia, por lo que decidí no comentarle nada y dejar que él lo averiguara por sí mismo. Tras saber los sentimientos de ambos, ya entendía todo.
Entendí porque Dani se bajaba una parada después de la que debería.
Comprendí porque Paloma me preguntaba a menudo si Dani tenía novia.

A los pocos días, Dani se enteró de los sentimientos de Paloma hacia él, por lo que ambos decidieron quedar. Al saber que iban a quedar ese mismo viernes, hablé con Dani y le pregunté si no se estaba precipitando, ya que no era la primera vez que pasaba algo similar y al final, se equivocaba.
-No, no me estoy precipitando. Y si, puede que no la conozca mucho, pero no sé tío, siento algo muy fuerte, muchísimo más que con las otras con que he estado-. Me contestó Dani rebosante de sinceridad.
Se le veía muy nervioso, pero a la vez tranquilo, porque esperaba que esa fuera una gran tarde.

Al día siguiente, me llamó por teléfono y me comentó que lo pasó genial con ella, rieron, pasaron frío, corrieron juntos para coger el bus, merendaron juntos y una infinidad de cosas más.

Me dijo que ese fue el mejor día de su vida. El día en el que empezó, otra vez, a creer en el amor.